I Tied You Forever

I Tied You Forever

antesdelsol

11/09/2025

A veces me acuerdo de esos días que pasábamos después del colegio, cuando llegábamos a la acera de mi casa y nos sentábamos, aunque después nos picaba el pasto. Una tarde, llegando, me besaste y te recostaste encima de mis piernas. Me dijiste que me veías rara desde donde te encontrabas. Nos reímos como 2 niños. Te decía que eras mi niño y que siempre lo ibas a ser sin importar nada.

Qué curiosa es la vida, que ahora estoy sentada en la mesa de mi cuarto con los ojos llenos de lágrimas, preguntándome por qué en esta vida no, por qué pasaron todas esas cosas, por qué no pudimos tener el amor que tienen algunas personas.

¿Será que estás en tu cuarto igual pensando o capaz estás estudiando, capaz mañana tienes un parcial o tarea, capaz estás haciendo la cola para el diésel o capaz estás cenando…?

Tantas cosas que puedes estar haciendo y yo aquí.

Un 15 de marzo del 2023 te dije que me gustabas por chat. Tenía la ilusión de que por lo menos me dijeras que podíamos tener una posibilidad. Antes de decírtelo no te podía sacar de mi mente, tu voz quedó grabada en mi memoria auditiva. Con apenas 15 años, sin saber nada del amor o de cómo son las personas en esos temas, tenía la ilusión de que mi primer amor iba a ser como de película, como esas series coreanas que veía, como las telenovelas de mi madre.

Pero ahora digo: fue mucho más que eso.

Te lo dije, tardaste unos minutos en responder, tu respuesta fue como una espada que me dio en la parte más débil de mi cuerpo, fue como si hubiese ido a la guerra sin armadura:

  • No te quiero.
  • Cómo te podés fijar en una persona como yo.
  • No piensas, piensa un poquito.
  • Jamás te miraré como algo amoroso jamás, y recuérdalo siempre.

No sabía qué hacer en ese momento, esas palabras me sacaron de mi mundo, de mi realidad; la realidad de una niña ilusionada.

Minutos más tarde me llega una notificación de tu amigo:

“¿Es verdad que te le declaraste?”.

No sabía qué decir, ya estaba expuesta. No escribí nada, solo apagué el celular.

Esa noche fue la primera de una realidad que iba a tener muchas más. Con cada lágrima que caía por mi mejilla sentía cómo mi pecho dolía más. Toda la noche no pude dormir, la mañana llegó sin pensarlo.

Tenía tarea de arte, de dibujos. Eran las 6:45 am, agarré mis lápices y comencé a hacer. El recordar de cada mensaje invadía mi mente, tuve que cambiar y rehacer el dibujo 3 veces porque los manché con mis lágrimas. Llegó la hora de ir a verte, llegando tuve que respirar profundo y fingir una sonrisa como si todo estuviera bien. Entré al aula, todos me miraron, me hice como si no los viera, me senté y saqué mi dibujo para terminar.

Como un balde de agua caliente escuché la pregunta de mi compañera:

“¿Es verdad que te le declaraste y te rechazó?”.

En ese momento solo quería que me tragara la tierra. Cómo pensar que alguien a quien idealizaba, con quien soñaba todas las noches, con quien me imaginaba que por lo menos me iba a dar una pequeña esperanza…

Eso hizo que se me activara mi sistema de alarma.

Apreté los labios, me volteé sonriendo y dije:

  • “¿De dónde sacas eso? Sabes que no sería capaz de hacer eso”.

Me miró por unos segundos y me dijo:

Más bien pensé que era verdad.

Solo sonreía a lo que me decía, no sé en qué momento cambié mi mirada y, como si la vida me quisiera dar una lección, entraste. Te miré, mi corazón comenzó a latir como si un montón de perros me estuviesen correteando. Tenía una taquicardia.

Te sentaste lejos de mi asiento, era obvio que no me querías ni ver.

Así pasaron horas, días, semanas. Me preguntaba por qué lo había hecho, por qué, si por lo menos antes tenía la oportunidad de hablar aunque sea solo por las tareas o exámenes, podía verte sin sentir ese nudo en mi garganta, nuestras miradas se podían cruzar sin sentir dolor. Pasaron las semanas, lo acepté, acepté que había cometido un error al decirte.

