Apego es lo que tuve incluso llegué a pensar que adherirme a esos sentimientos había sido reforzado con un pegamento contra todo, todo lo bueno y malo de manera que por más que lloviese o incluso un viento jamás pudiera separar.
Recuerdo que mi prioridad era complacerte en todo, detalles, canciones, cartas, publicaciones y demás no eran suficientes para decirle al mundo, te amo.
Y de que sirvió, es lo que me pregunto después de tanto tiempo. Entonces la respuesta es clara, para ti nada, para mi todo. Eso lo único que me demostró es que era capaz de amar de alguna forma sin contexto, pero mi fin siempre fue dar para demostrar cuando simplemente un beso, un abrazo o mirar un atardecer mientras cuento o escucho el miedo o sueño más profundo era capaz de generar una conexión profunda con la persona que se ama.
Me costó aprender, pero lo hice, fue como una visión de mí misma a través de los ojos de alguien más. Mis amigos me decían: te mereces a alguien mejor, no mendigues amor, mendigar, decía yo todo aturdida de la realidad y es que si, podía tener dinero, pero amor propio era aquello que me faltaba.
Sentí pasar por mi vida un mundo de estaciones, en donde florecía la esperanza absurda de continuar con quien ya no debía, caía mi dignidad como hojas de otoño, y las lágrimas tras cada decepción eran un verdadero invierno y al final solo era el verano que debía pasar para darme crecimiento de pensamiento y sentimientos para cicatrizar esas heridas abiertas que por más limón que se echase parecía no tener la capacidad de cesar su sangrado.
Me sentía sola estando contigo, no tenía el calor de una palabra tranquilizadora cuando mi padre murió, entonces de que va el amor me pregunte una y otra vez si tu dolor no le duele a quien uno dice querer o amar, no, no te niegues decía esa voz interna una y otra y otra vez en mi cabeza.
Quizás fue esa falta de consuelo lo que me hizo entender que no estabas conmigo, eras un saco de huesos desde este punto de vista. Fue entonces el final de tanto daño, porque miles de fotos juntos podían estar en papel, pero en el corazón tenía más papeles pendientes de firmar para terminar ese contrato absurdo de fidelidad y compromiso que tenía con quien no me amaba. Mi polo opuesto, la risa encantadora que no fue para mí, pues mi guitarra en cada nota entonaba no era posible sin el movimiento de mis dedos, sino que necesitaba del vaivén de mis emociones equivocadas.
Y no, no solo murió mi padre, sino la vida falsa que quise vivir a tu lado. Todos morimos aquel día, y no es porque había más personas entre nosotros, sino que recogí lo que permitía engancharme a ti sin motivo.
En mi dormitorio he recolectado una caja grande de recuerdos, los saque y los queme mientras lloraba, quizás por aceptar que tú y yo no existíamos porque ya no tendría un «buenos días, mi amor» por parte de mi padre. Lo sentí liberador al acto de soltarme de ti.
No quiero morirme sin sentir ese amor del que mi padre tanto hablaba y dijo sentir por mi madre. Hoy tomo el sol y parece que el corazón no dejo cicatrices al descubierto pues ha practicado kintsugi, experimento el consuelo de poder ver más allá de lo conocido.
Y hoy un te quiero, es un silencio de cada vivencia. Y si, sonrió recordando todo aquello que hice y lo cursi que pude haber resultado, pero qué más da, lo acepto y me responsabilizo de mi actuar, no es el final sino el comiendo de mi nueva versión, no te debo y tampoco me debes nada.
Pude sentirme sola contigo, pero hoy estoy conmigo iniciando una vida como cuando nace un niño con la ventaja de la experiencia de que no duele si te nombro.
OPINIONES Y COMENTARIOS