COMPRIMIDOS PARA SONREIR

I

El Gobierno había dado luz verde a la construcción de la Presa.

El objetivo de aquel proyecto faraónico, era recoger el agua de lluvia de aquel secarral, 

llevarla hasta una hondonada, hacer un bonito lago, y construir un Resort de lujo 

que se llenaría de turistas, y… 

¡Tiene que llover! Ordenó por Ley el Gobierno.

En la Sala de Reuniones del Ministerio de Chapuzas, se encontraban 

todos los responsables de la ejecución de las obras.

Allí estaban el Ingeniero de Huecos, el Zapatero de Cimientos, 

El Catador de Hormigón, el Ebanista de Compuertas, etc.

Todos expusieron los requisitos necesarios para sus respectivos cometidos.

— Bien, dijo el Ministro; pero me gustaría escuchar al máximo responsable de las obras,

que ha estado muy callado.

Situado al final de la larga mesa, tomó la palabra el Doctor en Filosofía Hidráulica.

— En mi opinión, primero debemos hacer un Referéndum entre todas las posibles gotas,

que puede que formen parte del hipotético Embalse.

Tenemos que saber si la opinión de vivir temporalmente en él, es mayoritaria.

— ¿Y si el resultado de la Consulta es negativo? Replicó el Ministro.

— En ese caso habrá que hacer una exhaustiva campaña de desinformación

en las Nubes donde se haya perdido.

Se celebró el Referéndum, el resultado fue ampliamente positivo, y enseguida se 

iniciaron los Estudios Preliminares seguidos de las Obras, que terminaron en el

plazo previsto y dentro del Presupuesto; lo normal.

Pero inexplicablemente, a pesar de tenerlo todo preparado y habiéndose aprobado

varias Leyes al respecto, a día de hoy sigue sin llover.

En el Gobierno se esta pensando ya en la Expropiación Forzosa de Tormentas.

II

Su vida era la Ópera, y era solicitado para las mejores representaciones.

Pero el tono de su voz, muy a su pesar, era de Bajo; muy Bajo (medía 1´20m).

El sueño de su vida había sido siempre ser un gran Tenor, y por lo tanto,

la figura masculina más importante de las Óperas.

En cambio su papel en ellas era el más secundario, y eso le deprimía.

Un día en casa, subido en taburete para cambiar una bombilla, ensayaba su papel

en la próxima obra y le pareció que su voz sonaba más aguda.

Desconcertado, subió a una escalera, y allí su rango vocal era de Barítono.

Su alegría era ya euforia y continuó subiendo.

Llamó a la puerta del vecino de arriba, y le pidió que le dejara entrar;

el registro era ya cercano al de Tenor, rango que alcanzó en el piso superior.

Mientras iba subiendo se imaginaba en el centro del escenario, siendo aclamado

por un público entregado a la magnificencia de su voz. 

Salió a la Terraza superior del edificio, y cantó perfectamente una pequeña pieza

compuesta para Contratenor.

En una esquina de la Terraza, estaban instaladas unas Antenas de Telecomunicaciones,

y empezó a trepar por la más alta.

Cuando llegó arriba cantó el Aria para Soprano «casta diva», con un timbre 

que envidiaría la misma Callas.

Había llegado más Alto que ningún otro hombre en la Historia.

Exultante y abstraído como estaba, resbaló y cayó a la calle.

Paulatinamente mientras caía, sus gritos eran cada vez más graves.

El último, fue el sonido más Bajo que ningún hombre había emitido en la Historia.

III

La Asociación de Turismo Rural otorgaba todos los años un premio al Pueblo 

con mayor «Encanto Peculiar». Se presentaron dos.

El Jurado, fue a visitar aquellos pueblos de los que ninguno había oído hablar,

y que además se llamaban igual. La única diferencia era que después del nombre,

en uno ponía izquierda, y en el otro derecha.

Pasaron varias veces por el lugar donde se suponía que estaban los pueblos.

En la enésima pasada los vieron por fin. Normal que no los hubieran visto antes; 

estaban a 14 Kilómetros de la carretera, y no había ningún camino que llevara hasta ellos.

Bueno, habían concursado y tenían que ir; además estaban muy cerca el uno del otro,

unos 10 metros mal contados. Llegaron atravesando prados, y aparcaron a las afueras; 

(todo eran afueras). Salieron a recibirles los vecinos; solo había uno en cada pueblo.

Con gestos, eran poco habladores, les indicaron que podían ver lo que quisieran;

y eso hicieron. En los dos había un Parque. Bueno; haber, haber… 

había una maceta llena de hierbajos en cada uno. 

Se podía practicar Senderismo; por los caminos que rodeaban las macetas. 

Los dos tenían Alojamientos para los visitantes; 

las casetas donde se guardaban las herramientas para el campo. 

Lo que no había era electricidad, ni agua corriente, ni alcantarillado.

Para eso estaba el Arroyo a unos 8 Kilómetros; más bien más que menos,

seco la mayor parte del año.

En definitiva, los dos eran prácticamente iguales, y era imposible declarar un ganador.

Deliberaban qué hacer cuando aparecieron dos pájaros 

que fueron a posarse uno en cada maceta, y empezaron a cantar.

El del Pueblo…… izquierda, Oratorios y Cantatas Barrocas,

y el del Pueblo…… derecha, Operas y Zarzuelas.

Se quedaron petrificados, como no; pero la incredulidad dio paso a la admiración,

y se quedaron a escuchar su repertorio. Aquel año el Premio quedó desierto.

Hoy los pájaros triunfan en los mejores balcones.

IV

Pasó varios días valorando los pros y los contras, pensando en las consecuencias.

No era un hombre muy osado, pero armándose de valor decidió intentarlo.

Llamó a una Administración del Estado para realizar un trámite burocrático.

Saltó el contestador automático y una voz empezó a decirle:

— Si desea hablar con la mujer de la limpieza, pulse uno o diga sí.

— Si desea saber si admiten mascotas en el Bar Baridad, pulse dos o diga sí.

— Si desea que su tortilla de patatas lleve cebolla, pulse tres o diga sí.

— Si no desea que no hagamos nada, no pulse nada o calle para siempre.

Así hasta 157 opciones.

Volvió a llamar y, al azar, en la opción 84 dijo sí a ver que pasaba.

— «La Voz»: Estas son algunas de las empresas del sector que nos indica;

(Reformas Yavamostranquilo), (Supisocomoestaba en Ná), (Ñapas Ladebacle).

Hubiera colgado ya, pero la indignación y la rabia que sentía le hicieron continuar.

En la 135 intentó captarle una Secta religiosa.

La 62 era un timo y por poco le limpian la cuenta corriente.

En la 97 Diego el Langostino cantaba por bulerías, y se quedó un rato a escucharlo.

Probó con la 0, y le habló «La Voz»:

— Le paso con el Departamento que lleva buscando más de una semana.

— «Otra Voz»: Lo sentimos, en estos momentos no podemos atenderle, estamos trabajando

para mejorar el servicio. Llame en 10 o 12 años, mejor más; y estaremos encantados 

de ayudarle en todo lo que necesite. En caso de no poder hacerlo ya usted, 

Dios no lo quiera, puede llamar cualquiera de sus nietos.

A la familia le entregaron un papel manuscrito por el finado. Amor y Perdón por lo que

iba a hacer, llenaban la página. Se había clavado un cuchillo en el corazón ¡37 veces!

