LA CIUDAD MEDIEVAL
De Alberto Grohmann
Traducción de
Nahuel Valenzuela
Copia para la catedra de italiano.
Introducción.:
Durante la edad media viene constituyéndose una entidad Romano-Germánica que se cualifica como un espacio unitario respecto a bloques cincurdante (musulmanes, Bizantinos, Eslavos y Escandinavos-Fenicios). Después de la caída del imperio Romano hay una rarefacción. Centro Urbano, Expiración de esas Funciones políticas, económica, administrativa: Florece de nuevo la ciudad asumiendo en una nueva realidad, homogeneizada de cristianismo con una económica agrícola, rol pujante. Espacio Urbano, movimientos, hombres, mercancías, capitales, cultura se convirtieron en un punto nodal de gran trama con el que Europa absorbió sus elementos.
De diversidad y novedad provenientes del mundo externo, adoptándolas a enseñanzas propias y transformándolas en un bien preciso de forma cultural, luego reexportada; El espacio urbano es marcado por segundo. De grandes construcciones, en una sociedad en profunda transformación.: Ciudad crisol en continua evolución, donde diversidad represento suficiente para despertar la imitación.
1- La ciudad europea, de la Profunda Crisis al renacimiento.
1 definición.:
Conexión estrecha, tras el renacimiento Urbano del Siglo X al XI es el nacimiento de esta como una entidad distinta. Isidoro de Sevilla destaca como el término “ciudad “es el doble sentido (Romano) de Urbs1 y de Civitas (ciudad entendida como ciudadanía) presupone la presencia de muros que se separaban del espacio circundante, ambos un grupo de hombres que perciben su unidad/ Diferenciando respecto que los de afuera. Agregando humanos para ser una ciudad que debe dotarse juntos con racionalidad de población que se reconoció en un poder y que ellos perciben superioridad y respeto al mundo circundante, en términos de poderes, Riqueza y cultura.: Ciudad y primera de todos los estados de animo (Lopez).Existiendo de colectividad Humana cuya posibilidad de supervivencia crecía como material determinante de vastas series de condiciones y informes económicos, políticos, sociales y culturales; conjuntos de viene, trato culturales, modos de intereses.
La ciudad llega a acuerdo como Organización de personas libres que fundan fuerza en ius Civitatis2. La ciudad medieval es el ejercicio de tres poderes, el poder religioso/laico, el del intercambio entre áreas agrícolas y no agrícolas, las producciones no agrícolas se volvían sedes de economías monetarias, más esencialmente, espacios donde la pluralidad de funciones se manifestaba requiriendo un uso de la estructura arquitectónica publica/privada y de tipo estrecho vinculo que da la edad media determinándose entre ciudad y símbolos del espacio urbano, entre ellos podemos decir (muros, puertos, iglesias) y en territorio (cuarteles, caminos) otras funciones principales de la ciudad se encuentra en el ámbito de la aplicación denotando en especificaciones de las ciudades medievales.:
1(forma en la cual los romanos de la era clásica describían sus ciudades) / 2(manera de describir al pueblo o ciertos grupos de población de la edad media y la era clásica).
- Policentrismo, convergente eje central en las plazas, iglesias y palacios públicos.
- Verticalización (Prestigio, defensa, simbología del poder, altos valores de suelo)
- Jerarquía Urbana (Nudo comercial, producciones y banco, centro de poder político)
- Lugares de ejercicios económicos (Bodegas, Fundaciones, Logia, Gremio)
- Lugares de vida espiritual (iglesias, abadías, fredurias)
- Lugares de ejercicio de poder (Fortaleza, palacio publico)
- Lugares de vida administrativa
- Lugares de cultura (monasterio, universidad)
- Lugares de sociabilidad (taberna, hostal, burdel)
2 de la edad de la crisis a la del renacimiento.:
Desde el siglo III se comenzó una invasión de barbaros en las antiguas ciudades romanas que se encontraban en decadencia, creando una pausa en ese mundo circundante, de la cual quitaron toda su vitalidad. Para defenderse se restringieron y se alzaron muros, copando las afueras de la vida urbana y llendo a las zonas periféricas. En las ciudades se acumularon las riquezas, Los ataques bárbaros se concentraron allí y las ciudades que sobrevivieron tenían función de sedes de administración religiosa y de guarniciones militares. Poblaciones se fugaron de los centros urbano iniciando a dispersarse, y los pocos puntos de coagulación se convirtieron en las abadías benedictinas y residencias feudales; el territorio, caracterizado por grandes extensiones boscosas, reprimiendo contra el viento de la ciudad: la Producción citadina se descompusieron, los comercios se disminuyeron, la moneda se volvió un bien raro y escaso de utilidad, las estructuras sociales se volvieron arcaicas, la pobreza creció exponencialmente junto a los niveles de educación, tocando niveles mínimos y la sociedad asumió connotando dos caras (clero/nobles contra clase trabajadora en posiciones de servicios).Generalizando crisis sociales, económicas y culturales favoreciendo mayores de competencia entre norte y sur (uniformarían del cristianismo); invasiones musulmanas en el mediterráneo disminuyeron lazos entre el área de Europa Meridional, Cercano oriente y costas del norte de África.
Del siglo X hasta la primera mitad del siglo XIV, se manifiesta desarrollo económico: incremento demográfico, masificación urbana en algunas áreas, renacimiento de la ciudad y mercados, producciones artesanales, Comercio a base monetaria: Producciones Agrícola y Urbana aumentaron de más la población; Creciendo las redes de consumo global y capital productivo. Renacimiento in primis3
sostenida por acciones laborales agrícolas, encontrando elementos de fuerza en capital monetario y en sus funciones mercantiles, que en una serie de ámbitos europeos se traduce en profundas modificaciones en campo económico, civil y cultura en la ciudad con su economía. El sistema político, sus reportes sociales y culturales devienen centro de agregación de tal nueva realidad, y junto con esto a las difusiones del gótico hizo asumir características especialesàadoptando vida a la nueva sociedad, i cuyos valores basaron las riquezas y el renovado gusto por lo bello, lujoso, el reapropia miento de culturas Doctas (Cultas). Creando Singulares espacios culturales que se vinculan siempre a más sistemáticos, caminos que consentían el renovado movimiento de la humanidad, Ganado, mercadería, capitales, cultura àhábitos, gustos, modos de relacionarse, técnicas de contabilidad, sistemas de gestiones, formas jurídicas institucionales, estructuras arquitectónicas y tipologías urbana edilicias siempre más homogéneas.
El tipo de la población es mas difuso en cuanto deviene a la aldea (circundante de muros, el Castrum o abiertos de la aldea); entorno al núcleo principal surgieron casos insólitos en el campo a el uso de los trabajos agrícolas. Ciudad, castillos, aldeas, casas dispersas, iglesias, monasterios, conventos, hospicios que devienen elementales. Del bello paisaje de cual se va renovando al gusto y del cual se analiza la toponomástica y índice, es un paisaje urbano y que se entraña de masivas instalaciones humanas.
La historia de la ciudad europea occidental, especialmente la de los espacios donde la acción disruptiva del mercado, se confronta del particularismo de economías locales y en los que se resguardo del singular poder económico, y mas evidente, mostrando como grandes fortunas se realizaron entre los limites de las murallas, gracias también a él suporte de la politica y de la organización del estado, que de la suma de beneficios acumulados del ciudadano encuentra su fuerza.
3 la ciudad deviene en el alma de un nuevo modelo económico.:
Principios/técnicas encaminadas a maximizar las ganancias individuales/corporativas, con racionalización se convirtieron en elementos de fuerza a partir del siglo XIII dentro de las compañías mercantiles individuales, en particular las italianas. Esta nueva forma de operar generó una mentalidad diversificada, que para su valorización se exige al individuo bueno seleccionando espacios determinantes y estructuras edilicias y urbanísticas que favorecieron encuentros entre demandas y ofertas de los hombres, bienes, mercados y capital, y consistieron en un control y salvaguarda de producción de parte individual titular de aquellos capitales, Miembros y grupos del consorcio con colectividades estatales; afirmaciones graduales de las divisiones de trabajo que se traduce en divisiones espaciales en la generación de funciones tipológicas y de diario uso de las edificaciones, generando una jerarquía en el ámbito urbano.
La principal causa del renacimiento urbano es el renovado papel del mercado/comerciante, que, mediante actividades de mediación entre los espacios rurales y el mundo urbano, y entre las ciudades, logra transformar el dinero y los bienes en capital. Tres etapas corresponden a tres fases de desarrollo, declive y estancamiento de la economía y la geografía urbana: no son sincrónicas ni tienen la misma duración en diferentes contextos, pero el modelo económico es idéntico y, una vez generado/probado en los siglos XIII y XIV en Italia, el ingenio humano, el intercambio de conocimientos/experiencias y las relaciones económicas e interpersonales lo aplicarán donde surjan las condiciones favorables, dando lugar a una homogeneización de espacios y arquitecturas con valor tipológico, y a la codificación de un nuevo sistema de valores en comparación con el mundo feudal. En la primera fase, los comerciantes, que se agrupan bajo reglas comunes, obtienen ingresos cada vez mayores gracias a las ganancias obtenidas mediante actividades de mediación entre sectores con diferentes etapas de desarrollo, así como a las ganancias usurarias derivadas del comercio de dinero y la capacidad de acumular bienes/productos en épocas de abundancia para comercializarlos en épocas de escasez, a pesar de las recesiones económicas o las transacciones fallidas. Las ganancias les permiten reinvertir una parte creciente del capital en posteriores transacciones de venta, mercantilizando el valor de los bienes y la contribución del trabajo humano. El desarrollo del mercado genera un flujo migratorio hacia las ciudades (el deseo de las clases menos pudientes y la pequeña nobleza terrateniente de aumentar sus ingresos y mejorar su estatus social; la agudización de las contradicciones internas dentro del sistema feudal de producción rural, que tiende a volverse cada vez más opresivo, generando primero la acumulación y luego la expulsión de la fuerza de trabajo). El aumento de la población urbana, que determina la expansión de las murallas de las ciudades, se traduce en mayores necesidades entre las poblaciones no agrícolas y, por lo tanto, no directamente involucradas en la producción de bienes de primera necesidad, lo que conlleva la necesidad de mejorar la producción agrícola y la especialización laboral, brindando a los poseedores de capital monetario la oportunidad de lograr importantes economías de escala.