Tres meses después, cuando ya estaba cerrando el tema, como un puñal, como un rayo, como cuando te cortas con la hoja metálica para diseccionar, llegó la noticia de que te gustaba mi amiga y que ella no sabía si le gustabas igual.

Dos días después los vi saliendo juntos, estabas sonriendo, se fueron por el camino más largo. Yo solo los vi, y los veía cada día. Me preguntaba: ¿por qué ella? ¿por qué yo no? ¿Acaso soy tan fea? ¿Acaso mi forma de ser es tan horrible?

Aunque te quería eliminar de mi mente, te quería borrar, quería volver al pasado y cambiar la forma en que te vi la primera vez. Fue, como se puede decir, amor a primera vista. No sé si eran las hormonas, si era el hecho de que me quería enamorar, pero te vi y todo a mi alrededor desapareció: solo eras tú y yo y nada más. Tu forma de caminar, tu forma de sacar tus cuadernos, en cómo me miraste con esos ojos color café me hicieron sentir que flotaba, como si me hubiese comido 10 barras de chocolate. Desde ese día no te pude sacar de mi mente y de mi corazón. Ya pasó tanto tiempo y tantas cosas, pero ese sentimiento sigue…

Unos días después me enteré que te habías apartado de tu amigo, que se habían molestado porque a él también le gustaba ella y tú lo sabías, pero parece que tus sentimientos hacia ella eran más fuertes que tu amistad con él.

Así fueron 5 meses… 5 meses que los tenía que ver juntos, 5 meses de risas entre ustedes y yo me volví invisible para ustedes. Capaz siempre lo fui.

Hasta que un día te vi en tu silla con la cabeza en la mesa de la misma, no sabía qué te pasaba. Aunque ya no me tenía que preocupar por ti, igual me preocupaba, igual me preguntaba qué le pasaba, qué tiene, ¿estará enfermo?

Hasta que me lo dijeron: ella se había apartado de ti, no sabían el motivo, pero ya no salían, ya no la acompañabas, ya no hablaban. Por qué era, no lo sabía.

Estuviste mal unos días, no pregunté si sabían por qué se habían apartado, solo te veía. Dejaste de reír unos días, comenzaste de nuevo con tus amigos a jugar los partidos en la cancha, a los que a escondidas iba a ver.

Pasaron 2 meses. Mi amiga, la chica que querías, entró en una relación con tu amigo, sí, con él, con el mismo que se habían apartado, con el mismo que te dijo más antes que le gustaba ella.

Otra vez volviste a estar mal. Aunque te quería hablar, no lo hice. Cada vez que me dirigía a hablarte me recordaba de cada uno de los mensajes que me habías mandado esa noche… y de cómo todo había cambiado.

Entre esos meses que tú andabas con ella, en esos mismos meses mis demás amigas se apartaron de mí. No sabía por qué, el peor daño que me hacían era ese. Sabía que apoyaban tu relación con ella, pero ¿por qué apartarse de mí? ¿Sentían lástima, pena, vergüenza? ¿Qué sentían…?

Entre esas tardes en que las pasaba sola, arrepintiéndome de haberte dicho, de haber dicho que me gustabas, se me acercó alguien: un compañero de nosotros, amigo tuyo también.

Él me hizo distraerme un poco: hablábamos, reíamos, renegábamos porque no nos salían los ejercicios de mate. A veces, aunque suene loco, me imaginaba que era vos… pero la realidad era otra.

Así llegó septiembre. Ya te veías mejor, mis amigas volvieron, cambiamos de asientos en el aula. Ahora me sentaba en la esquina derecha atrás, mi otra amiga al lado izquierdo, tu mejor amigo atrás suyo y te sentabas vos.

Al principio hacía como si no te veía, aunque a escondidas te miraba. Un día, como si la vida quisiera seguir jugando, me hablaste, me preguntaste de una tarea, nos pusimos a hablar de ello y así pasaron los días. Ya éramos 4, los 4 que nos sentábamos juntos. Reíamos, discutíamos, nos enojábamos y nos volvíamos a reír, ya sea de un chiste, de una tarea, de algo tonto que hacía tu amigo o de alguna anécdota que nos pasaba a alguno de los 4. Así pasaron los días hasta el 20 de septiembre.

