Los soldados estaban bañándose en el río. Las armas, colocadas en pabellón, solo eran vigiladas por los perros del rancho que estaban echados en la orilla. La tropa llevaba cerca de una hora ahí, tratando de soportar el calor y el fastidio.
—Gocho, vamos a ver quién llega primero a la otra orilla.
—Tarás’ loco, yo me quedo aquí tranquilo.
—Ese está cagao. Este río es muy grande pa’ él. Los gochos le tienen miedo al agua; en los Andes los ríos llegan a los tobillos —respondió el Niche.
—Le tengo miedo a los animales que están en el río. Si me sale una baba, aquí me da chance para correr —replicó el Gocho
—Pa’ que sepas, dónde tú estás parado, fácil te agarra una raya y te escoñeta el pie —contestó la Máscara.
Ese era el día a día de los soldados que estaban custodiando la base en la isla Vapor, frontera con Brasil: El teniente metido en su cuarto acostado o haciendo quién sabe qué; mientras que los sargentos Chagui y Rogino, enchinchorrados. Por su parte, Burrito, quien montaba guardia, estaba en el cuarto de comunicaciones.
La tensión que se vivía en el país por la escalada del conflicto en la otra frontera, la que limita con Ecuador, era ajena a estos siete seres humanos. Contaban los días para que les llegara el relevo y pudieran salir de esta zona inhóspita. Aquí eran presas de los zancudos, del calor y del tedio. Andaban como zombis. La distracción era esperar hasta las horas de la noche para recibir un poco de señal de internet. Esta se colaba desde las repetidoras que estaban a una hora de distancia.
La islita en la que se encontraban era pequeña, rocosa. Ni un árbol crecía, salvo un cují enano y una matica de uva playera. Sobre esa superficie se levantaron cuatro casas, muy cerca unas de otras. Las cuatro conformaban la base militar. Además, la isla tenía un puesto de cabotaje muy pequeño. Esto se debía a que el tránsito era muy escaso, ya que en esta zona del país había muy pocas cosas de interés.
—Mi teniente, están tratando de comunicarse con nosotros desde el comando.
El teniente se dirigió al despacho de comunicaciones. En el viejo radio AN/PRC 77 no fue mucho lo que se pudo oír; sin embargo, algo pareció claro: “Tres patrulleros enemigos…en su dirección…activar…defensa”. Nada más se pudo escuchar. El vetusto equipo feneció en ese momento.
El teniente dejó su modorra habitual y decidió actuar.
—Rogino, búscate a los soldados rápido.
— Mi teniente, están bañándose en el río.
—Que se vengan rápido —ordenó el teniente y siguió mandando—: ¡BURRITO!.
—Ordene, mi teniente.
—Intenta comunicarte. Métele mano a esa radio. Haz que funcione.
—Mi teniente, ya este equipo no da para más.
—¡TRATA DE ARREGLAR ESA MIERDA! ¡ES URGENTE!
El ambiente estaba enrarecido. Los soldados regresaron corriendo. Estaban sorprendidos ya que el teniente casi nunca salía de su habitación, a menos que fuese para comer o, de vez en cuando, para meterse en el río. Sin embargo, ahora mandó a uniformarse, a buscar el armamento, la carga básica y a reunirse frente a su comando.
—BURRITO, ¿QUÉ PASÓ CON EL RADIO? —preguntó el teniente.
—Nada mi teniente. No podemos comunicarnos.
—Vente para acá —dijo y giró hacia la tropa que había llegado del río—. Les anuncio a todos que hace rato recibí un mensaje del comando fluvial en el que nos dicen que vienen para acá tres patrulleros enemigos para atacarnos. Vamos a activar el Plan de Defensa.
—Mi teniente, ¿vienen para acá? Aquí no tenemos nada; nos van a matar a todos —contestó Rogino, visiblemente perturbado.
—¿Qué hacemos entonces? Nuestro deber es esperarlos en las posiciones de combate —respondió el teniente.
—Mi teniente, agarremos la lancha y vámonos de aquí. Igualito nos van a matar y se van a quedar con el puesto —sugirió Chagui.
—Mi teniente, yo no me quiero morir por defender esta mierda —el Niche estaba visiblemente afectado por la situación.
—Niche, ¡cállate la boca! El Niche tiene razón, como usted va a dejar que nos maten por nada. Vámonos mi teniente. Mi sargento, está claro que nos van a matar. Igualito se van a quedar con todo —respondió la Máscara, muerto de miedo.
—Mire mi teniente, yo me voy; yo tengo mujer e hijos. Usted no tiene muchachos, por eso quiere quedarse y convertirse en héroe —le advirtió Rogino.
—Yo también me voy, seguro que el Niche también se va y la máscara. —replicó el Gocho
—¡COÑO E’ ¡LA MADRE CON USTEDES, NOJODA! ¿Quién tiene señal para llamar por WhatsApp? —replicó el teniente molesto por la situación
—No hay señal. Eso debe llegar en la noche —señaló el Niche.
—No hay chance de nada. Yo no sé de dónde salen los patrulleros, pero el puesto más cercano del lado de ellos está a tres horas. Antes del mediodía tenemos a esa gente aquí —dijo el teniente
—Vámonos rápido, con la lanchita que tenemos podemos llegar en una hora al comando nuestro que está más adelante —sugirió Chagui.
—Mire mi teniente, no somos rajuchos. En la otra base seríamos más y podríamos defendernos. Además, allá sí llega señal para comunicarnos con el comando fluvial —aseveró Burrito.
—Ok, esto no lo hacemos por miedo. Lo hacemos para unirnos al otro puesto y, entre todos, nos defenderemos si el enemigo agarra para allá. Vamos a sacar la munición y las ametralladoras del parque de armas, además de la radio y lo que podamos de comida. Buscamos eso y nos embarcamos —ordenó el teniente.
La tropa se movió rápido. En treinta minutos estaban zarpando río arriba, rumbo al comando fluvial. Todos iban temblorosos. Ellos sabían que el enemigo tenía drones y les aterrorizaba la posibilidad de que fuesen detectados y derribados en el río por uno de esos aparatos.
Cuando el comando fluvial estaba a la vista y ya tenían señal de WhatsApp, empezaron a llegar los mensajes; pero hubo uno decisivo que recibió el teniente:
“Se cayó la comunicación por radio, no sé si escucharon toda la instrucción. Te la repito: Simulen la llegada de tres patrulleros enemigos en esa dirección, esto con el fin de activar la práctica del Plan de Defensa. Elaboren plan de evacuación de acuerdo
a lo que vean en la práctica.
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