En la segunda fase, la naturaleza internacional del comercio permite que el mercado penetre en espacios cada vez más nuevos, y existe una tendencia a reducir las desigualdades entre zonas con diferentes niveles de desarrollo económico. Competencia generada por inmigrantes. Los nuevos centros/entidades en el área comercial se traducen en una tendencia a la baja en las tasas de ganancia -> necesidad de diversificar las fuentes de ingresos -> ampliación de la canasta de productos y, posteriormente, mayor atención a la producción artesanal, que aspira a incorporarse al comercio a gran escala -> necesidad de dotar a cada vez más zonas urbanas de instalaciones útiles para la producción, principalmente textiles, cuero, madera, metales, cerámica, vidrio -> explotación progresiva de los productores nacionales, quienes, al perder la propiedad de los medios de producción, se transforman en trabajadores asalariados; la tasa de ganancia parece detener su declive; las empresas originalmente mercantiles deben estructurarse de forma más compleja, a medida que la actividad empresarial se suma a la de distribución -> el capital mercantil empresarial
debe intentar dominar todo el ciclo desde la adquisición de materias primas, la producción de productos terminados y su venta -> ciclo económico, en la primera fase dinero-mercancía-dinero, debe incluir todos los segmentos
dinero-mercancías (convertidas en materias primas)-productos-dinero -> sistema. Conexiones complejas entre la sede de la empresa
y las sucursales periféricas. Los continuos intentos por frenar la caída de la rentabilidad en diversos sectores impulsan a los empresarios a establecer sus propios socios/factores en las distintas sucursales de la empresa para analizar el mercado y sus tendencias, aprovechar con prontitud las tendencias económicas favorables y anticipar las desfavorables, crear conexiones con los potentados locales para obtener privilegios/exenciones -> movimiento de personas/culturas, influir en modelos/tipologías arquitectónicas más adecuados para la obtención racional de beneficios y generar consenso.
En la tercera fase, las ganancias de los comerciantes-empresarios comenzaron a disminuir cada vez más rápidamente debido a la competencia en el mercado internacional de países que anteriormente se caracterizaban por ser exportadores de materias primas o productos semiacabados (Flandes e Inglaterra). Además, las producciones italianas, antaño dominantes del siglo XV, se estaban volviendo demasiado caras, debido también a la persistencia de una estructura corporativa rígida que, al dividir la producción en fases, incrementaba los costos y, por consiguiente, los precios. Además, la actividad empresarial llevó a los comerciantes-empresarios italianos a buscar/obtener nuevas áreas de acción, por ejemplo, explotando el capital/energía de los territorios al este del Elba, antaño marginales, ahora gradualmente incorporados al comercio a gran escala, lo que, junto con otros factores, expandió las formas arquitectónicas y las tipologías urbanas. El capital se desvió del comercio y la producción y se dirigió hacia la banca y la tierra (con ingresos superiores a las ganancias), y se esterilizó parcialmente mediante la inversión en arquitectura y obras de arte, y el consumo de bienes de lujo. Los estados regionales italianos, en gran medida sometidos a potencias extranjeras, ya no podían aplicar una política económica general y de amplio alcance. Las ciudades, basadas en artesanos y comerciantes, se ennoblecieron gradualmente y se convirtieron en la residencia de terratenientes.
Entre los siglos X y XV, la Unión Europea no fue una realidad homogénea. Las zonas occidentales, dominadas en gran medida por el entorno agrícola y su producción, se desplazaron desde pequeñas zonas rurales para converger en los mercados locales y luego, para productos de mayor valor y menor volumen/peso, se trasladaron a los mercados regionales, nacionales y, finalmente, a los grandes mercados internacionales. Las mercancías que circulaban en el mercado europeo eran producidas directamente por empresas agrícolas (grandes haciendas feudales o microempresas gestionadas directamente) o eran el resultado de la transformación de materias primas rurales en un entorno urbano con trabajo especializado. Un bien más raro y codiciado que facilita las relaciones de intercambio, que homogeneiza los valores, que es su medida común, que permite su desplazamiento a través del tiempo y el espacio y la acumulación. Es el dinero y sus sustitutos; Transformado en capital por el empresario, quien se convierte en capitalista al incorporar capital y actuar para aumentar los ingresos, lo que resulta en una función homogeneizadora del capital monetario.
A finales de la Edad Media, el capital monetario se aceleró gracias a las acciones de las élites internacionales que se solaparon con los espacios nacionales. Las técnicas contables y los sistemas de pago, desarrollados en las empresas mercantiles italianas de los siglos XIII y XIV, se difundieron ampliamente y se perfeccionaron.
4 Una mutada Geografía Urbana.:
Edith Enne distingue tres zonas principales: a) Norte de Alemania y Escandinavia, donde Roma no tuvo influencia; b) Inglaterra, norte de Francia, Países Bajos, Suiza, Renania, sur de Alemania y Austria, donde las ciudades desaparecieron con la caída del imperio, pero donde, en la época del renacimiento urbano, se conservó la huella romana; c) Italia, España y sur de Francia, donde las ciudades, que habían decaído en la Alta Edad Media, continuaron existiendo y demostraron una continuidad con el mundo antiguo.
A finales de los siglos X y XI, el modelo urbano se reafirmó claramente en el sur de Francia y, gracias a la fuerza disruptiva de una economía de intercambio basada en el dinero, se exportó a una zona más amplia del continente. En la fase inicial, la influencia de este nuevo modelo se sintió con mayor intensidad en las rutas terrestres que conectaban Italia con el área flamenca/inglesa, y en las rutas marítimas que conectaban la Europa cristiana con el mundo árabe/eslavo. Tras la depresión causada por los trastornos generales de la Peste Negra y la crisis sistémica, la feria comercial de Champaña-Flandes, el flujo cambiante de personas y mercancías por las carreteras implicó que nuevas formas de asociación, economía y cultura también influyeran en áreas externas a los sistemas de relaciones originales: un modelo urbano aplicado en el este en los territorios alemanes, checos y eslovacos, en la costa adriática oriental, en Polonia, Hungría e incluso en las estepas rusas, y en el oeste se expandió con mayor rapidez e intensidad en Francia y posteriormente en la Península Ibérica.
El éxito de Otón I sobre los húngaros (955), la reconquista bizantina de Creta (960) y la reconquista cristiana de los sarracenos trajeron prosperidad a las comunidades europeas ribereñas del Adriático y las costas del Alto Tirreno (Venecia, Pisa, Génova), que asumían un papel hegemónico, monopolizando los flujos de comercio a gran escala. La inventiva humana permitió la creación de un modelo fundamental destinado a mejorar y transformar los bienes. Valor de uso en valor de cambio -> crecimiento del valor de los bienes, a través del movimiento espacio-temporal, que se traduce en aumentos en la satisfacción de necesidades, cambios en la formación de ingresos y su distribución, acumulación de bienes/dinero que los emprendedores comerciales en ciernes transforman en capital, y la multiplicación/expansión de los espacios urbanos, que se enriquecen con estructuras edificadas directamente vinculadas al ejercicio/modificación de la economía y útiles para demostrar la fortuna de individuos, grupos y clases -> relación inseparable entre economía, poder y estructuras materiales.
En Venecia, Pisa, Génova y muchas otras ciudades, ya se puede percibir, entre los siglos X y XI, la feliz combinación de iniciativa empresarial, libertad política e invención espacial (un requisito previo para que la ciudad, su economía, cultura e instituciones encuentren un campo de aplicación exitoso).En el siglo XV, las ciudades, en zonas de mayor desarrollo económico y civil, son un elemento clave de la historia del continente. Las edificaciones temporales del pasado son reemplazadas por arquitectura de piedra y ladrillo, testimonio de la prosperidad de ciertos espacios y la fortaleza de sus habitantes.
A partir del siglo XI, especialmente en el centro y norte de Italia, el renacimiento de la economía urbana/comercial-artesanal tendió cada vez más a diversificar los espacios urbanos y el mundo rural, en términos de prosperidad económica, cambios sociales, relaciones institucionales y esferas culturales. A partir del siglo XV, la ciudad y el campo se convirtieron en mundos completamente opuestos, y dentro de los espacios amurallados, con sus funciones de mercado y producción artesanal, podían surgir diferencias, mientras que fuera, el mundo rural, más uniforme y de mucho menor nivel, es cada vez más explotado por el capital urbano, empeorando las condiciones del trabajador dependiente y creando una brecha entre las condiciones de vida de campesinos y ciudadanos, lo que genera alienación y rechazo. En la Edad Media, era la economía la que regía el equilibrio de las ciudades-estado (de la economía, esencialmente mercantil, provenía el capital que permitía la expansión de los perímetros urbanos, la construcción de catedrales y palacios públicos, el armamento de los ejércitos para contrarrestar los poderes feudales y la organización de una estructura burocrática; de los comerciantes provenían los súbditos dominantes, debido a su riqueza, cultura y espíritu emprendedor, quienes, junto con miembros de gremios artesanales y profesionales liberales, se ponían al frente de las nacientes ciudades-estado). En las ciudades-estado (particularmente en el centro y norte de Italia, donde se generó el modelo de ciudad mercantil), la economía y la política se combinaban armoniosamente en una forma republicana.
La Jerusalén celestial. En la cultura medieval, la ciudad ideal era Jerusalén, civitas dei, que abarcaba todos los elementos de perfección de una sociedad urbana renacida; se identificaba con el Santo Sepulcro. La ciudad como refugio, un respiro del caos y el peligro.