Ese día no vino mi amiga y tú te sentaste detrás de mí. Nos pusimos a hablar y a contar nuestros gustos, hasta que me preguntaste si tu mano era más pequeña que la mía. Te miré y te dije que no lo era. Alzaste la mano y con una seña que yo solo entendí, me dijiste que ponga mi mano igual.

Cuando nuestras epidermis se tocaron sentí un cosquilleo en mi estómago, algo me hizo sonreír. Aunque solo duró unos segundos, para mí el tiempo se había parado en ese instante. Me sonreíste y me dijiste que sí, que tu mano sí era más grande que la mía y que tu tono de piel estaba muy lejos de mi tono de piel (soy un poco más blancona que él).

Pasaron los días, seguían las charlas, los mensajes por chat, las partidas de nuestro juego que te gusta. Sé que a veces me dejabas ganar solo para seguir jugando.

Hasta que un día subiste a tu estado de WhatsApp un video —y se puede decir que era de amor— con una música que decía en la letra que te gustaba una chica.

Te respondí al video con un emoticón riendo: “¿Y ahora quién es tu buena conquista?”.

Me respondiste unos minutos después:

-Eres tú.

Pensé: “está jugando”, y te dije: “ya pues, dime, ¿es de nuestro curso o colegio?”.

—Sí.

—¿Ya la conozco?

—Sí.

—¿En serio? Ya pues dime, ¿quién es?

—Anda al espejo y la verás.

—¿Qué? ¿En el espejo está?

—Anda a él y la verás, la conoces muy bien.

Jajajaja fui y no había nadie, te respondí.

—Tendría que estar ahí —me respondiste con una cara con una gota de sudor.

Después de eso llegó el día, una tarde después de un desfile de nuestro colegio. Por chat, mientras nos poníamos de acuerdo para jugar otro juego, me lo dijiste sin anestesia, directo, con las palabras bien claras escritas en un mensaje:

-¿QUIERES SER MI NOVIA??

Tuve que leer la pregunta como 20 veces, me pellizqué el brazo como 5 veces y la volví a leer.

No me lo creía, cómo después de lo que pasó te pude gustar. Me recordé de tus mensajes de marzo, sí, esos que a veces no me dejaban dormir.

Para asegurarme de que no estabas jugando te dije:

“¿Es chiste, no?”.

Me dijiste que no.

Y te lo volví a preguntar:

“¿En serio? ¿En serio no es chiste?”.

Y de nuevo me dijiste que no.

Entonces te dije:

“Mmmm… ¿Será que te creo? Capaz solo es jugando”.

Y me mandaste un audio:

“No, no es chiste y tampoco es jugando, es en serio, ¿quieres ser mi novia?”.

No sabía qué responder, pasaron unos minutos y te respondí:

“Mmm… ya, pero, ¿y lo que pasó en marzo? ¿Qué con eso?”.

Tardaste unos minutos en responder, fueron como horas para mí.

“Lo siento, no sabía lo que hacía en ese entonces. Perdón, perdón por decirte todo eso”.

“Fuiste muy hiriente”, dije.

“Lo sé, lo siento, ya está dicho y sé que no lo puedo cambiar. Perdón”.

“Está bien”, dije.

“Mañana seguimos jugando”.

Puse mi celular debajo de mi almohada, no sabía lo que había pasado. Estaba en shock. Me preguntaba: “¿será verdad que quiere que sea su novia? ¿Será verdad que se ha fijado en mí?”. Estuve así toda la tarde y la noche hasta que llegó la mañana y me volviste a escribir:

“Buenos días, ¿cómo estás? ¿Cómo dormiste?”.

Respondí lo más normal posible, aunque detrás de la pantalla estaba con una sonrisa de oreja a oreja.

Volvió esa ilusión y más fuerte que nunca.

Así pasaron los días, parábamos juntos, cambiaste de asiento con mi amiga, ahora te sentabas atrás de mí, reíamos, jugábamos; en las noches hablábamos, jugábamos nuestros juegos, armamos grupo de 4 para exponer de Lenguaje.

Quedamos en hacer el trabajo en la mañana. Era una mañana fría, con lluvia y viento. Salí de mi casa con mi abrigo más largo y grande y con mi mochila. Estaba yendo para la casa de mi amiga hasta que me di cuenta que alguien se acercaba por detrás en una bicicleta, y eras tú. No estabas muy abrigado. Cuando nuestras miradas se cruzaron y escuché tu voz, sentí como si el frío desapareciera, sentí como mis mejillas se pusieron rojas, me dio vergüenza que lo notaras.

