Haber tenido que bajarse así, sin elegancia;
haber tenido que caer, en vez de haber volado;
que saltar, pudiendo habernos deslizado.
.
Pero esto es marzo, hay que comer y aquí, en el árbol, nada
– habríamos dicho, de haber podido hablar –
.
Lo que marea no es el mar, ni la altura;
lo que punza y hiere y nubla, después, mucho después,
cuando aprendimos a nombrar, se llamó hambre.
.
Hoy, que no es probable que volvamos a trepar
a un eucalipto,
nombrar el mundo nos sigue pareciendo insuficiente.
Estamos a mitad de algo sin bordes;
cuando creemos ver la orilla, resulta ser una apariencia.
.
Lo que asombra no es esta mezcla de substancias
en discordia; lo que creímos haber tenido y se escurrió
no es lo que duele; lo que nos tuerce, a veces, el perfil,
lo que arrebata el pensamiento es que la cosas, hasta el momento,
no nos hayan podido decir nada.
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