Las cifras empezaban a ser alarmantes, y el Ministro del ramo prometió que se iban

a tomar medidas. El ciudadano era lo primero.

V

La jubilación de la Policía fue un duro golpe; había sido toda su vida.

Así que abrió una Agencia de Detectives especializada en la búsqueda de mascotas.

Un día se le presentó un caso, como mínimo insólito.

Le habían pedido desesperadamente, que encontrara a un Insecto Palo.

Dedujo que tenía que estar en el Parque que había cerca de la casa de su dueño;

pero encontrar a un especialista del camuflaje no iba a resultar una tarea sencilla.

Mostrando una fotografía suya, fue preguntando a Cigarras, Abejorros, Libélulas…

Como siempre, nadie lo había visto, nadie sabía nada; lo típico.

Pero tantos años en la Policía le habían enseñado que todo el mundo tiene un precio.

Al día siguiente, de los bolsillos de sus pantalones y americana, asomaban jugosas

 hojas de Morera y Zarzamora. Detrás de una encina, un grillo le hacía señales para 

que se acercara. Por un buen puñado de hojas de morera le diría donde estaba.

Fue hasta la hiedra que le indicó el grillo; había elegido bien su escondite y le costó un 

buen rato encontrarlo. Al verse descubierto, el Insecto Palo no solo no opuso resistencia,

sino que se puso de rodillas sobre una hoja.

— ¡Por favor no me entregue! ¡Se lo ruego, no puedo volver!

— ¿Pero… Por qué? ¿Qué es lo que no me han contado?

— Verá, no puedo separarme ni un centímetro de él. Siempre tengo que estar acariciándolo,

dándole besitos, arrumacos… Usted solo hace su trabajo, pero si tengo que volver 

a sufrir esa tortura me suicidaré. ¡Ya no puedo más!

Estaba en una encrucijada en la que nadie querría verse.

El dueño se moría por tenerlo a su lado, y la mascota moriría si tenía que estarlo.

Puede que fuera porque en aquel momento estaba con el Insecto Palo.

Puede que fuera porque no creía que para el dueño fuera tan traumático.

Sea como fuere tenía que decidir, y optó por la mascota.

Cuando le dijo al dueño que no podía encontrarlo, éste fue a casa y se suicidó.

A partir de ese día solo aceptó casos de personas. Era mucho más tranquilo mediar

en Secuestros, tapar Asesinatos que no debían salir a la luz pública…

que entrometerse en los problemas entre las mascotas y sus dueños.

VI

La primera vez que acompañó a su madre a un Salón de Belleza a hacerse la manicura,

se enamoró de aquél arte; y con solo veinte años abrió su propio Salón de Manicura.

El problema era que solo se le daba bien la mano izquierda.

Eso sí era un maestro; y sus numerosas clientas, después de pasar por su Salón, 

se arreglaban la mano derecha en otro Centro. Pero en ningún lugar les dejaban

la mano derecha tan bien como la izquierda, quedaban descompensadas,

y poco a poco se quedó sin clientela.

Estudió todo lo referente a la mano derecha, pero a la hora de ponerlo en práctica,

era un auténtico desastre. Hacía cortes en los dedos, en el esmalte quedaban 

pequeños grumos… No había manera, dejaba las uñas hechas unos zorros.

 La única salida pensó era hacer la Pedicura. Cerró el Salón y se trasladó a otra zona

de la ciudad donde nadie lo conociera. Alquiló un Local y se anunció como 

Experto en Pedicura. Las uñas de los pies se le daban bien, pero al igual que con 

las manos, solo las del pie izquierdo. El derecho lo dejaba para escayolar, y también

se quedó sin clientela. Tal era su desesperación, (lo suyo eran las uñas), que probó a

recortar las pezuñas de los caballos. Casi lo matan a coces, porque le sucedía lo mismo.

Tanto fracaso lo hundió en una profunda Depresión, y nadie volvió a verle.

 Unos años después, todos los Medios de Comunicación se hacían eco de la misma noticia:

Un hombre encapuchado asaltaba a las mujeres, y les amputaba la mano derecha.

La Prensa lo había bautizado con el sobrenombre de «El carnicero de izquierdas».

La Policía pidió la colaboración ciudadana para encontrarlo, y una anciana les contó

 que en su mismo bloque vivía un hombre con una costumbre muy rara; todo lo hacía

con la mano izquierda. El otrora manicurista no tardó en ser detenido y encarcelado.

En la cárcel, rogó y suplicó que lo metieran en una celda de la parte izquierda del edificio.

 Por supuesto no hicieron el menor caso de aquella tontería, y lo llevaron al lado derecho.

Al día siguiente lo encontraron muerto; se había suicidado.

Se cortó las arterias de la parte izquierda del cuello, ¡con las uñas de la mano derecha!

VII

Aquella Empresa se había convertido en un icono por su estilo arquitectónico;

no solo vanguardista sino también arriesgado, (temerario dirían algunos), de sus construcciones.

Era demandada, sobre todo, por los Ayuntamientos de grandes ciudades, que querían diseños

 innovadores a la hora de erigir edificios Públicos; Teatros, Auditorios, Museos…

Cuanto más llamativos fueran, más turistas atraerían. El último encargo era la construcción

de un Rascacielos; y esta vez quisieron ir un paso más allá en la audacia de su diseño.

Para ello, algo sin precedentes, pensaron que en lugar de arquitectos fuera un Modisto quien

diseñara el edificio. Y fue el mejor el que aceptó aquel extraño y arriesgado reto. 

Para ello, concibió el Rascacielos como uno de sus vestidos. Presentó el Proyecto a la

Compañía, y quedaron impresionados con su belleza. Ahora la cuestión era,

¿Se puede construir un Rascacielos así?

Pero el riesgo era el ADN de la Empresa, y comenzaron las obras. Los ingenieros y el modisto

trabajaron codo con codo, y contra los agoreros pronósticos de sus competidores, 

consiguieron terminar el Vestido-Rascacielos. 

El Mundo quedó asombrado ante aquella maravilla. Gente de todas partes viajaba hasta allí

exclusivamente para contemplar aquel prodigio arquitectónico.

Al margen de algunos pequeños problemas; nada que no se pudiera solucionar con unas 

cuantas puntadas de cable de acero, el edificio aguantaba bien.

Lo que no tuvieron en cuenta fue que la Moda es efímera, y se pasa de la Cima al Olvido. 

Al poco tiempo, la gente dejó de visitar el Rascacielos; y los mismos que lo admiraban,

ahora lo veían anticuado, extravagante.

Todos los años, en Enero, se diseña y construye un nuevo Vestido-Rascacielos;

y a finales de Diciembre se derriba.

Y es que no es fácil para un Rascacielos, ir siempre vestido a la Moda.

VIII

Como peluquero que era, cuando fue reclutado, lo destinaron a Retaguardia para tal fin.

Pero era valiente y arrojado, y el estar siempre a salvo mientras sus compatriotas 

se jugaban la vida, se le antojaba un comportamiento melindroso y cobarde.

Así pues, expuso a sus Mandos que sería mucho más útil si ejercía su oficio en el 

Campo de Batalla, junto a sus compañeros.

Igual que el Cuerpo de Sanitarios atendía las heridas del cuerpo, él se ocuparía del

desastre estético que presentaban los soldados cuando estaban combatiendo.

