Las puertas del ocaso

Las puertas del ocaso

Ema UB

08/03/2026

La mente está cansada, pero no tan cansada como para impulsar la cabeza y levantarla con los ojos henchidos de preguntas al cielo. La mirada pesada recae en la observación de las nubes grises y los breves halos de azul que el cielo deja ver cuando las nubes se alejan arrastradas por el viento. ¿Por qué miras al cielo? ¿Por qué miras? Acaso esperas que algún Dios te dé la respuesta que buscas. Quizá no, no es a Dios a quien buscas, no es una fuerza superior, entiendo que quieres huir, escapar a algún lugar lejano de esta tierra y nada mejor para ti que el infinito espacio que habita fuera de este lugar. Este lugar que te ha vuelto presa, esclava de la realidad que detestas, esta realidad que no has podido dominar, sin embargo, ella te ha dominado a ti, te ha hecho sangrar más veces de las que hubiera sido necesario, te ha pisoteado más de lo que pueden pisar los pies sobre el camino y ya no hay alma en ti, tan solo breves destellos, tan solo rastros de lo que realmente fue tu alma y estas cansada, muy cansada, tan cansada que mirar a los alrededores ya no funciona.

Ser compasivo, bueno, comprensivo y más allá de todas esas fastuosas virtudes, ser paciente y leal, no ha servido, verdad. Yo he danzado con tus virtudes mientras se deshacían en los mares de tus ojos. Yo he comido de la carne de tu corazón mientras dolía en el latido de tu espera. Yo he bebido de tu dolor, mientras esperabas con paciencia la elección y algo más, yo he matado tu fe. Mientras te dejaban abandonada en un rincón, porque yo soy el demonio que te mantiene con vida. Yo soy el espejo de tus ojos casi apagados, yo soy el cielo al que quieres huir. Yo soy la tempestad y soy la primavera.

¿Ahora dime? ¿Ahora qué lo sabes? ¿Por qué miras al cielo? No necesitas el cielo, solo me necesitas a mí. Para volver a ser, solo trágame.

Entonces desperté, me limpié la sangre del ojo y me sacudí el sudor. Me miré al espejo y pude verme una vez más como hace tanto tiempo y pude sonreír mientras lloraba, así como lo había hecho antes. Recordé, agradecí y me agradecí por despertar, por recordar de donde venía, lo que era, especialmente me agradecí por recordar lo que buscaba y me lavé la gratitud y me purifiqué de la ira.

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