La nueva Jerusalén: Roma, un tesoro de «maravillas». En la novela medieval imaginaria, Jerusalén se convierte en Roma, la sede vicaría de Cristo en la tierra; el recuerdo del antiguo esplendor de la ciudad imperial se ha perdido, pero los restos evocan una época dotada de un poderoso atractivo. Multitudes de peregrinos, viajeros, comerciantes y banqueros, procedentes de toda la cristiandad, perciben los restos como maravillas y a menudo traen consigo fragmentos de ellos. El descenso de la población, las zonas pantanosas y palúdicas reaparecen, la gente se reúne en pequeños centros defensivos, restos de antiguos monumentos. La presencia de la sede papal significa que Roma, a diferencia de otras ciudades contemporáneas, es esencialmente una ciudad de servicios; a partir del siglo XII, en conexión con la formación de la comuna ciudadana, comienza a surgir el desarrollo económico, social y político, lo que se traduce en una reestructuración. Urbanización -> Aunque la agricultura sigue siendo la piedra angular, las actividades comerciales, bancarias y artesanales adquieren un papel fundamental -> Desarrollo de nuevos barrios. La construcción de nuevos edificios seculares y religiosos aumenta las ruinas, ya que la arquitectura antigua se utiliza como cantera de ladrillos y materiales de piedra, y la sucesión de inundaciones, incendios y terremotos contribuye a la transformación del espacio urbano, haciendo que los vestigios clásicos antiguos pierdan su significado. El traslado de la sede papal a Aviñón (1309-1377) y la peste negra provocaron una crisis económica y la desviación de capitales y personas. Bajo el reinado de Martín V, experimentó una transformación radical, convirtiéndose gradualmente en un renovado centro de la cristiandad y un lugar donde un nuevo modelo de vida noble se traduciría en nuevas formas arquitectónicas y renovadas expresiones urbanísticas.
2-Formas, zonas y perímetros Urbanos.
1. Una imagen cambiante
El crecimiento demográfico se aceleró después de mediados del siglo X y, hasta mediados del siglo XIV, el sistema económico que lo sustentaba no presentó obstáculos, a pesar de las guerras y las hambrunas. El crecimiento demográfico en las antiguas ciudades fortificadas que sobrevivieron a las invasiones bárbaras inicialmente resultó en un aumento de la densidad de residentes dentro de las murallas (saturación de las áreas edificadas restantes y aumento de la altura de los edificios), pero posteriormente, sin embargo, impidió que los residentes encontraran espacios residenciales o laborales adecuados. Alrededor de los recintos amurallados, surgieron así suburbios, a menudo más grandes y poblados que los centros originales. La Alta Edad Media presenció el declive de las ciudades: la cultura, el centro del poder y la economía se fusionaron en monasterios, castillos feudales y la corte imperial (que continuó siendo itinerante). A pesar de esta «anemia urbana» (lombarda), las ciudades supervivientes conservaron la función de acumular riqueza, especialmente dentro de los confines de sus lugares religiosos. Una imagen resplandeciente de la ciudad, rica en bienes y lujo, con una arquitectura imponente, es típica de la cultura carolingia, que percibe la ciudad como una civitas Dei, en conexión con la Jerusalén celestial -> renovada vivacidad/esplendor resucitado, arraigado en los monasterios, progenitores del nuevo concepto de ciudad como una «isla de serenidad y paz». A menudo se lanzaban invectivas religiosas contra los centros renacidos de vida comunitaria.
2. La construcción de murallas
En relación con el renovado desarrollo económico, demográfico, civil y cultural, se estableció la necesidad gradual de la expansión de las murallas para incluir espacios de aldeas y otros asentamientos (catedrales, abadías, edificios fortificados) en áreas urbanas o para reemplazar estructuras antiguas. Estructuras defensivas de madera con estructuras de piedra o ladrillo. Desde los siglos X-XI hasta la Peste Negra (1348-50), las ciudades se vieron obligadas repetidamente a expandir sus murallas. El crecimiento poblacional y las nuevas relaciones jurídico-institucionales emergentes (que otorgaban a los individuos la libertad frente a las restricciones feudales, la autonomía administrativa y un nuevo sistema de ingresos públicos basado cada vez más en impuestos personales/monárquicos) llevaron a la necesidad de construir nuevas ciudades, tanto en zonas densamente pobladas durante la época romana como en zonas más periféricas de Europa. Los burgos francos y las nuevas ciudades surgieron por iniciativa de los municipios en Italia y de obispos/señores feudales en el resto de Europa. El siglo XIII fue una fase de rápido crecimiento poblacional y de fundación de nuevas ciudades: en Francia, las soberanías se disputaron el dominio de extensas áreas durante la Guerra de los Cien Años, lo que dio origen a numerosos centros urbanos. (Beaumont); surgen territorios de Europa del Este dominados por la Orden Teutónica (Königsberg), y en Inglaterra (Liverpool), en el sur de España (Villareal) y en Italia, la efervescencia es aún más evidente,
particularmente donde se ha establecido la estructura comunal (Cittadella, Orzinuovi) y también en el centro (Pietrasanta), así como en el sur por voluntad de los angevinos (L’Aquila). Incluso las zonas marginales de Europa vieron surgir ciudades amuralladas (en Escandinavia, el establecimiento de obispos, a partir del siglo XI, condujo a la transformación de antiguas aldeas en ciudades, y razones militares y comerciales en el siglo XII aumentaron su número). El tamaño de estas ciudades antiguas/nuevas era modesto, muy alejado del de las capitales de los reinos árabes de Europa (Palermo) y del de los grandes centros orientales (Bagdad). La esperanza de vida era limitada (30 años para los hombres y 24-25 para las mujeres), al igual que la población. Los perímetros amurallados definían el espacio de poder, derechos y religión; su principal función defensiva también era importante en materia económica y fiscal (las puertas, que permitían el comercio entre la ciudad y el campo, eran puntos de control para mercancías y personas, facilitaban la recaudación de derechos e impuestos y evitaban que el espacio urbano se contaminara con elementos considerados peligrosos). Las técnicas de guerra medievales implicaban asaltar/escalar murallas o la demolición de estas murallas y sus puertas de acceso; la primera Tras la conquista, la demolición de las murallas fue un acto que demostraba que los vencidos debían someterse a un nuevo poder, lo que permitía la restauración de las estructuras productivas. Las murallas debían ser muy altas (para poder lanzar piedras y líquidos hirviendo con mayor facilidad a los enemigos): la falta de materiales útiles, su coste y la falta de mano de obra las hacían altas y delgadas, intercaladas con torres de vigilancia; su delgadez exigía la creación de contrafuertes internos durante la construcción para una mayor estabilidad. La experiencia de los cruzados en Oriente condujo a modificaciones en las estructuras defensivas del Occidente cristiano: las murallas aumentaron de altura y se abrieron saeteras, que se reforzaron para resistir el impacto de las nuevas armas ofensivas (catapultas, balistas).
3. Forma urbana
Es imposible establecer tipos definitivos para catalogar todos los asentamientos europeos: las ciudades medievales, construidas mayoritariamente en la cima de colinas, se adaptan a los contornos irregulares del terreno, sin seguir un patrón fijo o preconcebido. Las estructuras amuralladas y las formas urbanas crean una combinación perfecta de naturaleza y geometría, fruto de las relaciones entre individuos de diferentes orígenes sociales y económicos, unidos por el deseo de pertenecer a un universo colectivo. La textura de la arquitectura medieval es testimonio de aptitudes, habilidades y experiencia técnica y formal que pueden validar la validez de sus conocimientos y experiencias en la obra terminada, transformando creencias e imágenes en realidad. Las ciudades antiguas resurgieron, muy influenciadas por el contexto preexistente y por las relaciones de poder que lograron establecer con los propietarios de las zonas que rodeaban los antiguos asentamientos. Las ciudades fundadas desde cero se planificaron en función del rol (militar, mercantil, antifeudal, etc.) que el propietario del territorio donde se construiría el nuevo asentamiento quería asignarle. La forma no parece contemplar una planificación racional: la espontaneidad/irregularidad son características generalizadas, lo contrario del Renacimiento. Sin embargo, la Edad Media también experimentó racionalidad/regularidad, pero en la mayoría de los casos, la forma urbana no se determinó teóricamente, sino como resultado de las funciones que la ciudad debía desempeñar, y experimentó variaciones debido a las variaciones funcionales.
El plan más extendido/simple es aquel en el que el elemento generador lo constituye una carretera que atraviesa la zona habitada, pasando por dos puertas opuestas en el recinto amurallado, con edificios distribuidos a lo largo de este eje (que también cumple funciones comerciales) o en calles paralelas. El eje vial también da lugar a un plan fusionado, cuya trama sigue el flujo natural del terreno, y la plaza se sitúa en la mayor superficie de la zona habitada. Otra posibilidad es un trazado urbano en el que la ciudad se desarrolla alrededor de una colina (el punto de apoyo es una iglesia, un monasterio o un castillo feudal; esto da como resultado un trazado centrado, donde el sistema vial principal tiene un patrón en espiral y está conectado a los distintos niveles mediante callejones empinados/estrechos; común en los territorios alemanes) o en una de sus laderas (el centro del poder civil, militar y religioso se encuentra en la parte más alta (Gubbio, Asís); una variante similar en centros donde el núcleo de poder está aislado en la cima de la colina y la ciudad se desarrolla en la base (Campobasso); otra variante en asentamientos con un trazado radial, donde el núcleo central está rodeado por un anillo de edificios alrededor del cual se construyen fortificaciones (Aversa). Esta posibilidad se da cuando los ejes viales generadores de la ciudad son dos y se intersecan en un punto central, que actúa como una plaza, donde la gente suele reunirse. En comparación con el edificio público/catedral, el trazado urbano se vuelve cuatripartito, con cuatro accesos (Londres, Copenhague); un trazado similar, pero que permite la expansión en cualquier dirección, es el de «damero», en el que cada calle actúa como eje generador. Si la ciudad da a un puerto o es atravesada por un río, su trazado tiende a adoptar forma de abanico o espiga para fomentar los vínculos entre el espacio productivo y la distribución residencial, y las calles tienden a desembocar en la ribera portuaria/ribera. Un caso especial es el de las ciudades holandesas fundadas entre los siglos XII y XIII, que, dada la baja altitud de la costa, tuvieron que construirse sobre alturas artificiales en zonas recuperadas del mar, o en parte sobre tierra firme y en parte sobre terrenos drenados. En estas ciudades, los diques, terraplenes, bastiones y canales de drenaje desempeñaron un papel fundamental en la determinación de la forma de asentamiento. También destacan las ciudades conquistadas por los árabes. Alcanzaron un alto nivel de desarrollo, presentando una estructura urbana típica basada en una sucesión de recintos rodeados de edificios que dan a patios interiores, intercalados con calles muy estrechas y espacios habitados y cultivados que se acumulan formando grandes conjuntos. Tras la reconquista cristiana, sufrieron una fuerte transformación y un drástico empobrecimiento. Cuando la ciudad, a partir del núcleo antiguo, se expandió por el territorio, adaptándose a su desarrollo tectónico, adoptó una planta de expansión (Perugia).