Los Altos Mandos accedieron, (para quitarse de encima aquel loco), y con los útiles 

necesarios para su misión, se incorporó a Primera Fila.

En plena contienda, si había una pequeña pausa, rápidamente cortaba, peinaba…

Si alguno resultaba herido, al mismo tiempo que los Sanitarios, llegaba él, y lo dejaba 

hecho un pincel. Incluso a los que morían, con estos tenía más tiempo, los aseaba 

lo mejor que podía; pues algunos quedaban hechos unos zorros.

Lo más difícil era hacer su trabajo en los combates cuerpo a cuerpo. Para poder actuar

en estos casos, aprendió el idioma del enemigo, y cuando ocurrían hablaba con él, 

y le convencía de que se luchaba mejor si se iba bien peinado, y afeitado.

Acicalaba a los dos, y después seguían con lo suyo.

Su trabajo aumentó la moral de los soldados; porque, ¿a quién no le gusta un buen corte 

de pelo, o un afeitado, incluido after save?

Además desconcertaba al enemigo, que veía como le atacaba un batallón de dandys

En una escaramuza, se dio de bruces con un soldado enemigo ataviado como él.

Habían copiado la táctica, ¡era un peluquero!.

Después del estupor inicial, y puesto que la refriega no daba para mucho, 

se sentaron a hablar de sus cosas; estilos, modas, potingues…

Cuando se levantaron, lo hicieron como si fueran dos viejos amigos.

Se volvieron a ver en varias batallas, y siempre encontraban tiempo para saludarse,

y ponerse al día de las últimas tendencias en cada bando.

Cuando terminó la Guerra, abrieron juntos una Peluquería para Caballeros 

en el país del enemigo, que estaba mejor en cuestión de impuestos.

IX

Manolo el camionero, que como su propio nombre indica, era camionero,

dedicaba su tiempo libre a buscar Tesoros Perdidos y Ciudades Míticas.

Esta afición, devenía de las majaderías que escuchaba en un programa de radio, 

mientras conducía. Tanto tiempo oyéndolo, lo habían llevado a la chaladura.

Guardaba en su casa Cerámica Primitiva, (piedras normales y corrientes).

Escritos Antiguos, (hojas de periódico medio desechas).

Jeroglíficos Indescifrables, (trozos de papel higiénico con dibujos; no todos sin usar).

Pero su obsesión era encontrar La Atlántida; y para ello había consultado numerosos

 Documentos, (libros de ciencia ficción); escuchado Viejas Leyendas contadas por 

Ancianos Eruditos, (batallitas de personas mayores); y estudiado Mapas Antiquísimos,

(callejeros de varias ciudades). Tras mucho investigar, había llegado a la conclusión 

de que La Atlántida se encontraba en la Provincia de Teruel.

El Jeroglífico Mora de Rubielos-Rubielos de Mora, indicaba el lugar exacto de su ubicación.

Conocía todas las Claves de Descifrado, (había completado varios crucigramas),

pero no conseguía desencriptar este. Así que, armado con su pico, pala y azada,

decidió hacer prospecciones por la zona. 

Fue encontrando Cerámica Avanzada, (trozos de botijo). Valiosos Abalorios, (más piedras).

Artefactos Alienígenas?, (piezas de aperos de labranza), y Monedas con grabados 

nunca vistos, hechas con un metal desconocido, (pesetas antiguas).

Todo esto eran pruebas irrefutables de que estaba excavando en el lugar correcto.

Después de destrozar varias huertas, se lo llevó detenido la Guardia Civil.

El Juez lo creyó un loco cuando argumentaba con aquellos objetos que,

¡Había encontrado La Atlántida!

Se valoró su internamiento en una Institución Psiquiátrica; pero al final lo soltaron.

 Mientras, en el subsuelo, la vida seguía prácticamente igual que hacía milenios;

lombrices, escarabajos, larvas de insectos… continuaban con sus quehaceres diarios.

Manolo el camionero sigue conduciendo su camión, y por las noches llama a su 

programa de radio favorito, para consolarse con la opinión del experto Locutor:

La Humanidad todavía no está preparada para encontrarse con los Atlantes.

X

Hacía mucho tiempo que no dormía bien, las pesadillas que le asaltaban eran espantosas.

Ya no podía más, y decidió ir al Médico; algo que odiaba.

Tomó todos los tipos de somníferos que había, pero continuaba igual.

Así que el Médico lo derivó a Psiquiatría; podía ser algo de origen psicológico.

 — Cuénteme, ¿tuvo usted una infancia desgraciada?

— ¡Que va! Al contrario, me lo pasé genial. Con mi pandilla rompíamos los cristales 

del Colegio; cuando íbamos. En el recreo les quitábamos el bocadillo a otros niños,

y si no nos gustaba lo que llevaban les dábamos para el pelo.

— Veo que su infancia fue de lo más normal; no está ahí el problema. 

Dígame, ¿y en que consisten esas pesadillas?, ¿son siempre las mismas?

— No, le cuento; soy Delincuente Profesional, y dependiendo del trabajo, tengo unas 

pesadillas u otras. Por ejemplo, si atraco una joyería, esa noche sueño que mi madre

me da para comer lentejas, ¡hasta que reviento!

Si trafico con drogas de cualquier tipo, sueño que trabajo en una Clínica Veterinaria

especializada en mascotas raras; Iguanas, Topos, Camaleones…

y como prueba diagnóstica, me paso la noche oliendo los culos de esos bichos.

Lo peor son los Erizos; no se dejan, y me ponen la cara como un mapa.

En los secuestros duermo fatal; entonces sueño que soy peluquero de leones en un Zoo,

y si no les gusta como los arreglo acabo destrozado, literalmente.

— Vaya nochecitas, no me extraña que esté así, pero tranquilo ya sé que le pasa.

Padece usted lo que llamamos el Síndrome del Delincuente Quemado.

 Le explico; ha trabajado mucho, ya tiene una edad, y cuando realiza trabajos 

como los que me cuenta, surge el estrés que le provoca las pesadillas.

Mi recomendación es que adapte las Fechorías a su edad.

 Siguió los consejos del Médico, y ahora se conforma con atracar algún quiosco,

asaltar a alguna viejecita; aunque si son muy aguerridas lo muelen a bolsazos.

Colarse en la fila de la Caja del Supermercado…

Eso sí, duerme como un lirón.

XI

Era un culo inquieto y nunca había tenido un trabajo estable. Eso sí era un manitas.

 Igual tapiaba puertas, que embaldosaba techos, alicataba cojines… de todo.

Tantas y tan diversas habilidades no podían pasar desapercibidas, y un día,

con la excusa de hacer una ñapa en una Embajada, lo captaron como Espía.

Su misión consistía en infiltrarse en la Embajada de otro País, que no por casualidad,

estaba enfrente; y una vez dentro pasarles toda la información relevante.

Puntualmente, informaba de cualquier cosa sospechosa. La sustitución de un Ordenador

o Impresora, si algún funcionario tomaba demasiado café, si se gastaba mucho papel

higiénico, quien iba demasiadas veces al váter… lo fundamental.

En el otro País empezaron a sospechar; hasta que lo pillaron in fraganti.

Le dieron dos opciones; o la cárcel, o trabajar para ellos en la Embajada del primer País.

