Sol y Luna
Tú eres sol, yo, luna callada,
tú, fuego que arde, yo, frío que desarma.
Tus manos me queman, suaves, pero intensas,
las mías te tocan con miedo, con defensas.
Enséñame a ser acariciada sin arder,
yo aprenderé a mirarte sin temer.
Mis ojos serán caricia que no duele,
los tuyos, sonrisa que a mi alma consuele.
Si ahora nos unimos, seremos llama,
un fuego que arde, pero que se quema en su drama.
Mi lentitud no es rechazo, ni miedo, ni error,
es el cuidado del alma, es respeto al amor.
El sol, cuando sufre, se esconde a su antojo,
la luna, en su calma, lo espera sin enojo.
Y así, amor, mientras sanamos en silencio,
el tiempo se diluye en nuestro entendimiento.
Cuando estemos listos, sin temores ni rencor,
no seremos fugaces, ni sombras de un amor.
Seremos un eclipse eterno, un instante sin fin,
donde el sol y la luna, al fin,
se encuentren y nunca más tengan que huir.
Nashira Peralta
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