Me preguntaste: “¿Estás bien? ¿Estás con tus mejillas rojas?”.

“Sí, es el cambio de temperatura, en mi casa no hace mucho frío”, dije. Aunque muy rápido, te bajaste de la bicicleta y te pusiste a caminar junto a mí.

Sin darme cuenta, miré a un lado y vi a mi hermano mayor, nos miraba a los dos. Había ido a dejar a mi sobrina al colegio. Solo nos miró y no nos dijo nada. Tenía prohibido tener cortejo o novio. Mi madre me había hablado del tema y me había dicho que tener pareja a la edad que tenía solo me iba a traer sufrimiento.

Pasamos de largo, nos pusimos a hablar y a pensar cómo haríamos el trabajo.

Terminado el trabajo, nos volvimos los dos. Sentía que cuando estábamos juntos no existía ni frío, ni calor, ni lluvia o huracán que nos pudiera separar.

Llegó octubre, mi cumpleaños se acercaba. Un día, mientras estábamos en receso en el aula, mis compañeras te llamaron. Se me hizo raro, les pregunté a una qué había pasado. No me dijeron nada, solo que era una sorpresa. Te agarraron y te llevaron. Los vi hablar en el balcón, me quise acercar, pero me detuvieron. Me dijeron que después iba a saber.

Me senté, pasaron unos minutos y volviste. Te pregunté qué era.

No me dijiste nada, solo que ya lo iba a saber.

Pasaron unos días, le pregunté a mi amiga de qué habían hablado. Me dijo que te dijeron que era mi cumpleaños y que te preguntaron qué me ibas a regalar. Quedé congelada, aunque sí me daba curiosidad de saber.

Llegó el día, mi cumple: 16 años ya. Entre 5, mis 2 amigas, tu amigo y tu fuimos a cenar saliendo de clases a un lugar cerca del colegio, pollo, aunque contigo a mi lado podía aunque sea comer solo aire, con tal que tú estés junto a mí. Fue una cena linda con las personas que quería y con la persona que amaba

Terminamos de cenar y llegó la hora de los regalos. Primero comenzó mi amiga, me regaló un portarretrato, es muy lindo y digo “es” porque lo tengo y cada vez que lo veo me recuerdo de ella. Mi otra amiga me regaló un joyero en forma de corazón, muy lindo también. Tu amigo, aunque me dijo que no le alcanzaba para un regalo, me deseaba lo mejor en la vida y que todo lo que me proponga lo cumpliré. Tú me dijiste que me lo darías en el camino a mi casa.

Nos despedimos de una de mis amigas. Nos fuimos los 4. Una cuadra y media antes de llegar a mi casa paramos. Sacaste de tu mochila una bolsita, en ella tenía una cadena y una manilla. Cuando las vi me di cuenta que eran 2 de cada uno, eran para compartir. El primer collar era de color café su cinta, tenía un sol que en la parte de adelante tenía escrito las palabras I tied you, y el segundo collar, una media luna que tenía escrito forever. Los 2, al unirlos, encajaban perfectamente y la frase se completaba: I tied you forever.

Cuando la leí, mi corazón comenzó a palpitar más fuerte, un cosquilleo en mi estómago. Sin pensarlo me lancé a abrazarte. Al principio no me abrazaste, pasaron unos segundos y sentí cómo ponías tus brazos y manos alrededor de mi cintura. Aunque para otros eso fue en un segundo, para mí fueron minutos, como una cámara lenta. Me abrazaste fuertemente. Te dije al oído, solo para los dos: “Te amo, no sabes cuánto”.

Aunque para ti solo fueron unos minutos, para mí fue una eternidad hermosa, un sueño, una realidad que jamás había pensado.

Me aparté unos pasos, saqué las manillas. Igual eran de compartir, eran de un color rojo intenso con un diamante a cada lado del seguro. Eran de un material muy suave y agradable. Tenía medio corazón, que juntando las dos manillas formaban lo que era un corazón completo, y en él se podía ver la imagen de dos personas bajo una luna dándose un beso.

Sinceramente, siguen siendo mis regalos favoritos, aunque ya no los tenga conmigo.

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