Al sentir la soledad del poder, un rey le pidió a su consejero más sabio que buscara una mujer para desposarla. Hermosas y ambiciosas mujeres desfilaron en el palacio con el sueño de convertirse en reina. Pero el rey no eligió a ninguna. Un día, el monarca vio en un corral una vaca con enorme ubre. Mientras acariciaba la cabeza de la vaca preguntó al dueño sobre las virtudes morales de la rumiante. El propietario contestó: «Rutilia no se interesa por la política por lo que jamás la escuchara hablar de paridad de género.»
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