Una vez, por ahí. El viento «o lo que fue de una voz que solía conocer» me preguntó si en algún punto de mi corta existencia había amado a alguien. Y por mi boca solo salió un «no lo sé», mas en mi garganta se quedó un gran nudo esperando una pequeña pizca de valor para poder decir que, sí había amado a alguien con más de lo que soy.
Pero, ¿Para qué mentir?
No sé soltar, no sé cómo dejar ir a aquel por el cual habría dado mi vida entera con tal de que se quedara un poquito más.
¿Amar? ¡Claro!
Todas esas cartas en mi caja de recuerdos te lo pueden jurar, todas esas lágrimas y sollozos que jamás llegaste a escuchar te lo pueden confirmar, y si le preguntas a Dios, te dirá todas y cada una de las oraciones y súplicas que le dije con tal de que me amaras, dejaras o te quedaras.
¿Y cómo dejarte ir, vida mía? ¿Cómo podría?
También debo admitir que, sí, sí me enamoré, tal vez de migajas y boronas, pero también de esos ojos cafés tan brillantes, esa sonrisa tan radiante como ninguna, ese abrazo tan a la medida, tus manos, tu alma, tu todo.
¡Oh amore mio! ¿En qué idioma te lo tengo que decir ?
Pero ahora dime, vida mía. Dime que me amas con la misma fuerza, dime por favor que también piensas en mi, si hace falta susurra que hay suspiros que me pertenecen, que también sueñas conmigo cada noche. Que Dios ha escuchado alguna oración dedicada a mi, dime amado mío, dime que esta noche vas a pensar en mi con el amor más dulce de esta vida, dime por favor, dime que en cada nota que canta tu cello estoy yo, que cada colocho tuyo se estremece de solo pensar en mi y que esa eternidad que sueño junto a ti también la quieres.
Dime querido de mi alma, ¿Debo esperarte solo un poquito más?
OPINIONES Y COMENTARIOS