Cinco microrrelatos realizados para una actividad de Halloween.
El inocente
“Cómo un niño pequeño”, lo describían algunos, ya que, a pesar de su alta estatura y edad, tenía la mente de uno. Le gustaba corretear en su hogar, le encantaba divertirse con sus desgastados muñecos y comer dulces hasta empalagarse; tenía una inteligencia diminuta, le costaba incluso la alfabetización. Por ello, les parecía insólito como lo llevaban esposado.
Sin embargo, en su interior se hallaba otro gusto, uno culposo. Le gustaba irrumpir en las casas, en especial la de aquellos sedentarios que nadie veía salir, le encantaba aturdirlos a golpes y así más fácilmente meter sus manos por el abdomen, tenía un gustito cálido y divertido aquella ectopia entre sus dedos; lo mejor, la sensación de las vísceras moviéndose por su boca.
A llantos y ahogos se lo llevaron a prisión. No tuvo clemencia ni trato ligero, pues aunque era un niñato, era un niñato con veinte homicidios a su nombre. Fue un horrible milagro que no fuera atrapado antes.
En el juicio su actitud fue igual, incapaz de no llorar un solo momento. Su abogado argumentaba su arrepentimiento, no obstante, en el estrado, unas palabras murmuró:
—Mi mamá me va a regañar.
Inhumano
Le mordió la cara. Sus colmillos desgarraron la mejilla izquierda y el ojo derecho, sus incisivos se llevaron la nariz; los molares lloraban inútiles, pues era un despliegue de violencia y no uno de hambre. La anciana pidió auxilio unos segundos antes de que se ahogara en gárgaras de sangre.
Cuando la policía llegó, entre gemidos y bufidos de lobo procedente del atacante de cuatro patas, divisaron que el rostro de la pobre mujer era una plancha roja y sangrienta.
Levantaron sus armas contra la bestia, un chico de diecinueve años que les gruñía con furia.
Sierra sin filo
El cazador de críptidos se arrepentía de reírse del pato-vampiro. Lo pensaba ridículo y caricaturesco, no esta bestia que desentrañado lo dejó en el barro.
Tampoco imaginó que su aparentemente inofensivo cuerpo sería tal detrimento, pero el pato-vampiro abrió el pico y lo arrimó contra su cuello. En esa carencia de dientes absorbió por largos minutos. Largos minutos de dolor cuando la piel estirada se desgarraba de la carne y la sangre salía exudada desde ahí.
Iba a morir, ¿pero por qué tan lento? Suplicaba mudo a la noche, y esta respondía el ruido de los grillos y el viento.
La jaula
La jaula de tiburones se abrió de golpe, un estrépito metálico que llamaba al inicio de un carnaval sangriento. De él vimos únicamente el primer mordisco, el cual opacó las aguas de rojo hasta la superficie. Espuma revoloteante. Las súplicas. El temblar del bote buscando qué hacer. No escuchamos gritos de dolor, pero resonaba en nuestros oídos como si lo hubiera, con cada trozo de pierna y brazo arrancado estremeciendo nuestros cuerpos.
Logramos rescatar solo su cabeza, que eternamente expresaba el horror de ser devorado vivo.
Sustento
Soñé con mi padre previo a despertar. Tuve la mala suerte de dormir sobre raíces, antes de abrir los ojos ya era presa de la enredadera. Me duelen las piernas. Me duelen los brazos. Me duele respirar, y si intento hacerlo por mi cuenta, duele todavía más. Mi autonomía se acabó, me he vuelto la consciencia de un cuerpo muerto.
Hoy caminando sin rumbo encontramos a mi hermano recostado en el umbral. Me atormentan las rodillas, me atormentan los hombros. Lanzo alaridos mudos. Nuestro cuerpo se precipita sobre él, clavando nuestra mano en su abdomen y ahorcándolo con la otra; llevamos las palmas llenas de intestinos a nuestra boca, sustento de la enredadera. Quiero vomitar, pero eso también lo controla. Acabado el festín de entrañas, nos recostamos para que eche raíces. Despierto, mi hermano es una marioneta de huesos y piel, hilos de hiedra.
Deambula. Veo cientos de marionetas, pocos como yo: un transporte in vitro, un procesador de nutrientes, sustento. Se alimenta como un perro hambriento. Tiene el estómago lleno. La dentadura destrozada. Me pregunto si esta tortura es suya. Que me la comparte, como la sangre que fluye de la garganta a sus raíces. El sabor no mejora con los años. Dudo que el dolor tampoco lo haga.
Hoy, destrozó a una embarazada y en su vientre se acostó. Sueño, mi padre me mira con horror, pues me abalanzo sobre él. Sustento, todo lo que él es, sustento.
Ah. Mis sueños y memorias, son suyos también.
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