4. La Era de la Mortalidad Catastrófica
Entre la segunda mitad del siglo XIII y la primera mitad del siglo XIV, gran parte de Europa expandió sus murallas. El crecimiento demográfico, debido a causas naturales y al aumento de la inmigración, así como el desarrollo de la economía urbana, crearon la necesidad de encontrar nuevos espacios para viviendas, lugares de trabajo/comercio y zonas verdes dentro de las murallas, útiles para el suministro de productos frescos, especialmente en tiempos de guerra. La disminución de la hambruna, facilitada por el aumento de las políticas comerciales y alimentarias, y la mejora de la calidad de los alimentos, aumentó la esperanza de vida, lo que permitió un aumento de la natalidad. A principios del siglo XIV, sin embargo, se estaban estableciendo situaciones de tipo maltusiano en gran parte del continente: un desajuste entre el aumento de la demanda y la oferta de bienes primarios, debido a la escasa renovación técnica y administrativa en la agricultura; además, el aumento de la densidad de población favoreció el aumento de la morbilidad (tifus, malaria, tuberculosis); Entre 1315 y 1317, el frío, la lluvia y el hambre obligaron a masas cada vez mayores de residentes rurales a trasladarse a grandes centros urbanos, donde se propagaban epidemias de disentería; Incluso la viruela se convirtió en una constante, y la epidemia más terrible fue la peste, que comenzó entre 1348 y 1350 (la corta esperanza de vida, la sensación de fragilidad de la existencia y la amenaza de muerte contribuyeron a un cambio de mentalidad colectiva). Las ciudades que anteriormente habían emprendido extensos proyectos de construcción para ampliar sus murallas vieron que las zonas verdes dentro de ellas ya no eran necesarias para el crecimiento de la edificación (lo que planteaba problemas para la defensa de los residentes). La escasez de población provocó el abandono de asentamientos que, en el proceso de expansión demográfica, se asentaron en zonas marginales (aumentó el número de ciudades/aldeas abandonadas); las tierras que se habían vuelto improductivas, abandonadas como prados o bosques naturales, sobre los que era imposible imponer impuestos, a menudo eran devueltas a los emperadores/soberanos. La reestructuración general de los tejidos urbanos y los cambios en la cultura y la mentalidad de los residentes afirmaron nuevos modelos de vida colectiva; un modelo que, remontándose al clasicismo, reelaboró sus cánones en clave moderna, basado en mediciones precisas, visiones en perspectiva, Escenografías y énfasis escénicos diseñados para magnificar la estructura de poder, que se identificaba cada vez más con un solo sujeto (señor, príncipe, soberano) o un pequeño número de familias; las descripciones literarias nos hablan de calles anchas y rectas, palacios con imponentes murallas, arcos y bóvedas de medio punto.
Palermo. A principios del siglo IX, tras la conquista árabe, experimentó una profunda reestructuración urbana: las antiguas murallas se transformaron en uno de los barrios de la metrópoli; los asentamientos dispersos consistían en recintos adyacentes, con edificios que daban a patios interiores y una red de carreteras en los espacios residuales. En 1072, Roberto Guiscardo conquistó Palermo. Los períodos normando y suevo no propiciaron una expansión demográfica, debido también a un declive gradual de la población. Durante el reinado de Federico II, se produjo una crisis económica y social que provocó el deterioro de la estructura urbana y la despoblación de diversas zonas residenciales. La situación se agravó por los conflictos entre el papado y el imperio, que culminaron con la excomunión de Federico II por Gregorio IX. El papel de capital del reino terminó definitivamente con la llegada de los angevinos, que eligieron Nápoles y, en Sicilia, Mesina. Tras el levantamiento de las Vísperas y la expulsión de los franceses, los señores feudales sicilianos confiaron la isla a Pedro de Aragón; la economía mostró claros signos de crisis y el espacio urbano fue reconquistado por familias feudales que comenzaron a reconstruir grandes palacios. Siena. Gracias a su importante ubicación a lo largo de la Vía Francígena y a la inventiva y habilidad de sus habitantes, asumió un papel destacado en Europa y un mercado de capitales líder; fue próspera en varios aspectos; sus periódicas expansiones amuralladas (crecimiento demográfico) impulsaron el crecimiento demográfico; las grandes familias asumieron un papel dominante e invirtieron fuertemente en arquitectura y obras de arte. Las leyes antimagnates de 1277 transformaron a 61 familias de diversos orígenes sociales en un grupo heterogéneo de milicias, pero su comportamiento tendió a ser inconsistente. Con la peste, la población disminuyó drásticamente, lo que luego continuó, y también estuvo vinculado a profundas transformaciones estructurales. Situación económica y social de Siena (tras las grandes crisis de los siglos XIII y XIV, que vieron desaparecer grandes grupos bancarios y la crisis de las ferias de Champaña y de la plata, representantes de familias importantes, antes centradas en el ámbito económico, entraron con mayor interés en el servicio público de Siena).
3-El recinto ferial, el mercado, la plaza, las calles.
1- Una red de centros feriales cubre Europa.: El renacimiento de la economía europea encontró uno de sus puntos fuertes en las ferias y los espacios urbanos que las albergaban: importantes centros de intercambio para la homogeneización de las zonas del continente. Entre finales del siglo XI y principios del XII, las instituciones feriales, al perder su relación con los espacios adyacentes, adquirieron importancia internacional. Esto se vio impulsado por la llegada de comerciantes italianos a los territorios del centro y norte de Francia y Flandes, y entre los siglos XII y XIII, los circuitos feriales de Champaña y Flandes (en el siglo XII, la región más industrializada —centros textiles— del noroeste de Europa) monopolizaron una mayor parte del comercio nómada europeo. El intercambio entre ambos centros fue constante, lo que impulsó las relaciones económicas con otros centros comerciales nómadas que surgieron a su alrededor. A principios del siglo XIII, estos circuitos estaban en crisis, y la experiencia adquirida allí se aprovechó en centros periféricos, diseñados para gestionar las relaciones entre las esferas local, regional y nacional. Por encima de estos centros operaban élites internacionales que, mediante el poder del dinero, promovían los intercambios económicos y apoyaban a los poderes políticos, brindándoles la oportunidad de expandirse territorialmente.En el siglo XIV, el papel de las ferias de Champaña fue asumido por cuatro ferias de Ginebra, donde primero se realizaban transacciones comerciales y luego divisas. A partir de 1420, el futuro Carlos VII de Valois concedió a Lyon los mismos privilegios que disfrutaban las ferias de Champaña, lo que creó un fuerte antagonismo con Ginebra. La crisis de Champaña-Flandes también vio surgir en las zonas periféricas de la UE (Alemania, Brabante, Escandinavia) centros feriales con funciones regionales o, como mucho, nacionales, que tendían a especializarse en el comercio de productos artesanales. Las ciudades feriales a lo largo del Canal de la Mancha o en su interior también cobraron importancia, incluso más al sur (Montpellier) y las de las zonas catalana y castellana (Burgos). En Italia, especialmente donde la estructura de ciudad-estado no se consolidaba, las ferias parecieron desempeñar un papel fundamental en las economías locales y se convirtieron en una herramienta política para la formación de mercados nacionales y para combatir el poder feudal local (ferias concedidas por Federico II de Suabia a Capua, Tarento, etc.). 2- La feria determinó la transformación de la ciudad.: En la fase inicial, multitud de ferias, pequeñas y grandes, se ubicaban casi siempre en espacios fuera de las antiguas murallas o cerca de importantes intersecciones de carreteras y ríos, donde no había ciudad, sino solo una simple aldea rural. Gradualmente, la necesidad de alojar a comerciantes/compradores, almacenes, establos, zonas de refrigerio y edificios religiosos hizo que las primitivas estructuras de madera y lona fueran sustituidas por una arquitectura permanente construida alrededor de grandes espacios abiertos utilizados para la negociación. Estas estructuras se incorporaban lentamente a las nuevas murallas de la ciudad si surgían cerca de una civitas preexistente o un antiguo castrum, o, al desarrollarse cerca de una villa, se convertían en elementos que generaban nuevos asentamientos donde gradualmente asumían un papel fundamental. Alrededor de los espacios comerciales surgieron gradualmente iglesias, albergues, almacenes, casas, posadas, hostales, establos y otras instalaciones.Para satisfacer los intereses de los comerciantes, se transpusieron modelos arquitectónicos experimentados en sus países de origen (aldea genovesa en Brujas). 3- El Mercado.: Junto al recinto ferial, existían los mercados urbanos (Rialto en Venecia), puntos estables de intercambio diario o semanal para quienes viajaban del campo a la ciudad para vender productos, pero también zonas residenciales para comerciantes locales o extranjeros que elegían una ciudad determinada como lugar de residencia o comercialización de productos de su tierra natal o bienes de diversos orígenes, obteniendo valor al desplazarse entre centros comerciales. En el norte de Europa, portus (un espacio cerrado y protegido, útil para el almacenamiento y la comercialización de mercancías de diversos orígenes; allí vivían comunidades que realizaban diversas actividades además del comercio. A partir del siglo X, se revitalizaron varios puertos antiguos y se fundaron otros nuevos, como Gante) y wike (zona germánica: lugares de asentamiento estable, donde los artesanos residían junto a los comerciantes, y espacios para la comercialización y la vida civil y religiosa, como Amberes). En zonas donde la vitalidad y la importancia del intercambio entre los mundos árabe y cristiano se manifestaron tempranamente (Italia), la plaza del mercado adquirió una importancia fundamental en el contexto urbano (Venecia, Pisa, Génova), y el éxito de estos centros portuarios generó efectos positivos en la ciudad (Bolonia, Milán, Florencia): el éxito económico y social de las nuevas clases urbanas, cada vez más opuestas a la nobleza feudal, resultó en la reestructuración general de la ciudad, cuyo núcleo fundacional fue la plaza del mercado, y en la génesis de su nueva forma política (Comuna).Los mercados no siempre se ubicaban en plazas, sino también en largas series de calles, especializadas por sector de productos. Junto a los centros más prestigiosos, surgieron numerosas áreas de vida mercantil a pequeña escala, que vendían productos rurales (ciudades toscanas): pueblos fundados alrededor de la plaza del mercado. 4- La plaza.: En muchos casos, la plaza no solo está destinada a un mercado, sino también era un centro de la vida urbana, por lo que los edificios públicos y las catedrales la dominaban. En las ciudades de origen romano, que sobrevivieron como sedes episcopales, en aquellas donde el poder de la Iglesia era más pronunciado y en aquellas donde la catedral tuvo su origen en un monasterio construido extramuros, se presenta una situación diferente (Pisa, París): la catedral o colegiata se abre a una gran plaza que enfatiza su tamaño y prestigio, y es útil para grandes eventos religiosos; los edificios públicos y la plaza del mercado están distanciados de ella (como para distinguir la vida secular de la espiritual). Ciudades del norte de Europa: la plaza se caracteriza por la presencia de un salón, un espacio cubierto útil para el comercio, pero a menudo también sede de la vida político-administrativa (Ypres); un papel similar desempeñó las grandiosas lonjas del Reino de Aragón (Barcelona, Zaragoza). La forma de estas plazas no se deriva de teorías útiles para enfatizar el poder, agigantar la arquitectura ni crear perspectivas. Escenográfica (Renacimiento): a menudo con trazados irregulares, y en la mayoría de los casos la forma experimenta una lenta/larga evolución a finales del periodo medieval, siguiendo las funciones modificadas que el espacio debe desempeñar y la arquitectura simbólica que se alza en sus fachadas (Perugia).
Particularmente en el centro y norte de Italia, donde la ciudad-estado, la Comuna, contrastaba con el poder imperial, papal y feudal, y daba lugar a formas de gobierno urbano basadas en el poder corporativo, la Piazza del Comune, sede del edificio público, asume un papel fundamental en la organización urbana del espacio (Piazza del Campo, donde todos los ciudadanos viven los eventos organizativos más importantes, como el Palio, y celebran su pompa y asambleas; el verdadero protagonista es el vacío, funcional a la vida colectiva).-5. Las carreteras.: El sistema vial interno varía considerablemente. En centros de origen clásico, refundados y de nueva fundación; en ciudades a lo largo de costas marítimas o lacustres, ríos y zonas del interior; en ciudades de llanuras, colinas y montañas; en ciudades de origen o influencia árabe, bizantina y lombarda, y en ciudades del norte.Vía se refiere tanto a una carretera como a las instituciones que supervisaban su mantenimiento (en la Edad Media, el término magistri viarii derivaba de él). En Isidoro, sin embargo, vía se refiere tanto a una calle como a una plaza (fecha de la ampliación de la carretera). Desde principios de la Edad Media, en las ciudades de origen romano, se mencionan con frecuencia las vías reales (antiguas y más importantes vías que conectaban el centro de la ciudad con las puertas principales).
Su anchura debía permitir el paso de dos carros uno al lado del otro. Ante la ausencia de autoridades responsables de su supervisión constante, experimentaban cambios sustanciales a lo largo de los siglos: fase de grave depresión urbana; antigua estructura rectilínea deteriorada por montones de escombros/restos de arquitectura antigua; y épocas de población. Comenzó a crecer de nuevo y los espacios edificables dentro de las antiguas murallas se fueron saturando gradualmente, lo que redujo aún más la anchura y la rectilinealidad de estas calles (la expansión de los edificios existentes o la construcción de nuevas estructuras arquitectónicas provocaron su estrechamiento).
La ciudad renacida vio surgir una red viaria muy variada en torno a estos ejes principales, cuya característica más notable fue la espontaneidad, la adaptación de las rutas al flujo del terreno, su génesis y su relevancia pública o privada. Surgieron pequeñas calles, a menudo sin salida, pertenecientes a comunidades individuales que representaban un submúltiplo de la ciudad (via vicinalis). La anchura de la calle también se veía influenciada por la altura de los edificios que la rodeaban. A principios de la Edad Media, la mayoría de las calles no estaban pavimentadas (uno de los primeros ejemplos de pavimentación en París data de 1185): la formación de lodo denso tras la lluvia y el polvo denso en verano, y la creación de depresiones o cuellos tras el paso de los carros; Espacios urbanos carecían de sistemas de alcantarillado, lo que a menudo resultaba en hedores/miasmas. Gradualmente, se generalizó la necesidad de dotar al menos las zonas más importantes de carreteras pavimentadas y alcantarillado, y de garantizar la limpieza, ya fuera encomendada a municipios o particulares; en el siglo XIV, se pavimentaron las carreteras principales.
Muchas calles urbanas en la Edad Media estaban rodeadas de pórticos, primero de madera y luego de piedra/ladrillo (Bolonia).
6. Vías fluviales y puentes.: Las dificultades para conectar las ciudades entre sí, incluso dentro del mismo contexto urbano, hicieron que las vías fluviales (Florencia, Londres) y las lagunas (Venecia) se percibieran como importantes vías de comunicación: las ciudades de origen antiguo, las que habían renacido recientemente y las de nueva fundación tendían a desarrollarse a lo largo de los ríos y dentro de las lagunas. Los ríos habitados se distribuyen en dos orillas, especializándose en barrios individuales y proporcionando puntos de desembarque (el puerto de Ripetta en Roma). El río y sus orillas desempeñan diversas funciones: económicas (productivas/comerciales), legales y jurisdiccionales (propiedad, orillas y su uso), defensivas (contención de agua, presas y esclusas), simbólicas (procesiones) y recolección de agua para uso público/privado. Las orillas se conectaron primero mediante puentes de pontones y luego mediante estructuras de madera, que posteriormente fueron sustituidas por elementos de piedra.
Brujas: la ciudad mercantil más importante del norte de Europa. Se desarrolló alrededor de un castillo fortificado construido en 865 por Balduino Brazo de Hierro, conde de Friandra, a orillas del río Reye y cerca de una ensenada segura del Zwin. Gracias a su dinámico mercado, creció rápidamente, expandiendo sus murallas, y en el siglo XIII se convirtió en un enlace más importante entre la Europa continental y el Mar del Norte. En 1252, fue uno de los miembros fundadores de la Liga Hanseática. Adquirió gran importancia con el auge del comercio marítimo, en beneficio del comercio terrestre. Se construyeron nuevas iglesias parroquiales en pueblos extramuros y se establecieron allí órdenes mendicantes. Venecianos, genoveses y otros se asentaron allí, y se propusieron estructuras residenciales y comerciales para extranjeros. La sedimentación de los puertos y, sobre todo, la decisión de Maximiliano en 1488 de fomentar el traslado de comerciantes extranjeros de Brujas a Amberes, hicieron que perdiera su función original.
Valencia: la Lonja. Se desarrolló en un meandro del río Turia; sede episcopal durante la época visigoda, se desarrolló y adquirió un importante papel comercial y productivo bajo el dominio árabe. En 1238, fue conquistada por Jaime I de Aragón, quien amplió y fortificó las murallas. Entre los siglos XIV y XV, fue uno de los centros mercantiles más importantes de la Península Ibérica, rivalizando con Barcelona. La Lonja era un espacio cubierto destinado a transacciones comerciales; entre 1483 y 1498, se construyó un edificio que combinaba las principales funciones civiles y comerciales (tres cuerpos cúbicos: dos cubiertos y uno abierto, el huerto).
4- Estructuras colectivas civiles y religiosas.
1. La sede del poder político
La Edad Media presenció la dominación de ciudades o territorios de diversos tamaños por múltiples poderes seculares y eclesiásticos (feudal, imperial, real, señorial, episcopal y ciudadano). Aquisgrán fue la ciudad donde se alzaba un edificio imperial, elegido por Carlomagno como residencia, quien construyó un grandioso palacio; en la época carolingia, las residencias reales temporales (Klosterpfalzen) se extendieron dentro de grandes complejos monásticos (Torhalle de la Abadía de Lorsch).
Vallaloid: un centro de poder feudal, luego real y luego imperial.
En el área francesa: el fervor económico y cultural de París la convirtió en un centro destacado, pero la administración de la ciudad permaneció en manos de las hermandades mercantiles hasta el siglo XII; durante el reinado de Felipe Augusto, la ciudad se expandió y se construyó el Louvre como residencia real; entre los siglos XIV y XV, se produjeron sangrientas revueltas. Salzburgo destaca el poder del príncipe-obispado: en el siglo VIII, el obispo de Worms fundó un monasterio, y en 739, San Bonifacio estableció un obispado, que posteriormente se convirtió en arzobispado. Sus titulares obtuvieron el reconocimiento como príncipes del imperio en 1278, y su fortaleza dominaba la ciudad.
Bamberga: expresión del feudalismo secular, que posteriormente se convirtió en la sede de un príncipe-obispado.
En la Europa medieval, los edificios cívicos o ayuntamientos eran de gran importancia en zonas donde los ciudadanos gozaban de autonomía o donde, como en el centro y norte de Italia, el poder político y administrativo era prerrogativa de los hombres, unidos en corporaciones, que se oponían al poder feudal. El nombre cambia según la región (mairie; Rathaus; ayuntamiento, arengo, palacio de los cónsules, etc.). En Italia, el edificio cívico medieval, tanto tipológica como formalmente, constituye una innovación absoluta que engloba innovaciones político-económicas (dos modelos: el broletto de la zona de Lombardía y el palacio-fortaleza del centro de Italia).
2. La Catedral
El Renacimiento de la ciudad encuentra uno de sus signos más significativos en las catedrales y sus vastas obras. En la época medieval, la palabra ciudad se refiere a una congregación humana donde reside el obispo, y la catedral es la iglesia principal de la diócesis. A principios de la Edad Media, surgió fuera de las antiguas murallas de la ciudad, cerca de los cementerios paleocristianos; la consolidación del cristianismo se corresponde con la conquista gradual del área principal de la ciudad por la sede del obispo y su iglesia, que se convierten en el centro administrativo y religioso de la comunidad (Perugia); a partir del siglo X, el estilo románico caracteriza los grandes edificios eclesiásticos; En arquitectura, en 1140, con la colocación de la primera piedra del nuevo coro de la Abadía de Saint-Denis en París (gótico), a pesar de las variaciones estilísticas regionales, las grandes catedrales se alzarán sobre las ciudades, con agujas, campanarios y piedra blanca/mármol (se convertirán en símbolos de los espacios urbanos), una gran mole que despierta asombro y alcanza cotas impensables: requieren profesionales altamente especializados, un movimiento de hombres, inteligencia y cultura que transmitan un método de construcción común.
En una fase posterior, en Francia y los Países Bajos, se extendió una variante del «gótico flamígero», que en Alemania se denomina «Deutsche Sondergotik». En Italia, en el siglo XII, las grandes catedrales del valle del Po seguían siendo íntegramente románicas; el gótico aparece en las abadías y posteriormente se aplica en Milán. En zonas donde el contacto con los mundos bizantino, árabe y normando fue más intenso, surgió un estilo itálico propiamente dicho (San Marcos). Italia se caracteriza por una mayor y más rápida influencia de la Antigüedad, que da origen al estilo del Protorrenacimiento.
3. El monasterio, el convento, la iglesia parroquial.
Un monasterio medieval basado en la regla benedictina y con origen tipológico en el de Montecassino. Ubicado en la campiña, generalmente en una zona que requería recuperación; estructurado como una fortaleza y con una serie de espacios destinados a diferentes funciones, a menudo existía en oposición a la ciudad y, en ocasiones, creaba la suya propia. Los conventos de órdenes mendicantes se extendieron rápidamente por el continente entre los siglos XIII y XIV, según criterios que revolucionaron las ciudades, racionalizando y consolidando una nueva conciencia cívica que animó a las fuerzas sociales que participaban en la gobernanza de los asuntos públicos. Al residir en espacios urbanos, se convirtieron en promotores de valores de paz y colaboración entre clases sociales opuestas, jueces y garantes de la gestión político-administrativa y garantizaron la veracidad de los documentos, la medición de terrenos y la fiabilidad. Los impuestos dan valor a las normas legales y garantizan su cumplimiento. Dado que sus normas imponen la ausencia de propiedad de la tierra, se ven obligados a vivir en la ciudad, dividiendo el espacio urbano en sectores útiles para la limosna (espacios modestos, que respetan las normas del pauperismo), sin entrar en competencia; se convierten en un elemento unificador de la convergencia ciudadana. El tejido urbano se enriquece con arquitectura mendicante, que enfatiza sus líneas de expansión mediante su distribución equilibrada dentro del espacio urbano. La iglesia parroquial también es de fundamental importancia, cuyo distrito, además de su valor religioso, tiene importancia administrativa (a nivel parroquial, se censan los residentes, se distribuyen los impuestos, se crean los catastros y se establecen los límites territoriales habitados). Los ciudadanos del distrito eclesiástico lo representan para recibir sacramentos, escuchar sermones y tomar decisiones colectivas que se presentan en los consejos generales. Dado que las actividades económicas en las ciudades se dividen en sectores, en muchos casos, las parroquias están dirigidas por quienes realizan actividades, veneran a su santo patrón y construyen capillas o altares allí.
4. La Universidad
El Studium Generale era el punto de encuentro de ciudadanos y extranjeros y un símbolo de la dignidad de la ciudad. La primera universidad fue la Escuela de Medicina de Salerno (siglo IX). Pero la primera ciudad en presumir de tener un Studium Generale fue Bolonia, donde en el siglo XIII se añadieron la medicina y la filosofía, y luego la teología, a la facultad original de derecho; el Studium de París, que inmediatamente contó con numerosos colegios y fue desde sus inicios una corporación de profesores que elegían a un rector; el modelo parisino inspiró las universidades inglesas (Oxford, que en 1214 fue reconocida como Studium Generale y recibió amplios privilegios papales, hasta el punto de convertirse en uno de los centros culturales más famosos de Europa, con enseñanzas impartidas por franciscanos y dominicos). En unos 200 años, la Universidad, gracias a la circulación de profesores y estudiantes, se convirtió en un centro de la cultura europea, dando lugar a un cuerpo de conocimiento organizado y completo, y contribuyendo a la formación de una fisonomía europea unificada. La educación tiene un carácter exquisitamente centrado en el ciudadano, y el gobierno de las ciudades requiere expertos en diversos campos, por lo que la Universidad es necesaria; las luchas entre facciones urbanas y entre las ciudades y los poderes externos impactan la vida universitaria. La ubicación de estudios/colegios y otras estructuras funcionales se convierte en un problema importante en los espacios urbanos.
Chartres y Orvieto: dos catedrales comparadas. La Catedral de Notre Dame de Chartres es uno de los ejemplos más interesantes de la arquitectura medieval que, a través de la aparición de la arquitectura gótica (arco apuntado, bóveda de crucería, contrafuertes en los muros, ventanales alargados; se estableció a principios del siglo XII en Francia con una fusión de elementos arquitectónicos normandos y borgoñones), contribuyó a la homogeneización de vastas zonas del continente. Una estructura imponente es uno de los emblemas más significativos de la espiritualidad medieval. La imponente y audaz arquitectura y la luminosidad enrarecida contribuyen a la magia de un espacio que simboliza el anhelo del hombre por Dios y se vincula a un contexto de poder, nobleza y espíritu caballeresco.
La Catedral de Orvieto es una expresión típica de la cultura y la sociedad del centro de Italia, del gobierno del pueblo y de los conflictos políticos e ideológicos. Después de 1226, la ciudad fue un importante centro de poder angevino, con numerosos papas residiendo allí. A partir de 1280, la facción gibelina intentó contrarrestar a los güelfos (aliados de los angevinos) y la presencia de guarniciones francesas. El pueblo, unido en una estructura corporativa, se alió con los nobles gibelinos. Su creación tardó 100 años; nos encontramos en el contexto de un mundo urbano cuyo sustento provenía del mercado y la producción. Artesanal, donde la nueva cultura gótica se vio más influenciada por la posibilidad de reutilizar artefactos antiguos y ser contaminada por ellos. El monasterio de Cluny y el convento de San Francisco de Asís. Dos ejemplos de tipologías arquitectónicas funcionales a diferentes estilos de vida, la vida religiosa y la relación entre el mundo claustral y la sociedad civil. El primero, fundado en 910 por Guillermo el Piadoso, duque de Aquitania, representa un elemento generador de una entidad urbana que se fusionó a su alrededor y en 1090 obtuvo derechos municipales, rodeada de imponentes murallas. En Cluny, a principios del siglo X, se impuso el estilo románico; un complejo monumental, completamente habitado, se veía desde lejos: volúmenes desmesurados, síntoma del poder feudal y expresión de una orden religiosa con gran capital, funcional para la recuperación/desbroce de tierras y traducida en obras de arte útiles para materializar el poder de los monjes. En cambio, la Regla de Francisco de Asís revela el ideal de la pobreza minorita y proporciona directrices sobre las estructuras de los edificios destinados a fines religiosos y como residencias para los frailes, así como normas más precisas para los edificios minoritas, establecidas en el Capítulo General de Narbona en 1260. A partir de 1241, la fusión de la tradición románico-umbra con la cultura gótica se materializó con la finalización de la iglesia superior: una clara discontinuidad lingüística y arquitectónica entre el esqueleto nervado de la iglesia superior y el complejo de valores figurativos que resaltan las fachadas exteriores de la basílica.
Milán: el Broletto Nuovo. En 1228, una resolución del alcalde, al diseñar una distribución más racional del centro de la ciudad, decreta la construcción de la nueva sede del Ayuntamiento de Milán: el objetivo era dotar al Palacio Público de una posición central, definiendo las vías de acceso a partir de las puertas principales, y ponerlo en correlación con otras emergencias útiles para la actividad económica de la ciudad: Broleto, por tanto, no era solo la sede de la vida política y administrativa, sino también la expresión directa de una sociedad cuya fuerza provenía de las actividades comerciales, bancarias y artesanales.
5-Las casas, las tiendas, los arsenales.
La reutilización de la antigua el desarrollo económico, social y político de la Baja Edad Media tendió a borrar todo rastro de la ciudad de la Época Clásica; se conservan restos de termas (Termas de Nerón en Pisa), anfiteatros y basílicas; mientras que numerosos fragmentos arquitectónicos y escultóricos romanos insertados en catedrales y otros edificios pertenecen a fases de renacimiento urbano. A principios de la Edad Media, las comunidades restringieron significativamente las áreas ocupadas, y los antiguos suelos urbanos ubicados fuera de los nuevos asentamientos continuaron conservando signos del pasado. En Pisa, el rápido crecimiento urbano provocó que la ciudad medieval se superpusiera con la antigua, desapareciendo. Solo los rastros de la toponimia permiten que los contornos de este mundo distante emerjan en diversas ciudades. En muchos casos, las estructuras antiguas se convirtieron en refugios para los pocos habitantes restantes de estos cadáveres urbanos (Arlés: un anfiteatro romano transformado en un centro urbano fortificado, mientras que el resto de la ciudad fue abandonada debido a su incapacidad para defenderse).
