Condenado a muerte

Condenado a muerte

Clarisa Eris

23/04/2018

Su crimen había sido el asesinato de una pequeña niña de Missouri, Sara Jenkins. La pequeña acababa de cumplir seis años; salió una tarde como solía hacer siempre a jugar al porche, pero aquella vez no regresó y su madre tuvo la impresión de que algo malo le había sucedido.

Sus sospechas se vieron confirmadas cuando encontró a Erick con el cuerpo de su hija inerte entre sus brazos y cubierto de sangre.

La policía lo detuvo como principal sospechoso del asesinato y él no tardó en relatar los detalles más escabrosos sobre su muerte mientras se regodeaba de su hazaña.

Erick se puso a hacer memoria de todos y cada uno de sus crímenes, pues ella no era la primera, y si tenía la más mínima oportunidad de huir de la silla eléctrica tampoco sería la última.

Rememoró su conversación con el agente Patrick, se trataba de un gordo seboso aficionado a los donuts con glaseado rosa, éste le dirigía una mirada de asco y desprecio cada vez que sus ojos se posaban sobre él.

—Señor Erick, espero que sea consciente de la gravedad del delito del que se le acusa—manifestó mientras soltaba un puñetazo sobre la mesa, y continuó con su discurso cada vez más exaltado—Por su bien le aconsejo que no me haga perder la poca paciencia que me queda.

—¿O si no qué? —preguntó Erick ahora con tono desafiante —Dime zampabollos qué vas a hacerme.

Entonces antes de que tuviera tiempo a pestañear, se encontró con el puño estampado del agente sobre su cara. La fuerza del golpe le hizo caer con su silla al suelo, la sangre se derramaba copiosamente por su rostro, él trató de tocar su nariz estirando su brazo todo lo que pudo, pues las cadenas le restaban libertad de movimiento, y una vez que estuvo allí comprobó que tal y como creía había sido fracturada, << mierda>> pensó, parece que el gordo seboso era más peligroso de lo que inicialmente había considerado.

Patrick levantó de un tirón la silla y se dirigió a él en un tono todavía más amenazador.

—Espero que esto te haya servido de lección y ahora me dirás la verdad o lo próximo que te partiré serán los dientes.

Erick enarcó las cejas y dijo —Vaya, parece que eres un tipo duro después de todo y no me ha tocado el típico paleto de pueblo que sólo se preocupa por tener su culo gordo apoltronado sobre una silla.

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