 Así pues, por las mañanas espiaba en la Embajada del primer País, para el otro País;

y por las tardes, espiaba en la Embajada del otro País para el primer País.

Al principio no hubo problemas; hasta que en la Embajada del primer País, 

descubrieron el doble juego. También aquí, era la cárcel o lo que le proponían.

Tenía que seducir a una determinada secretaria del otro País, y sacarle información.

Algo que no tardaron en descubrir en la Embajada del otro País.

Nueva propuesta de la Embajada del otro País: Tenía que acostarse con el Jefe Adjunto

de la Embajada del primer País. Así lo hizo, y le contó que era primo octavo de una secretaria 

de la Embajada de un tercer País, por parte del jardinero de la Embajada de un cuarto País,

el cual espiaba para la Embajada del tercer País.

Por su parte, el recepcionista de la Embajada del cuarto País, era un gigoló que salía

 con secretarias del primer y segundo País, y espiaba a las Embajadas de los dos Países.

Un día perdió una carpeta con documentos de… ya no sabía que Embajada.

La encontró el portero de la Embajada del cuarto País, y volvieron a extorsionarle.

Tendría que espiar para ellos en la Embajada de un quinto País…

Ahora espiaba a todos los internos del Psiquiátrico, y les pasaba información 

de todo lo que ocurría en el bloque de apartamentos que había enfrente.

Y es que esto de ser espía, es un trabajo muy estresante.

XII

En el Hospital recibía transfusiones de sangre y cosían sus heridas, algunas profundas; 

pero por fortuna no habían alcanzado ningún órgano vital.

Las peores, eran las hechas con motosierra, éstas tardaban más en curar.

Era el precio de proclamarse Campeón Mundial de Lucha Libre.

Convaleciente aún, recibió la visita de un individuo al que no conocía.

Se presentó como Toribio, Campeón Mundial de Chotis. el objeto de su visita era 

contratarlo como guardaespaldas; pues según le contó, el Chotis Profesional 

 no era lo que parecía, se asemejaba más a su deporte que a un baile.

— Pero, ¿Cómo puedo ayudarle si yo estoy fuera, y usted está en la Pista bailando?

— Usted bailará a mi lado, al igual que los matones contratados por los demás.

— Pero… ¡Yo no sé bailar! ¿Y con quien voy a bailar? No tengo pareja.

— Bailará con mi sobrina, que es cinturón negro en varias Artes Marciales.

Aceptó el trabajo, y una vez recuperado recibió varias clases de baile de la sobrina;

que también le enseñó a defender a su tío sin que los Jueces lo vieran.

En la primera eliminatoria, previa a los Campeonatos del Mundo, su jefe recibió 

 varios pinchazos con un pequeño punzón para madera, y su pareja, su esposa,

acabó con los pies amoratados. No volvería a ocurrir.

En las siguientes eliminatorias, cualquier pareja que se acercaba a su jefe, él terminaba

como un colador, y ella con varios huesos de los pies rotos.

Las parejas de matones contratados por los contrincantes, acababan mucho peor, 

si es que acababan.

Tras varias eliminatorias y clases de baile, era inevitable que se enamoraran.

Como suele decirse, eran tal para cual; hipercompetitivos e implacables.

A él empezaba a gustarle aquel tipo de Lucha-Baile, y la idea de ganar le seducía.

Se lo dijo a su pareja de baile y amante, y descubrió que ella ya llevaba mucho tiempo

acariciando la misma idea; pero hasta ahora no había encontrado la pareja adecuada.

Llegó por fin la Gran Final. Ella habló con su tío, al que quería mucho, y le contó todo.

Solo por aquel año, era mejor que no participara; querían ganarla.

Y lo hicieron; se proclamaron Campeones Mundiales de Chotis. No por ser los mejores 

bailarines, sino porque eran los únicos que quedaban en pie.

XIII

Verano, temperaturas extremas y bosques mal cuidados, eran la combinación perfecta 

para la ola de incendios descontrolados que asolaba el pequeño país.

El Gobierno convocó un Concurso de Propuestas para acabar con aquella lacra.

Muchos expertos en el tema enviaron sus sugerencias:

Uno proponía que cuando se replantara el bosque, los árboles tenían que estar a una distancia

de, al menos, 500 metros uno del otro; así la probabilidad de que el fuego se extendiera

bajaría bastante. Otro sugería que se sustituyeran los árboles por otros de plástico ignífugo.

Un tercero recomendaba instalar un Sistema Contraincendios, con una red de tuberías 

por encima del bosque, además de detectores de humo en cada árbol, arbusto, o hierbajo.

Un militar retirado propuso crear una Brigada de Paracaidistas especializados.

Los paracaídas irían llenos de agua, y se abrirían hacia arriba; después, antes de llegar al suelo

se invertirían, y el agua de muchos paracaídas juntos, apagaría el incendio.

Nada decía de la suerte de los paracaidistas.

Un ebanista forestal exponía que, puesto que la mayoría de los incendios eran provocados,

había que entrenar a los habitantes del bosque; ratas de campo, erizos, puercoespines,

águilas, azores, halcones… para que cuando vieran a alguien encender un fuego, 

le atacaran con violencia, y no le quedaran ganas de volver por allí.

Esta fue la propuesta que más gustó en el Gobierno, y se procedió a la reclutación forzosa

de todos los animales que vivían en el bosque; grandes o pequeños, incluidos los insectos.

Fueron instruidos en todas las tácticas de combate cuerpo a cuerpo, y volvieron al bosque

dispuestos a cumplir su misión. 

De los primeros pirómanos, costó encontrar algún trozo de tela u objeto que los identificara.

Aquel verano no hubo incendios.

Pero los Sindicatos protestaron; aquello era explotación laboral. Reclamaron un salario justo,

festivos semanales, y vacaciones pagadas; como el resto de trabajadores.

Tuvieron que abandonar el Programa; no había suficiente dinero para pagarles a todos.

Hoy el pequeño País arde por los cuatro costados.

XIV

Hace cuatro días, en la Galaxia adosada a la nuestra, se desató una Guerra brutal por el

control de la misma entre los Topos y los Rayas, (llamados así por sus uniformes).

El avanzado armamento de los contendientes, (ya se sabe que los alienígenas están más 

avanzados que nosotros), causaba verdaderos estragos en ambos bandos.

Los Topos tenían ya cinco bajas; la mayoría por traumatismos severos, (tropezones en 

algún escalón, golpes con el canto de las mesas…), y un resfriado terminal, (no había

suficientes pañuelos de papel en su nave para limpiarse tantos mocos).

En los Rayas la situación era peor; alguien había contraído Conjuntivitis Diarreica, y ya 

eran seis los contagiados. Afortunadamente sus avanzados conocimientos médicos,

salvaron la vida de todos los heridos en combate. 

Cuatro tiritas y un caldo de pollo hacen milagros. 

Además de la devastación producida por las armas, la crueldad iba en aumento.

Los prisioneros que caían en manos de los Rayas, eran sometidos a horrendas Torturas.

 Tenían que levantarse antes de las doce, ducharse, llevar uniformes pasados de moda…

Por su parte los Topos no se quedaban atrás. Les obligaban a afeitarse tres veces por semana,

la comida no era a la carta, los colchones no eran de espuma adaptable…

Tras varias semanas de combate, no había avances por ninguno de los dos bandos, 

y las bajas se acumulaban; al igual que el cansancio mental de los soldados. 

