LA COSA DE MARTE – EL VISITANTE

LA COSA DE MARTE – EL VISITANTE

Tito

24/03/2026

LA COSA DE MARTE – EL VISITANTE 

Tierra, Centro Espacial CNSA — 12 de marzo, 2044

Misión Tianwen-3 (Retorno)

Comandante: Wei Chen

PARTE I: DESCUBRIMIENTO

Marte, Cráter Utopia Planitia — 3 de noviembre, 2043

La cueva era perfecta. Demasiado perfecta.

El comandante Wei Chen lo pensó mientras descendía por el conducto de lava, sus botas hundiéndose en la arena roja. Detrás de él, la ingeniera Liu Mei y el geólogo Zhang Wei. Tres astronautas de la CNSA. La primera misión tripulada china a Marte. El orgullo de una nación.

“Cámaras activas”, dijo Wei al canal. “Registrando todo.”

Avanzaron hasta el fondo. Y allí, bajo un montículo de polvo milenario, lo encontraron.

No era chino. Era soviético.

El traje Berkut, blanco amarillento, con la hoz y el martillo aún visibles. La placa decía И. КОСТАДИНОВ. CCCP. En el brazo, una banda con letras pintadas: COLONIZACIÓN MARTE — 1965.

Zhang Wei soltó una risa nerviosa. “¿Una broma? ¿Los soviéticos en el 65? No tenían tecnología ni para llegar a la Luna.”

Wei no rio. Se arrodilló junto al cuerpo. Algo le inquietaba. La posición. De rodillas, arqueado, la cabeza hacia atrás. Como si hubiera estado mirando al techo.

Wei alzó su linterna.

Los arañazos cubrían la roca a tres metros de altura. Espirales imposibles, ángulos que no deberían existir. Dolían al mirarlos. Wei apartó la vista.

“Comandante…” La voz de Liu Mei llegó desde el fondo. “Tiene que ver esto.”

Wei avanzó. La cueva se abría en una cámara más amplia. En el centro, una membrana negra absorbía la luz. Del tamaño de un módulo de aterrizaje, con filamentos fundidos en la roca. En su base, medio digerida, la cápsula soviética.

“¿Qué es esto?” susurró Zhang.

Wei no respondió. Su instinto le decía que salieran. Que sellaran la cueva. Que nunca volvieran.

Pero era la primera misión china a Marte. No podía regresar con las manos vacías.

“Tomemos muestras”, ordenó. “Rocas, polvo, fragmentos de la cápsula. Nada de la membrana. No la toquen.”

Liu Mei obedeció. Se acercó a la membrana con su escáner. Demasiado cerca.

El filamento se movió.

Fue rápido. Un latigazo negro que envolvió el brazo de Liu antes de que pudiera gritar. Wei y Zhang corrieron hacia ella, pero ya era tarde. La sustancia se retiró, dejando el brazo del traje vacío, colapsado. Dentro, no había nada. El brazo de Liu Mei simplemente… había desaparecido.

Ella cayó de rodillas, mirando su muñón con ojos desorbitados. No sangraba. El filamento había sellado la herida con una membrana negra que palpitaba suavemente.

“Sácame de aquí”, gimió Liu. “Por favor, sácame de aquí.”

Wei la levantó. Corrieron. La cueva parecía cerrarse a su alrededor, los arañazos en las paredes vibrando como si estuvieran vivos. Detrás de ellos, un sonido. Un crujido húmedo. Y una risa que no era humana.

Llegaron al módulo. Despegaron. La cueva se hizo pequeña bajo ellos.

Pero Wei no podía dejar de mirar el brazo de Liu. La membrana negra que cubría su muñón había comenzado a extenderse. Lenta. Imperceptible. Subiendo por su hombro.

PARTE II: EL VIAJE DE REGRESO

Trayectoria Tierra-Marte — 12 de noviembre, 2043

Liu Mei dejó de comer al tercer día.

