El Tribunal del Tiempo abre sesión.
Entra un hombre con la mirada encendida.
No es fuego de pasión.
Es fuego de ceguera.
Trae en las manos una pancarta arrugada
y en la espalda el peso de todas las puertas que se cerraron por su causa.
No parece arrepentido.
Parece confundido, como quien defendió algo tan fuerte
que dejó de escuchar todo lo demás.
El Tiempo lo observa sin temor.
Ya ha juzgado a personas dominadas por el odio,
por el miedo, por la ambición.
Pero el fanatismo tiene un tono distinto:
el falso brillo de quienes creen que solo ellos ven la verdad.
I. Recepción de Testigos
El primer testigo es una pancarta rota, con tinta que alguna vez gritó consignas.
—Él me levantó como escudo —dice—. Pero también me usó como arma. Cada vez que discutía con su familia, me sostenía a mí en lugar de tomar una mano.
El segundo testigo es una mesa familiar vacía, convertida en un espectro.
—Yo escuché las discusiones —declara la mesa—. Cada comida se volvía campo de batalla. Los demás dejaban de venir… él seguía hablando solo.
El tercer testigo es un amigo de toda la vida, ahora solo una silueta gris en la sala.
—Éramos hermanos hasta que todo se volvió debate —confiesa—. Él dejó de preguntarme cómo estaba. Solo quería convencerme.
El cuarto testigo es un libro sagrado / ideológico, que no habla con orgullo… sino con culpa.
—Yo no pedí ser excusa —murmura—. Él dejó de leerme para interpretarme. Y en su interpretación perdió compasión.
El último testigo es una silla vacía, la de alguien que se fue para no volver.
—Yo fui el límite —dice la silla—. Lo amaban… pero él dejó de amar a cualquiera que pensara distinto.
El fanático se encoge, por primera vez inseguro.
Nadie lo juzga por creer.
Lo juzgan por destruir en nombre de lo que creía.
II. Examen de los Hechos
El Tiempo despliega la cinta de su vida.
Se ven:
• discusiones interminables en redes
• peleas familiares que terminaron en bloqueos
• amistades rotas por posturas
• noches enteras viendo videos que confirmaban su verdad
• la incapacidad absoluta de escuchar
• la obsesión por tener razón
• el placer oscuro de sentirse “superior”
El hombre intenta justificarse:
—Yo solo defendía lo correcto.
El Tiempo se acerca.
—¿Correcto para quién?
La cinta muestra un instante devastador:
Su hija llorando mientras él grita por política.
Su madre cerrando la puerta para evitar escucharlo.
El amigo que se fue sin despedirse.
El abrazo que nunca dio.
La llamada que ignoró porque estaba ganando un debate inútil.
El Tiempo le dice:
—Confundiste firmeza con violencia.
Convicción con intolerancia.
Verdad con soberbia.
El fanático baja la cabeza.
Finalmente entiende que perdió más que discusiones.
Perdió gente.
III. Sentencia
La sala queda en un silencio que no es paz.
Es ausencia.
El Tiempo dicta:
—No te culpo por creer.
Te culpo por dejar de ver al otro como humano.
El hombre tiembla.
—El fanatismo —continúa el juez— es el arte de estar tan seguro, que ya no ves el daño que causas. Le diste más importancia a la idea que a las vidas. Confundiste causa con cariño.
La sentencia final cae como un golpe seco, pero necesario:
—Tu condena será mirar de frente a todas las personas que expulsaste de tu mundo… y pedir perdón aunque no te lo den.
Luego añade, con una voz que corta:
—Y aprender que ninguna idea vale más que una relación humana.
El reloj marca 03:17.
La hora en que las certezas se caen… y la humildad empieza.
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