La mayoría no se levantaba hasta la hora de comer, no cambiaban las sábanas, 

ni ahuecaban el edredón de plumas, ni la almohada; un desastre.

Además la presión de las madres de los soldados, era ya insoportable.

La situación obligó a los Altos Mandos de ambos Ejércitos a reunirse urgentemente.

Se decidió que, puesto que ninguno iba a ganar aquella Guerra, y los Ejércitos estaban

movilizados, aprovecharían para conquistar juntos un Planeta de la Galaxia vecina, 

que era de un bonito color azul.

Enviaron una nave de Reconocimiento, que aterrizó en un descampado donde jugaban

unos niños. Cuando bajaron los Exploradores, los niños los atacaron con sus tirachinas

y recibieron una cuantas pedradas.

De vuelta a su Galaxia, informaron que el Planeta estaba habitado por unas criaturas 

de pequeña estatura, pero extremadamente agresivas.

Los Mandos Militares decidieron que no merecía la pena sufrir más bajas.

 Cada uno en su casa, y  #$%&*?  en la de todos.

XV

Su porte; alto, atlético, bronceado; además de una bata blanca confeccionada por un Modisto,

componían un cuadro, que no dejaba lugar a dudas de su estatus en la Medicina;

concretamente en el Trasplante de Órganos. 

Su habilidad y conocimientos, además de una personalidad audaz y valiente,

habían posibilitado que lograra intervenciones que parecían imposibles.

Si en un Trasplante de Corazón, las válvulas fallaban; las sustituía por otras de coche

de gran cilindrada, y el paciente, después del período post operatorio, iba «a toda pastilla».

Los Riñones; sino había ninguno disponible, los sustituía por filtros de cafetera; 

recomendándole al paciente, que después solo tomara descafeinado.

Los Pulmones no suponían ningún problema; con dos globos y una bomba de aire

accionada con el pie, solucionado.

En el Hígado; para sustituir a la Bilis, vinagre; para almacenar energía, una batería;

 y para eliminar toxinas, un frasco de cristal que había que vaciar todos los días.

Para los Intestinos doblaba un tubo de PVC, igual que el conducto original.

El Estómago, un balón; la Médula Espinal, un cable de Alta Tensión;

El Bazo… no tenía importancia, se tiraba y punto.

Su Talón de Aquiles, lo que no había forma de trasplantar, era la Cera de los Oídos.

Había probado con todo tipo de sustancias: Petróleo en crudo, (lo ponía todo perdido);

Mantequilla, (caducaba); Crema de Cacahuete, (nunca le había gustado)…

Y era esencial para que todos los Sistemas del Organismo funcionaran de forma coordinada.

Le gustaba observar el comportamiento de la gente, y dando un paseo, vio como se sacaban

el Cerumen con las uñas de los dedos meñiques, y después la tiraban.

¡Había encontrado la solución!

Solo había que pedirle a la gente, que en lugar de tirarlo, lo donara a la Medicina.

A los que accedían, se les retiraba con cuidado de las uñas, y se guardaba en frascos esterilizados.

Después en el Hospital, se realizaba un exhaustivo examen para clasificarlo por sexo,

edad, color de pelo y talla de cintura. Así consiguió crear un buen Banco de Cerumen.

En adelante, se harían campañas de concienciación ciudadana para la donación de la 

Sustancia Fundamental.

XVI

Se amontonaban en su cabeza, ideas, temas, y argumentos para escribir un libro;

pero cuando se ponía a escribirlo se bloqueaba, se quedaba en blanco.

Hacía tiempo que intentaba escribir el que creía que sería el libro de su vida:

«En un lugar de la camisa llevaba una Mancha; salpicada por un camarero de cuyo nombre

no se acordaba. Era un caballero de los de pajarita al cuello, pañuelo de seda en la solapa,

y traje azul marino hecho de lana de la mejor calidad».

Perfecto; pero así se quedó, como tantos otros libros por escribir.

En un restaurante chino, le trajeron la típica «galleta de la fortuna».

Al leerla se dijo… esto podría haberlo escrito yo. Este pensamiento hizo brotar otro;

puesto que solo se escribir unas pocas frases, ¿Por qué no escribo estas?

La semana siguiente ya estaba escribiendo las frases de las «galletas de la fortuna»

de aquel restaurante. Se le daba muy bien, y los clientes podían terminar su comida

con un poco de literatura; breve pero culta:

— «Cada día es una nueva oportunidad de quedarte en la cama»

— «Las dificultades son oportunidades para dedicarte a otra cosa»

— «Tienes derecho a ser feliz, pero búscate un buen abogado»

Lo más veloz del Universo, el boca a boca, llegó hasta una gran Compañía de Publicidad.

Le propusieron que escribiera Eslóganes para las Marcas con las que trabajaban:

— «Nada es imposible, excepto que te cobremos menos»

— «Solo hazlo, después carga con las consecuencias»

— «¿Te gusta conducir?, ¿Entonces que haces viendo este anuncio de mierda?

Eslóganes que se hicieron famosos en el mundo entero.

A estas alturas ya era millonario, pero seguía sin escribir un libro.

Así pues, de nuevo comenzó a escribir Su Libro:

«En una Mancha, resbaló un flaco caballero de cuyo nombre no me acuerdo.

Un caballero de los de paquete diario, litrona de Súper, y Botellón los Sábados».

Hasta aquí.

XVII

Después de muchos años de arduo trabajo, era ya un pintor reconocido, y sus cuadros iban 

de una exposición a otra. Aún así su satisfacción no era completa, no era suficiente.

Soñaba con crear un nuevo Estilo Pictórico, fuera de toda norma, que le hiciera pasar a la Historia.

Y ya llevaba un tiempo perfeccionándolo; pero dudaba, el paso era muy grande, revolucionario.

Por fin se decidió a mostrarlo al Mundo. La presentación tuvo lugar en una gran Sala de

Exposiciones. Después de una breve presentación, fue al centro de la misma, y sin dilación,

paleta en mano, empezó a dar pinceladas en el aire. Sus movimientos simulaban a los de una

bailarina, mientras la pintura volaba libre por toda la Sala, salpicando las paredes, el techo,

y a todos los que allí estaban; nada quedaba a salvo del nuevo Estilo Pictórico.

Cuando terminó el cuadro, los aplausos y vítores quedaban por debajo de la fascinación

de los concurrentes, ante lo que acababan de presenciar.

Había nacido la «Pintura al Aire».

Nobles y millonarios se disputaban su presencia en Palacios y Mansiones, 

para contemplar la creación de sus cuadros.

Había alcanzado, no la fama; la Gloria. Pero entre los que lo tienen todo, la exclusividad

es de lo único que pueden presumir entre sus iguales; y empezaron a presionarle para que,

cuando pintara en su Residencia, utilizara colores inusuales, raramente vistos.

Y así lo hizo, concibió colores inéditos.

Para los que gustaban de tonos suaves y delicados, creó «Aire de Manantial», 

«Pedete de Caballito de Mar», y «Beso de Golondrina».

Los que preferían algo más fuerte, tenían «Madrugón pa Ná», 

«Temporal de Chirimiri», y «Tapa Pringosa».

A los amantes de colores agresivos, les ofrecía «Asesino en Serie»,

«Masacre en el Quirófano», y «Sopa Caníbal».