“No tengo hambre”, decía. Pero sus ojos seguían a Wei y a Zhang cuando ellos comían. Los miraba como si ellos fueran la comida.

La membrana negra ahora cubría todo su hombro izquierdo y parte del cuello. Wei la había aislado en el módulo de carga, pero las cámaras mostraban algo peor. Por las noches, cuando ella creía que dormían, Liu Mei hablaba. No en mandarín. En ruso.

“Открой дверь.” — Abre la puerta.

Wei no entendía el idioma, pero algo en su tono le helaba la sangre.

Al séptimo día, Zhang Wei amaneció con los ojos inyectados en sangre. No recordaba haberse levantado en la noche. Pero sus manos tenían moretones en forma de dedos.

“No fui yo”, dijo Zhang, temblando. “No fui yo, comandante. Ella… ella viene a verme. Me susurra cosas. Me dice que la Tierra es un lugar hermoso. Que hay mucha comida.”

Wei ordenó a Zhang que no se acercara a Liu. Pero la nave era pequeña. No había dónde esconderse.

Al décimo día, Wei encontró a Zhang de pie frente a la escotilla del módulo de carga. Su mano estaba sobre el panel de desbloqueo.

“¿Qué haces?”

Zhang se giró lentamente. Su rostro estaba pálido, demacrado. Pero sus ojos… sus ojos ya no eran suyos. Eran dos pozos negros que reflejaban la luz de las estrellas.

“Ella tiene hambre, comandante. Hemos viajado muy lejos. Ella ha esperado mucho. Solo quiere comer.”

Wei apartó a Zhang del panel. Lo ató a su litera con correas de sujeción. Pasó el resto del viaje con los ojos fijos en la escotilla, una herramienta en la mano, escuchando los susurros que salían del módulo de carga.

“Домой. Домой. Домой.”

Casa. Casa. Casa.

PARTE III: CUARENTENA

Centro Espacial CNSA, Mongolia Interior — 12 de marzo, 2044

La cápsula de retorno cayó en la estepa. El equipo de recuperación encontró a Wei Chen fuera de ella, de pie en la nieve, con el traje sellado pero con la visera rota. Su cara estaba congelada, pero sus ojos estaban abiertos. No parpadeaban.

Dentro de la cápsula, encontraron a Zhang Wei. Estaba muerto. Su cuerpo estaba intacto, pero su boca estaba abierta en un grito que nadie había escuchado. Y en sus manos, tenía escrito en la piel con uñas algo que nadie podía leer.

Cirílico.

Liu Mei no estaba en la cápsula.

El protocolo de cuarentena se activó en treinta segundos. Wei Chen fue trasladado a una instalación subterránea sellada, a cincuenta metros bajo tierra. Celdas de aislamiento biológico nivel 5. Personal con trajes herméticos. Comunicación por vidrio blindado.

Los primeros días, Wei no hablaba. Solo miraba la pared. Los médicos notaron que su temperatura corporal era de 35.2 grados, demasiado baja. Sus ojos habían adquirido un tono rojizo en el iris.

Al séptimo día, habló.

“No estamos solos”, dijo. Su voz era plana, sin emoción. “No en Marte. Aquí. Ella vino con nosotros.”

“¿Quién, comandante? ¿Liu Mei?”

Wei negó lentamente. “Liu Mei murió en la cueva. Lo que regresó con nosotros… no era Liu Mei. Era algo que llevaba dentro. Algo que esperaba. Algo que nos usó para llegar a un lugar con más comida.”

Los médicos intercambiaron miradas. El psiquiatra anotó: “Posible trastorno de estrés postraumático con síntomas psicóticos”.

Al décimo día, las cámaras de la instalación captaron algo que nadie pudo explicar.

Wei Chen estaba de pie en su celda, de espaldas a la cámara. Sus manos estaban apoyadas en la pared de vidrio blindado. Y en el vidrio, del lado de él, algo estaba escrito.

