Carta hacía el otro mundo.

Carta hacía el otro mundo.

Eduardo Mejía

19/01/2026

Planeta Tierra, 19 de enero del año 2026 después de Cristo.

Hola, mi cielo.
Espero que estés bien, donde quiera que estés. No sé si de ese lado se come, ni si la rutina se ordena en alguna clase de agenda multiversal, pero sea lo que sea que estés haciendo, estoy seguro de que la estás pasando muy bien.

Aquí, donde nos dejaste, todo sigue siendo un caos. Desde que te fuiste las cosas se volvieron más grises. El planeta parece haberse descompuesto: apareció un tornado en la ciudad —nunca había visto uno aquí—, los reos de todo el país se rebelaron y atacan a los policías, que ahora patrullan como animales heridos, dando vueltas sin sentido. Creo que la inflación subió.
Y tu familia… tu familia está devastada.

Tus hermanos aparentan frialdad, pero nadie soporta ver tu rostro en una foto sin quebrarse. Tu papá y yo tuvimos una conversación profunda, de esas que solo nacen cuando ya no hay nada que fingir. Hablamos de ti, de la falta que nos harías y de lo injusto que fue el destino  o Dios  contigo. Él todavía lo respeta. Yo no. Si existe y puedes verlo, seguro estará molesto conmigo. 

Tu mami y tu abuela se cerraron como libros que ya no quieren ser leídos. Casi no hemos convivido.

Conocí a mucha familia tuya. Mucha. Gente que nunca había visto. Todavía me pregunto de dónde salieron tantos canches.
Te velamos en un lugar sencillo, no elegante, pero acogedor. Hubo un trompetista en el sepelio: uno de los mejores que he escuchado… y también el más imprudente. Terminó de tocar y de inmediato le estaba cobrando a tu pobre papá, mientras él seguía atrapado entre abrazos y dolor.
En fin, fue todo un evento. Pasaron cosas trágicas, absurdas, incluso graciosas… o al menos cosas que a ti te habrían dado risa.

Ya no he vuelto a hablar con ellos. Tu familia quedó al margen de mi vida. Me han invitado a algunos eventos, pero he preferido mantener distancia. Cada cosa que me recuerda a ti es una puñalada más al corazón.
Crepas. Parques donde estuvimos. Anuncios de esa serie. O simplemente el recuerdo de uno de tus abrazos. Todo me desarma.

Espero que tú no estés sintiendo nada parecido. Y si lo estás… entonces abracémonos, hasta fundirnos en uno solo.

¿Sabes por qué estoy peleado con Dios?
Porque al final estuviste sola en ese hospital. Yo  o cualquiera de tu familia  debió estar ahí. Pero ni las condiciones ni esos estúpidos doctores nos dejaron.
De ti solo nos quedó aquella despedida, en la que te prometí que iba a bajarte el cielo y las estrellas cuando salieras de allí.

Me da curiosidad imaginar cómo es el lugar en el que estás.
¿Hace frío?
¿Cómo se ve tu ser?
¿Hay música?
¿Puedo verte desde aquí o tengo que esperar a morir?

Creo que de todas esas preguntas solo conozco la respuesta de la última.

Al final solo te adelantaste un poco. No faltará tanto para que yo te alcance. Mientras tanto, me será difícil acostumbrarme. Si ya unos días sin ti me fastidiaban, no quiero imaginar décadas. Pero si tienes oportunidad de visitarme, hazlo. Yo también buscaré la forma de ir a verte.

Te mando un abrazo fuerte, caricias y millones de besos, de esos que te gustaban.
Te amo, mi princesa.

Etiquetas: dios

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS