Seguir acostada leyendo mensajes viejos no iba a cambiar la situación. El día estaba bueno, así que preparé la mochila con lo justo y necesario que necesitas llevar cuando tenés el corazón roto: mate y un par de puchos. Con el armamento cargado me fui para la entrada de casa y toqué la rueda trasera de la bici, porque es la que siempre se desinfla y sí, estaba en llanta. Inflé en el taller de mi papá y salí. Le di derecho por el tanque, el jardín, el club y doblé para el río. Un perro canducho me tironeó la calza en la última esquina de la 9 de Julio y yo ya sabía que era mal augurio.
Como tenía la cabeza en cualquier lado me olvidé que ir por la bajada del río es horrible cuando llueve el día anterior y lo mismo me metí por ahí. Fué cuestión de esquivar pozos, arenas y rogar que no se me desinflara de nuevo la bici, no quería gastar los quinientos, los necesitaba para una emergencia porque ya sabía que me alcanzaba para dos sueltos ahí al frente del Normal.
Encima que iba cargada el sol me pegaba por todos lados, aunque el calor interno era más pesado.
Cuando pasé la peor parte del camino empezó sonar el Chango Spasiuk y a mitad de canción me largué a llorar. Me sequé los ojos con la mano y solo seguí. Quería disfrutar el chamamé pero ya no estaba en mí. Y me largué a llorar de nuevo. Me daba verguenza porque pasaba gente, hasta que me dí cuenta que nadie me junaba. Es hora de dejar de pensar que soy la única.
Llegué. Apoyé la bici en una mora y me tiré al pasto. Seguía sintiéndome mal como cuando estaba acostada hacía un rato. Abrí la mochila buscando el termo, me equivoqué de cierre. Estaba en el del medio junto con el mate y la yerbera. Bastante organización a pesar de la tristeza. Del bolsillo chico saqué una libreta de hojas marrones, una lapicera, el encendedor y los puchos. Inestabilidad emocional starter pack. Empecé a escribir.
Con esta serían tres, pensaba cuando hacía memoria. Podes afrontar un mal amor y salir victorioso, estamos preparados para eso. Aunque nunca estas del todo preparado para contarle a tus conocidos que te separaste. Cuando me pasó no sabía bien que decir o cómo hacerme entender. Siempre la misma perorata: qué pasó, si estaban bien.
No quería ponerme a escribir sobre las cosas que pasaron en sí. En este momento tampoco. Solo me atuve a respetar lo vivido.
Quemé los barcos. Hasta nunca.
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