Colores que, pasado un tiempo, empezaron a cansarles. Querían más, mucho más.

Entonces anunció que había conseguido el color Quimera; no había nada más allá, 

e iba a mostrarlo en el mismo lugar donde comenzó todo.

El día de la Presentación, el Mundo entero estaba expectante; todos los Medios de 

Comunicación lo retransmitían en directo, y todo el que era alguien estaba allí.

 Como la primera vez, se situó en el centro de la Sala. 

Untó un pincel en un bote de pintura vacío, y empezó a «Pintar al Aire».

El Mundo enloqueció ante aquel prodigio.

XVIII

En la mesa de trabajo habitual, Escritor y Editor hablaban sobre la temática y el desarrollo 

de la próxima Novela, aún por escribir.

«Un pocero encuentra en las alcantarillas un voluminoso paquete, que resulta ser un 

considerable alijo de cocaína. El pocero intenta colocarlo en la calle, pero no conoce

las calles, ni el mundillo de las drogas; está absolutamente fuera de su ambiente, 

y una femme fatale lo seduce con sus encantos para robarle.

El grupo mafioso dueño de la droga, la busca dejando un reguero de muerte.

También hay un Policía corrupto, y un señor que pasaba por allí.

Un murmullo de conversación, que iba en aumento, salía del maletín del escritor.

Desconcertados, lo abrieron. Eran los Personajes enzarzados en una agria discusión.

El Pocero, que parecía el más enfadado, se dirigió al escritor para abroncarle.

Él merecía un papel mucho más importante en aquella obra. En su extenso curriculum 

figuraban varios papeles de protagonista en Novelas que habían sido best sellers.

Por su parte la femme fatale argumentaba que aquel personaje podía arruinar su carrera 

literaria, donde, además de su belleza, tenía una reputación intachable.

El mafioso se hacia cruces; era un hombre honrado y temeroso de Dios, y en sus 

anteriores trabajos había representado a la más alta Alcurnia de la sociedad;

Nobleza, Alta Burguesía, Obispos, Cardenales… nada más lejos de aquel delincuente

que pretendía que interpretara. Se negaba, era una cuestión de principios.

El Policía esgrimía su intachable hoja de servicios, después de tantos años en el Cuerpo.

Cuando se enterasen en la Central, lo expedientarían e iría a la cárcel.

De ninguna manera iba a tirar tantos años de servicio, ni pasar tamaña verguenza.

El anónimo caballero se preguntaba que hacía allí; solo había salido a dar un paseo.

Todos opinaban lo mismo; o interpretaban papeles de acuerdo a su estatus dentro de la 

profesión, o se irían a otras Novelas donde, con seguridad, les ofrecerían otros más dignos

que los personajes de una historia de Bajos Fondos.

El atribulado escritor intentó convencerles de que no era para tanto, que incluso podía

suavizar un poco la trama; pero se negaron en redondo.

El bosquejo de la futura Novela fue a parar a la papelera. Ya se le ocurriría otra historia

en la que no tuviera tantos problemas con los Personajes.

XIX

A pesar de que ni siquiera había terminado los estudios básicos, 

 (a sus padres les dijeron que no había nada que hacer)

le apasionaba la Ciencia, sobre todo la Química. Había leído a los más grandes;

Pancracio Somero, Casimiro Patachula; pero sobre todo al maestro, Pancracio Entrecharcos,

descubridor del Atontalio, perteneciente al grupo de los Miseraloides Alcatarrados.

Excelente conductor, prudente y sensato; (no le habían puesto nunca una multa),

básico para el funcionamiento de los embalajes de las Nuevas Tecnologías:

La Sartén ambidiestra, los Neumáticos de estar por casa, las Zapatillas de Alta Velocidad,

el Aire Acondicionado en aceite de oliva, (más sano que el de girasol)…

Su sueño era crear la Molécula de Mano, y así poder quitar, poner, cambiar de lugar,

o añadir nuevos átomos sin tener que recurrir a complejos procesos, y 

costosísimos aparatos, fuera del alcance de la gente común; solo con las manos.

Cada uno podría fabricar sus propios materiales, medicamentos, etc., lo que necesitara.

Para ello en su Laboratorio, (el Garaje), contaba con un complejo instrumental:

Ollas, sartenes, sacacorchos, coladores, abrelatas, salvamanteles, y una batidora.

Los elementos químicos los había comprado en la Droguería de la esquina,

y comenzó a molerlos, mezclarlos, calentarlos al Baño María, freírlos, hornearlos…

Trabajo de Química de última generación, (todo era nuevo). Trabajo que empezó a dar

sus frutos; consiguió destilar la Tortilla Oxigenada, precipitar la Sal Deprisa, 

sublimar el Bicarbonato de Garrafón, catalizar el Alcohol Triple Cero…

Sentía que se acercaba, pero demasiado despacio. Para acelerar el progreso, se compró

un Microondas y una Tostadora. Con estas fuentes de energía, más el aumento

 de la cantidad y el número de componentes en las reacciones; como esperaba,

los resultados, o más bien las consecuencias, no se hicieron esperar.

La puerta del Garaje se estampó contra la casa de enfrente, el techo junto con el tejado

salieron disparados hasta perderse de vista, reventaron las tuberías de toda la calle, 

y el agua inundó los sótanos, el apagón afectó a media ciudad… el caos.

¡He estado a esto de conseguirlo! gritaba alborozado mientras se lo llevaban detenido.

De entre los escombros, trastabillando y llena de polvo, salió una «cosa» que,

al mismo tiempo que perdía pequeñas partículas de «algo», iba cambiando de forma.

XX

Eran los primeros días de clase en la Universidad.

La Universidad; fábrica de sueños, de ilusiones, de ambición también. Un camino por recorrer

que capacita y legitima los anhelos y proyectos laborales.

Expectación y nerviosismo a partes iguales, se mezclaban entre los alumnos de primer curso,

mientras esperaban al Profesor de Epistemología Inorgánica.

Asignatura troncal en la carrera de Hermenéutica Evolutiva; además de ser una Especialidad

muy demandada en el Mercado Clandestino, y que, con seguridad podrían ejercer

en cuanto terminaran los estudios. 

— Buenos días señores, durante este curso voy a ser su Profesor de la Asignatura.

Por cierto me llamo Pabeme Matao, pero pueden llamarme Pabese Matao.

 Me gusta que mis clases sean interactivas; considero que simplemente escuchar y mirar

no sirve para mucho, así que pueden y deben preguntar, opinar, y aportar a la clase.

Para empezar, y puesto que esta es una asignatura esencialmente práctica, voy a 

plantearles un dilema perteneciente al ámbito de la dualidad Cuantica-Tontería.

Supongamos que un Tren sale de Nueva York a su hora y con buen tiempo; 

y otro sale de La Coruña… cuando salga, y con un tiempo de perros.

¿Cual de los dos tendría que ceder el paso al otro en el Cruce de Descalificaciones,

en el hipotético caso de que llegaran o llegasen?

— Creo que primero habría habría que tener en cuenta el estado del Puente Covalente

entre las dos ciudades, y el Existencialismo de vías de la misma anchura.

— ¿Alguna contribución más?

— Sí, también tendríamos que calcular la Presión de la Escarcha Escepticista, 

la Velocidad de la Superposición Dialéctica entre los dos Entes; pero sobre todo,

la Altura de la Teleología Probabilística, por si los pájaros.