Las residencias Feudales A partir de la época carolingia, una nueva organización político-administrativa piramidal, que preveía la residencia en las ciudades de condes y marqueses designados por el emperador, dio origen a las insulae feudales en espacios urbanos, organizadas en múltiples edificios con diversas funciones civiles y religiosas, protegidas por murallas o empalizadas de madera (conjuntos arquitectónicos destinados a sintetizar la civitas, aislándose de ella). La crisis del Imperio Carolingio y su fragmentación propiciaron el nacimiento de entidades locales que tendían a atribuirse su propia autonomía: asumían connotaciones diferenciadas, oscilando entre territorios que, aunque insertos dentro del imperio, se reconocían entre sí de forma más directa. Sujetos a príncipes u obispos, y territorios (como en el centro y norte de Italia) donde la función disruptiva del mercado supuso la afirmación gradual de nuevas entidades políticas que, si bien se alineaban con el papa o el emperador, tendían a enfatizar, incluso en sus formas físicas, una individualidad nueva y muy diferente. En este último caso, la ciudad-estado se convirtió gradualmente en una ciudad, y los nuevos administradores requirieron el control del antiguo feudalismo, lo que llevó a la estipulación de pactos con cada señor feudal, exigiéndoles residir en zonas urbanas durante al menos una parte del año y construir allí sus residencias. La necesidad de las grandes ciudades de expandir su espacio comercial y asegurar un amplio territorio para obtener alimentos y materias primas útiles para el desarrollo artesanal se tradujo en la destrucción de los centros que pretendían subyugar (en 1111, Milán destruyó Lodi) y, a menudo, en traslados forzosos de población. En la primera fase, los nobles obligados a residir en centros urbanos durante parte del año tendían a no invertir grandes cantidades de capital en nuevas viviendas (construían casas-torre, que simbolizaban la fortuna y el poder de la familia y un medio de defensa contra las revueltas urbanas), prefiriendo seguir viviendo en castillos rurales. En la siguiente fase, los poderes urbanos, deseosos de albergar permanentemente a los diversos Cattani en la ciudad para ejercer un mayor control, tendieron a imponer montos mínimos de inversión en residencias urbanas. Además, los señores feudales se sintieron cada vez más atraídos por el mundo urbano, por el tipo de vida que allí se disfrutaba, por los bienes de lujo y por la oportunidad de aumentar su riqueza.
Formas de inversión diferenciadoras: la casa-torre se transformó en una magna domus, un palatium o un casamentum, organizados en torno a un patio con un pozo o cisterna, donde todo el clan vivía con sus parientes, quienes solían controlar sectores individuales del espacio urbano. La torre se incorporó a una nueva estructura, simbolizando el estatus económico y social de los propietarios. Los complejos se enriquecieron con lujosos muebles, pinturas y espacios utilizados para celebrar nuevas ceremonias (como las casas Scaligeri en Verona). En Italia, tanto el feudalismo secular como el eclesiástico se urbanizaron: las grandes abadías que contribuían a la recuperación de zonas impermeables o insalubres fueron abandonadas o se vieron obligadas a construir sus propias sedes específicas en espacios urbanos individuales.
3. Las residencias de las «nuevas gens»
Comerciantes, banqueros, artesanos y campesinos urbanizados, que formaban el tejido conectivo de las ciudades renacidas y que, a través de organizaciones corporativas, tendían a asumir el control de la vida política y administrativa,
aumentaron la demanda de espacio, materiales y mano de obra especializada: hasta mediados del siglo XIV, las ciudades medievales, grandes y pequeñas, eran vastas obras en constante evolución. Se necesitaba legislación estatutaria para proteger las estructuras de los edificios y la higiene pública (en Perugia, los estatutos indicaban que quien deseara construir debía dirigirse al podestá o capitán, quien enviaba a un notario para tomar las medidas). Un rasgo característico de las estructuras de los edificios de varias ciudades es la concentración de tipologías menores en zonas marginales, cerca de monasterios o conventos, y en los alrededores de las residencias de los señores feudales urbanizados, lo que sugiere que allí se reunía una clase servil. Los edificios de una o dos plantas se encontraban principalmente en las afueras de los pueblos, cerca de las murallas, donde se reunía la gente común, a menudo desplazándose entre la ciudad y el campo. Las casas de varios pisos, habitadas por una sola familia (por ejemplo, ricos comerciantes y empresarios) o divididas en varias unidades residenciales, a menudo alquiladas por los propietarios a trabajadores de las diversas industrias de la ciudad.
Hasta principios del siglo XIII, la práctica más común era construir unidades de construcción individuales separadas entre sí, creando estrechos túneles o entradas entre ellas, por donde se descargaba el agua de las pendientes de los tejados y las aguas residuales de las casas. El crecimiento demográfico en el siglo XIII y las consiguientes necesidades de higiene obligaron a cerrar estos túneles y a girar los tejados para que descargaran el agua hacia la fachada y hacia los espacios traseros de los edificios, utilizados principalmente para huertos. En los edificios más prestigiosos, las terrazas o terrazas cubiertas en la planta superior cumplían una función multifacética: vistas a la calle, secado de ropa y fabricación. En el norte de Europa, las condiciones climáticas adversas exigían hastiales escalonados y tejados de gran pendiente, a veces de varias plantas. En las zonas meridionales y con una marcada influencia islámica (Sicilia, la costa mediterránea de España), no había tejados y el edificio estaba cubierto por un solárium, donde se tendía la ropa y la comida. Hasta el siglo XIV, la madera se utilizaba ampliamente para dinteles, vigas e incluso estructuras de muros: favorecía los fuegos, que a menudo alcanzaban un tamaño considerable. El crecimiento demográfico en los siglos XIII y principios del XIV, el aumento de la riqueza y el deseo de mejorar la decoración urbana llevaron a la transformación de estructuras de madera en edificios de piedra o ladrillo. Y el dinamismo socioeconómico, donde las fortunas y adversidades de individuos y grupos se suceden a un ritmo acelerado, implica que las viviendas se renuevan continuamente: los edificios se fusionan, dividen y refusionan repetidamente. Durante la Peste Negra, debido a la crisis demográfica, muchas ciudades con abundante espacio para construir y viviendas (el precio bajó): parte de los edificios fueron abandonados o transformados en huertos.
Salvo los prestigiosos edificios construidos con materiales nobles, la mayor parte de la arquitectura estaba compuesta por elementos no homogéneos, a menudo reciclados, unidos con mortero que dejaba pasar la humedad con facilidad.Los niveles de humedad obligaban a encalar los edificios, pintarlos y, en los casos más valiosos, pintarlos al fresco siendo una ciudad medieval rica en color.
4. Lugares de trabajo y producción
La ciudad era un lugar privilegiado para la residencia de artesanos, con casas adosadas en las que se disponían una serie de lotes. Los edificios alargados (lotes góticos) se suceden, pero son homogéneos en tamaño y características; el espacio tras ellos alberga un huerto; cuando una vivienda se conecta a un taller artesanal (de gran tamaño según el tipo de actividad; también debe haber espacio para aprendices/trabajadores que pasan allí toda su vida), este se abre a la calle en la planta baja. Las viviendas carecen de agua corriente, que se obtiene de fuentes o pozos públicos (solo los edificios de clase alta cuentan con pozo o cisterna); la ropa se lava en lavaderos públicos o, a menudo, junto a arroyos. Durante el siglo XIII, el aumento de la población urbana generó la necesidad de una legislación específica sobre la gestión de residuos urbanos, pero la expansión de los sistemas de alcantarillado fue tardía. Las residencias de producción y artesanos relacionados que afectan la higiene pública (tintorerías, curtidurías) deben ubicarse en las afueras de la ciudad; aquellas que generan contaminación acústica y atmosférica (herrerías, caldererías) deben ubicarse lejos de las zonas más prestigiosas; la ciudad debe dividirse en zonas para actividades de producción individuales a fin de facilitar el control público y fomentar la competencia; las panaderías y las charcuterías deben estar presentes en todos los sectores.
Los artesanos que no poseen tiendas y tienen familias viven en las viviendas mencionadas o en edificios muy pequeños de una sola planta en zonas marginales. Los requerimientos energéticos para diversos procesos y transporte pueblan la ciudad con muchos animales, que viven en establos anexos a las tiendas, lo que causa graves problemas.
5. Almacenes y arsenales portuarios
En las ciudades portuarias, cuya prosperidad se deriva del movimiento de barcos y la capacidad de reparar y construir embarcaciones, existían numerosos almacenes donde se almacenaban mercancías procedentes de zonas distantes para ser desviadas a otros puertos o zonas del interior. Para las ciudades del interior (Siena, que en 1303 compró el antiguo puerto de Talamone a la Abadía de San Salvatore), la adquisición de un puerto era esencial para impulsar el desarrollo económico. Las ciudades marítimas, animadas por el movimiento de personas y mercancías, encontraron en el puerto un punto central de la vida urbana.
Pisa: las casas. El declive demográfico de la Alta Edad Media provocó la reducción de la antigua zona urbana, que estaba rodeada de murallas; un aumento constante de la población, a partir del siglo XI, condujo a la progresiva expansión de los asentamientos extramuros. En 1556, comenzaron las nuevas murallas de la ciudad, volviendo al centro político-administrativo que albergó el Foro en época romana y posteriormente la sede del poder civil a principios de la Edad Media: En 1161, los cónsules fundaron el primer Ayuntamiento, al que posteriormente se añadirían otros edificios públicos. En la ribera del Arno se establecieron estructuras relacionadas con las actividades comerciales marítimas de la República. La actividad constructora condujo a una concentración y también a la creación de diferentes tipos de asentamientos.
Venecia:
el arsenal de Castello. El núcleo original del arsenal de Castello, que data de principios del siglo XIII, constaba de 24 gradas al aire libre: probablemente construido para satisfacer las demandas de armadores privados, gradualmente, en el siglo XIII, adquirió un carácter público. En 1289, se excluyeron los encargos de particulares, y fue precisamente esta poderosa intervención política la que determinó el éxito del arsenal.