No con tiza. No con sangre. Era como si las moléculas del vidrio se hubieran reordenado para formar las letras.

Cirílico.

El traductor de inteligencia lo confirmó: “ДОМОЙ. Я ГОЛОДЕН.”

Casa. Tengo hambre.

Al día siguiente, el personal de limpieza encontró la celda vacía. Las puertas estaban selladas. Los sistemas de seguridad no registraron ninguna apertura. Wei Chen había desaparecido.

Pero en la pared de vidrio, ahora había más palabras. Ocupaban toda la superficie. Un mensaje largo, escrito desde adentro, en cirílico perfecto:

“LA PRIMERA PUERTA ERA MARTE. USTEDES LA ABRIERON. LA SEGUNDA PUERTA ES LA TIERRA. YO LA HE ABIERTO. AHORA VIENEN MÁS. NO PUEDEN CERRAR LO QUE NUNCA SUPIERON QUE ESTABA ABIERTO.”

PARTE IV: ACTUALIDAD

Archivo Clasificado — CNSA / NASA / Roscosmos — 2047-2052

La desaparición de Wei Chen fue silenciada. La misión Tianwen-3 fue declarada como “éxito parcial con pérdida de tripulación”. China canceló silenciosamente su programa tripulado a Marte.

Pero los satélites de vigilancia detectaron algo.

En los tres años siguientes, hubo 147 desapariciones no resueltas en un radio de 200 kilómetros alrededor de la instalación de cuarentena. Personas que salían de noche y no volvían. Animales encontrados muertos con marcas de arañazos imposibles. Y en cada escena, una palabra escrita en cirílico:

ГОЛОД — Hambre.

En 2047, la NASA envió la misión Perseverance-III a Marte. Encontraron la cueva. Encontraron a Kostadinov. Encontraron la membrana. No encontraron a Liu Mei. Pero encontraron dos trajes chinos vacíos junto a la membrana.

Los chinos ya habían estado allí. Y la cosa ya había comido.

En 2052, Roscosmos envió la misión Rojo Zarya. Encontraron a Kostadinov. Encontraron los trajes americanos de 2047. Y encontraron algo más.

Una palabra grabada en la roca, fresca, nueva, escrita desde dentro de la cueva:

СКОРО — Pronto.

EPÍLOGO

Informe Conjunto CNSA-NASA-Roscosmos — Nivel de Clasificación: MÁXIMO

“Se confirma que la anomalía designada ‘KOSTADINOV’ es una entidad biológica no terrestre de naturaleza parasitaria/absorbente. Se confirma que al menos tres misiones tripuladas (China 2043, Estados Unidos 2047, Rusia 2052) han tenido contacto con la entidad. Se confirma que en al menos una de ellas (China 2043), el agente patógeno logró el retorno a la Tierra.

El paradero del comandante Wei Chen sigue siendo desconocido. Los 147 casos de desaparición en Mongolia Interior siguen sin explicación. Las palabras en cirílico siguen apareciendo en ubicaciones aleatorias del planeta, siempre con el mismo mensaje:

‘Tengo hambre. Ya estoy aquí. Pronto vendrán más.’

Se recomienda la suspensión indefinida de toda exploración tripulada a Marte. Se recomienda la vigilancia continua de todos los puntos de entrada orbital. Se recomienda no responder bajo ninguna circunstancia a transmisiones de origen desconocido.”

— Firmado: Directores Conjuntos, Programa de Defensa Planetaria, 2053

En los archivos sellados del Kremlin, la NASA y la CNSA, hay una última imagen. Es de un satélite en órbita terrestre baja, capturada tres semanas después del retorno de la misión rusa.

Muestra la instalación de cuarentena en Mongolia Interior. Las luces están apagadas. Las puertas están abiertas.

Y en el techo, alguien ha escrito con algo que brilla en el espectro infrarrojo:

ДОБРО ПОЖАЛОВАТЬ ДОМОЙ

Bienvenidos a casa.

FIN?

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