— Cierto, como ven, este dilema no estan sencillo como aparenta ser. Es un problema 

que no se puede abordar desde la Relatividad Estocástica; hay muchas variables 

frívolas y veleidosas, que siempre van a pretender intervenir en cualquier proceso 

relacionado con la Inmanencia Molecular; aunque nadie las haya invitado.

Al final, todo se reduce al eterno Ser o Estar, ¿Qué verbo utilizar?. 

XXI

Ya de niño intuía que aquello no era normal, aunque no sabía ponerle nombre.

Cuando orinaba, sobre todo cuando ya no podía más, le gustaba mucho; sentía placer.

Lo mismo sentía cuando defecaba; aquellas sensaciones de alivio, de descanso, eran 

como una droga; y no las reprimía, como debería haber hecho, pensaba.

Fue creciendo, y a estas dos prácticas de autoplacer, les sumó las duchas frías 

en verano, calientes en invierno; siempre solo.

Así era como más disfrutaba, pues podía concentrarse en el frescor del agua recorriendo 

su cuerpo cuando llegaba a casa empapado de sudor, después de hacer deporte.

El mismo placer sentía en invierno, cuando se despojaba de toda la ropa, y se duchaba 

con agua caliente que, no solo le quitaba el frío, sino que lo relajaba.

Y no digamos cuando se metía en la cama en invierno, aquello era pura lujuria.

La suave caricia de las sábanas de coralina, hacía que se arrebujara debajo de ellas 

sin que se le viera un pelo de la cabeza, al tiempo que emitía pequeños sonidos guturales

de placer. Definitivamente aquello no era normal, y lo peor es que no podía reprimirlo.

Sus ansias de placer no tenían límite. Le encantaba comer, sobre todo cuando comía en casa;

su madre cocinaba de maravilla, y disfrutaba de cada bocado.

Beber era más estacionario; era en verano cuando se deleitaba sintiendo como el líquido

bajaba por su garganta, refrescando su cuerpo y aliviando el calor.

 Necesitaba una explicación a todo aquello, y se matriculó en Psicología.

Después de mucho estudiar, y buscar en publicaciones especializadas, por fin encontró 

su Trastorno. Padecía el Síndrome de la Satisfacción de las Necesidades Básicas.

Inmediatamente pensó en ir a Terapia para erradicar aquellas adicciones;

pero… estaba tan enganchado. Así que decidió que las sufriría en secreto.

Nadie sabría jamás que era un adicto; además no era tan difícil esconderlo.

Solo el sabía cuanto disfrutaba con aquellas drogas, y así seguiría.

XXII

Siempre fue aprensivo y asustadizo. Su lista de miedos eran tan grande como su mayor temor;

le tenía pánico a la muerte.

Buscando explicaciones racionales que le proporcionaran refugio, o al menos algo de

tranquilidad, estudió Filosofía. Solo encontró más preguntas e incertidumbres.

Viajó a Nepal a meditar y escuchar a los mejores Maestros; pero en lugar de Karma

aquellas prácticas y ritos le produjeron más desasosiego e inquietud; sobre todo cuando 

el Lama de su Monasterio le dijo que tenía que buscar el camino del medio.

Buscó durante días, y encontró bifurcaciones, desvíos, cruces; pero no había ningún camino

 que fuera exactamente por el medio. 

Leyó a pensadores de otras disciplinas; Entomólogos, Ornitólogos, Herpetólogos…

Nada, aquello no le llevaba a ninguna parte.

Se tomó un tiempo de descanso, y fue entonces cuando encontró la manera,

(si asombrosamente se atrevía), de no temer a la muerte; hablar con ella.

Quedaron en un bar a tomar algo; «así a primera vista no parece tan terrible, quizá

 solo tenga mala fama, y en realidad sea una buena persona, pensaba»

— Dime alma cándida, ¿Qué quieres saber?, le dijo la Muerte.

 — En realidad no quiero saber nada; el problema es que te tengo mucho miedo.

— Ya estamos con la misma historia de siempre; sois unos egoístas, solo pensáis en vosotros.

Yo solo soy una trabajadora que se gana el sustento, y si no mato no cobro.

— Lo entiendo, pero, ¿Por qué te buscaste este trabajo, y no otro menos… cruento?

 — Yo no lo busqué, era lo único que había; era esto o fregar escaleras.

No tengo estudios, y las ofertas eran muy limitadas, porque cuando empecé había menos gente.

— en eso tienes razón, el Mundo está abarrotado. ¿Y dónde te llevas a la gente?

— ¿Dónde va a ser?, al Ministerio de Difuntos. Yo los acompaño hasta el mostrador de 

 Admisión, y allí les indican a que Departamento tienen que dirigirse; eso no es cosa mía.

De todas maneras tranquilo; como en todos los Ministerios, hay tanta burocracia que 

cuando te des cuenta ya ha pasado la Eternidad sin que te hayan asignado un trabajo;

y eso si no pierden tu expediente, que entonces olvídate. 

Nada, búscate una buena silla, y a esperar tranquilamente; tu no tienes prisa, y ellos menos.

 — No sabes cuanto te agradezco la información; ahora me quedo mucho más tranquilo.

— Para eso estamos; por cierto, ¿pedimos otra ronda?, hoy no tengo mucho trabajo.

— Por supuesto, y yo me cogeré el día libre, me caes bien.

Los habitantes de aquella ciudad, unos 3007, aunque en verano llegaban hasta los 3014,

se habían acostumbrado ya a vivir con la Contaminación que emponzoñaba el aire.

  Hasta que saltaron todas las alarmas. Aquel invierno hubo dos casos más de gripe.

El Equipo de Gobierno del Ayuntamiento se reunió de Urgencia.

— Señores, tenemos que hacer algo para eliminar el veneno que respiramos.

Basilio, el Concejal de Vamos a llevarnos Bien, fue el primero que tomó la palabra.

— En mi opinión, lo primero es hacer una exhaustiva lista lista de los tipos de Humos.

No es igual el humo de una Fritanga, que el de una buena Parrillada de Carne.

— Creo que habría que poner Aspiradores en todos los tejados, y canalizar el humo 

hasta la Provincia de al lado por una tubería; aportó el Concejal de A Recogerse Temprano.

— Lo descubrirían, y cuándo fuéramos por allí nos mirarían con mala cara, seguro.

Apostilló Hipólita, la Concejala del Distrito Perdido. Lo que hay que hacer es abrir

todas la puertas y ventanas para que corra el aire, y se ventile todo.

— ¿Y si la vendemos a mitad de precio?, dijo Benancio, (un señor mayor que se aburria 

de estar sentado al sol en los bancos de la Plaza, y había ido a ver que se cocía por allí).

 Podríamos vendérsela a alguna ciudad que no ande muy sobrado de ella.

Toda ciudad que se precie tiene su Contaminación.

— ¡De eso nada! Saltó la tía Escolástica; si la quieren que la paguen a su precio,

sino se va a descuadrar el balance de Ya te Pagaré si Eso.

— Buenoo, medió el Alcalde; no estamos aquí para pelearnos entre nosotros.

Creo que ya llevamos mucho tiempo reunidos, va siendo hora de comer, y mañana

es Miércoles, fin de semana. Lo mejor será dejarlo para el Lunes.