6-Lugares de sociabilidad y lugares de aislamiento.
1. Lugares Festivos
Una ciudad medieval, fuertemente marcada por una economía agrícola, incluso en sus principales centros de intercambio comercial, muestra una constante mezcla de tiempos y lugares de trabajo con los de socialización y celebración. La artesanía y el entrenamiento para la guerra se alternan/fusionan con actividades recreativas (justas, tiro con arco y ballesta, carreras de caballos, lucha libre, partidos de fútbol primitivo, competiciones interdistritales). Nunca son puro entretenimiento, sino también una herramienta política fundamental para organizar consensos y evitar enfrentamientos de otra naturaleza que pudieran derivar en rebeliones abiertas: la plaza del Palio, la taberna, el burdel y los baños se convirtieron en espacios de socialización, donde se desahogaban los impulsos, asegurando que la transgresión se convirtiera en un elemento útil para aceptar la norma que caracteriza la vida cotidiana.
Entre los siglos XIII y XV, la polarización social se intensificó: masas cada vez mayores continuaron viviendo su tiempo libre y celebraciones en espacios colectivos; los miembros del «pomo grasso» (población rural) sintieron una creciente necesidad de enriquecer sus hogares con patios, pórticos, terrazas, miradores y habitaciones utilizadas para celebraciones y para exhibir la fortuna de los habitantes.
2. La taberna, el hotel, la posada
Entre los siglos VIII y IX, la reaparición y posterior difusión en Europa occidental y meridional de otros lugares destinados a la convivencia y la sociabilidad: las tabernas, características de las ciudades romanas, y su presencia en el norte y el este a partir de los siglos XI y XII: allí, las clases bajas pasaban la mayor parte de su tiempo libre; las tabernas también eran atractivas para las clases altas, incluyendo algunas figuras religiosas (a pesar de las prohibiciones), vagabundos, delincuentes, mendigos y prostitutas; dados los ingresos derivados de los impuestos recaudados, a menudo eran estructuras que emanaban de instituciones religiosas o poderes soberanos. Junto a las tabernas, a lo largo de las rutas más frecuentadas por peregrinos y comerciantes, se extendieron numerosos hoteles y posadas.
3. El burdel y los baños
Como lugar donde los hombres podían desahogar sus impulsos sexuales, era aceptado/facilitado por quienes poseían propiedades públicas (según San Agustín, las prostitutas eran necesarias para evitar que la energía sexual masculina se desviara indebidamente hacia mujeres honestas). En la Europa medieval, la prostitución, su gestión y su guetización en espacios controlables experimentaron un largo proceso de transformación que acompañó el cambio de conceptos religiosos y formas institucionales, así como de mentalidades. Hasta el siglo XIII y principios del XIV, las prostitutas, al igual que los judíos y los leprosos, estaban sujetas a la jurisdicción difamatoria, que exigía que su práctica se llevara a cabo en un espacio no urbano, fuera de las murallas; entre 1350 y 1450, las instituciones urbanas e incluso eclesiásticas, así como los soberanos, iniciaron la construcción sistemática. Burdeles públicos, ubicados en centros urbanos clave, cerca de edificios públicos y catedrales, donde la prostitución se consideraba un servicio público. La mayoría de los burdeles se construían a expensas de la comunidad y luego se arrendaban a un propietario, quien reclutaba mujeres y velaba por el orden. Contaban con un patio, un jardín o huerto, una cocina y amplios salones donde los clientes comían, bebían y jugaban; en algunos casos, la zona estaba rodeada de murallas.
En la mayoría de las ciudades del norte de Europa, además de los burdeles públicos, la prostitución también se practicaba en baños públicos («estufas»), a pesar de las prohibiciones; los propietarios solían ser comerciantes adinerados o autoridades públicas.
4. Hospitales y hospicios
En las ciudades medievales, los lugares separados para el cuidado/aislamiento de individuos y grupos sociales enteros se hicieron cada vez más comunes. Estos lugares representaban/podían representar un peligro para la comunidad, a menudo debido a las condiciones de salud o la pobreza de las personas, que debían permanecer ocultas a la vista del público. Hospicios y hospitales: albergaban a los enfermos, aislaban a los infectados, alejaban a los pobres/vagabundos del contexto civil, recogían a los niños abandonados y a los ancianos solitarios/indigentes; cada ciudad contaba con una leprosería extramuros, pero cerca de ellos. Hasta principios del siglo XII, el sistema hospitalario estaba gestionado por la Iglesia, ya que al final del Imperio Romano, las autoridades ya no podían sostener un complejo sistema de atención pública imperial. A partir del siglo VIII, a lo largo de las rutas de peregrinación, surgieron las xenodochia y las hospitia, donde la gente podía alojarse, alimentarse y recibir atención. Incluso con el nacimiento de las ciudades-estado italianas, la función caritativa y asistencial de la Iglesia no se eliminó, y entre los siglos X y XI, las fundaciones de hospitales y hospicios aumentaron en toda Europa, asegurando que cada ciudad o pueblo contara con al menos una instalación. A partir del siglo XII, hubo un creciente impulso a estas fundaciones por parte de laicos caritativos, quienes confiaron su gestión a órdenes religiosas y caballerescas, y principalmente a canónigos y cofradías agustinas.
El aumento del número de pobres impulsó a los hospitales a dirigir su trabajo casi exclusivamente a los necesitados locales, tanto que, en el siglo XIII, muchas regulaciones prohibían la aceptación de viajeros sanos. Con la gran crisis del siglo XIV, el sistema hospitalario promovido y Controlada por la Iglesia, la ciudad entró en una grave crisis: la hambruna y la peste dispararon los gastos y el número de personas que buscaban refugio en hospitales se disparó; la crisis demográfica y económica provocó un declive en las instituciones eclesiásticas de bienestar, mientras que las autoridades seculares percibían cada vez más el problema de la precaria asistencia social y el control. En todas las ciudades de Eu, en la segunda mitad del siglo XIV, aparecieron gigantescas estructuras encargadas por las autoridades públicas, llamadas hospitales, destinadas a convertirse en un lugar de encuentro para los marginados y parias, que debían ser atendidos, pero también aislados de los contextos urbanos debido a su peligrosidad, y educados para el trabajo. Incluso las corporaciones municipales se hicieron cargo de estos proyectos, creando hospitales para sus propios asociados que habían caído en desgracia; estos afectaron profundamente el contexto urbano.
5. Espacios para judíos
Otra categoría «infame», que conllevaba peligros potenciales y requería un espacio separado para defenderse, eran los judíos, a quienes se les confiaba cada vez más el papel exclusivo de prestamistas e intermediarios financieros (aunque las fuentes muestran que los cristianos también practicaban préstamos con interés). Antes del siglo XVI, Europa no contaba con un gueto, aunque ya en el siglo XIII aparecieron barrios judíos cerrados en territorios alemanes y en la Península Ibérica. A principios de la Edad Media, los judíos, gracias a su habilidad como intermediarios, no fueron marginados allí donde la actividad mercantil era intensa. En sus inicios, los comerciantes judíos se interesaban principalmente por el comercio de artículos de lujo y la trata de esclavos; en los siglos X y XI, florecientes colonias judías existían en la zona germánica (Maguncia, Ratisbona), y en 1012 construyeron una sinagoga en Colonia; en las ciudades renanas se les permitía comerciar libremente.
Estaban exentos de impuestos, así como de poder comprar tierras en ciudades y zonas rurales. A partir de la Primera Cruzada, comenzó a desarrollarse un fuerte espíritu antisemita, y en el siglo XIV, tras graves hambrunas y la posterior propagación de la peste, la situación de los judíos en vastas zonas se volvió muy precaria. Sus actividades artesanales y comerciales se vieron impedidas en muchos centros, y se vieron cada vez más obligados a centrarse en actividades financieras. También fueron expulsados de varios centros urbanos (se generó un flujo de judíos desde los territorios alemanes al sur de los Alpes: en Italia, la situación parecía estar mejorando, también porque su actividad se había desarrollado allí durante mucho tiempo). En las zonas urbanas, los judíos vivían en barrios llamados «giudecche», que aún no estaban amurallados, reuniéndose alrededor de estructuras comerciales y artesanales que reutilizaban los edificios preexistentes, casi indiferentes a su lugar de residencia.
Sin embargo, el acoso continuó también en Italia: los municipios, en constante búsqueda de capital, otorgaron derechos de ciudadanía temporales a cambio de préstamos cuantiosos, la mayoría de las veces impagados, e impusieron tasas impositivas más altas. La situación se agravó en la primera mitad del siglo XV, tras el auge de ciertos predicadores (Bernardino de Siena). La movilidad judía era peculiar, lo que resultó en la ausencia de una integración estable; para los judíos, la ciudad era el emplazamiento del Templo, que se identificaba con el de Jerusalén (una ciudad absoluta): tras la destrucción del Templo, la ciudad dejó de existir como lugar de residencia permanente, y sus habitantes tendían a desplazarse constantemente, en busca de un espacio absoluto para la mente: una búsqueda constante que condujo a una relación no resuelta entre el nomadismo y el asentamiento.
El Hospital de Santa Maria della Scala en Siena. En el apogeo de la era comunal, se convirtió en un modelo de bienestar; su fama también se atribuía a los numerosos peregrinos que allí se alimentaban y cuidaban. Emblemática de la transición de la protección canónica por parte de instituciones benéficas a la progresiva participación de la sociedad civil, se convirtió en motivo de orgullo cívico, y se realizaron importantes legados y donaciones. Se caracterizaba por su belleza, racionalidad y riqueza; su pluralidad de funciones la hacía comparable a una ciudad dentro de la ciudad.
BIBLIOGRAFIA.:
todos los derechos a Alberto Grohman, de parte de su tesis sobre la ciudad medieval y alrededores, la siguiente informacion del autor que se uso para esta traduccion se encuentra en el link del apartado.
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