El Lunes:

— Buenos días, espero que estéis bien descansados, nos espera un día de duro trabajo.

Tomó la palabra el Primer Teniente de Alcalde.

(Había empezado de Cabo, y fue ascendiendo por Méritos Expropiados)

— La culpa de tanta Contaminación, la tienen los que salen del bar a fumar en la calle.

Si fumaran dentro, con las puertas y ventanas bien cerradas, no se escaparía el humo.

— Yo propongo que pintemos toda la ciudad de verde; de este modo la misma ciudad

eliminaría la Contaminación por medio de la fotosíntesis, dijo Ambrosio.

— Podríamos pedir ayuda al Ejército; los helicópteros dispersarían el humo, y después 

lo perseguirían hasta que abandonara la ciudad. (Solución aportada por Faustino,

Concejal de Iluminación Diurna, cuyas luces no le alumbraban mucho).

— Lo que tendríamos que hacer es obligar a las Fábricas a que echen menos humo.

— ¿Pero si no hay señora Agripina? (La cotilla de la ciudad. No faltaba a ningún Pleno.

Eso sí, mientras escuchaba hacía bufandas y calcetines de punto para todos).

— ¡Hay que cambiar de perspectiva!

Dijo con vehemencia un señor al que nadie conocía; debía ser forastero.

 La ciudad está a 1538 metros de altura en medio de un Cerro pelado.

¿Dónde va a ir la pobre Contaminación? ¡Está muy sola! Yo propongo que traslademos

la ciudad a una zona más poblada, así se repartiría y todos contentos; ella y nosotros.

…………?……….

— ¿Y si importáramos Nubes bien cargadas de Lluvia? Expuso Cosme, Concejal 

de Esquinas y Bordillos. Así el agua arrastraría la «boina»; y las que sobraran, 

las podríamos guardar en el Almacén del Ayuntamiento.

— Romualdo, Concejal de Rotondas sin Salida:

Mi opinión es que, hasta que encontremos una solución definitiva, tomemos medidas 

para que nos afecte lo menos posible.

Hay que editar un Folleto con las Normas Sanitarias Básicas:

Primero: Respirar una vez sin otra.

Segundo: Hacerlo poco a poco, a sorbitos.

Todos estuvieron de acuerdo en que era la medida más sensata.

Estaba el Alcalde a punto de firmar el Edicto Municipal, cuando se desató 

un vendaval tan fuerte, que se llevo toda la ponzoña que había en el aire.

(En realidad se llevó cuatro motas de polvo, que era lo único que había)

Toda la Ciudad estaba exultante; por fin podrían respirar aire puro.

XXIV

(DENEI)

DEPARTAMENTO NACIONAL DE ESCASA INTELIGENCIA

— Buenos días soldados, espero que estén espabilados, hoy estudiaremos el factor

más importante en una Guerra; antes, durante, y después de ella: La Información.

A lo largo de la Historia, todos los Ejércitos han intentado conocer la posición,

 los movimientos, la táctica, y la situación coyuntural del enemigo.

 Porque teniendo esta información, la Guerra está medio ganada antes de combatir.

Antiguamente, esa información se obtenía mediante el espionaje, el soborno, etc.

Siempre métodos directos. Había que introducirse en la boca del lobo.

Afortunadamente, con la invención de las Nuevas Tecnologías, eso ya no era necesario.

Se crearon complejos algoritmos para las supercomputadoras, que proporcionaban 

todo tipo de información. Información que era muy útil en el transcurso de toda la 

Contienda; pero que fallaban estrepitosamente en las situaciones puntuales, pero 

fundamentales para desequilibrar la balanza, y por lo tanto el devenir de la Guerra:

Las Grandes Batallas. 

Lo que sí descubrieron, es que esa información se encontraba en los Cuentos Infantiles.

Comprendo su estupor. Les pondré un ejemplo.

La Batalla de Waterloo, que como saben, supuso el final de las Guerras Napoleónicas.

Para esta Batalla, el Manual de Instrucciones perfecto, era el Cuento de La Cenicienta.

Tomando los Personajes Principales: La Cenicienta, la Madrastra, las Hermanastras,

el Príncipe, el Hada Madrina de Cenicienta y el Argumento del Cuento:

La malvada Madrastra y las Hermanastras, (Generales y Altos Mandos), maltrataban

a la pobre Cenicienta, (la Grande Armée), incluso le daban la comida justa para vivir.

Así los Aliados supieron que al Ejército de Napoleón le ocurría lo mismo.

Estaban desnutridos, famélicos, débiles y enfermos por la falta de comida,

los malos tratos de sus superiores, y la larga caminata hasta Waterloo.

El Príncipe es el propio Napoleón.

Como se narra; era enano, gordinflón, contrahecho, y más feo que un demonio.

Igual que Napoleón.

Además tenía muy mala salud, y cuando conoció a Cenicienta, sufrió una extraña

enfermedad que lo tenía postrado en la cama sin poder levantarse.

(El Hada Madrina era el Médico personal de Napoleón, había sido comprado por 

los Aliados, y los medicamentos que le daba empeoraban todavía más su salud).

Para complicar más las cosas, unos días después; debido seguramente a su persistente Acné,

su imparable Alopecia, un Resfriado mal curado, y un Tropezón al levantarse de la cama;

 sufrió un Parada Cardiorrespiratoria de hora y media, a raíz de lo cual tuvieron que

extirparle la Próstata, y el Resfriado se agravó hasta el punto de toser de vez en cuando.

Esto fue crucial para los Aliados, pues si las tropas francesas hubieran estado 

comandadas por Napoleón, el desenlace, con seguridad hubiera sido distinto.

De todos es sabido la potra que tenía. A pesar de ser un zoquete, tuvo siempre la suerte 

de cara en todas las Batallas que libró. Llovía a mares en el área del otro equipo, y el 

terreno se embarraba hasta dejarlos inmovilizados; el árbitro señalaba penaltis muy dudosos,

(algunos decían que estaban comprados)

los jugadores contrarios sufrían extrañas indisposiciones durante el partido,

(no se pudo probar, pero seguramente por un laxante en el agua)

En definitiva, al equipo contrario le sucedían todo tipo de calamidades, y Napoleón vencía

sin demasiado esfuerzo, en todos los encuentros.

— ¿Hay algún motivo por el que la batalla fuera en Waterloo?, o fue casualidad.

 — En absoluto, era el Pueblo de donde procedía la familia de Cenicienta.

Y era allí donde los esperaban los franceses. El Ejército Aliado, que sabía esto por el cuento,

la noche anterior los fue rodeando; y al amanecer, antes de que los franceses se levantaran

de la cama, (el hedonismo francés era proverbial), los capturó a todos, y se ganó la Batalla

sin tener que lamentar ninguna víctima. Excepto el Árbitro designado para el encuentro; 

el cual salió corriendo, y que según fuentes aliadas, fue devorado por un león.

— ¿Y que pasó con Napoleón?

— Dado su delicado estado de salud, fue rápidamente trasladado en helicóptero al 

exclusivo Balneario del País de Nunca Jamás, donde vivió el resto de sus días.

 — Espero que haya sido suficientemente ilustrativo el papel fundamental que jugó

el Cuento de La Cenicienta en la derrota de Napoleón.

— ¡Por supuesto! ¡Desde luego! ¡Quién lo iba a decir! 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   

 

 

 

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