Una historia que nació del corazón… y de una propuesta inesperada
Hay historias que nacen con una chispa, otras con una necesidad interior que no te suelta hasta que las escribes… y luego están aquellas que llegan como una invitación. Como si el universo, por un momento, pusiera en tu camino una señal clarísima.
Así nació Proyecto Valldemossa. No porque se me ocurriera una mañana de otoño con el café en la mano, sino porque una editorial me escribió. Sí, una editorial. De esas cosas que parecen de película. Me contactaron a finales del año pasado y me pidieron que les presentara dos propuestas editoriales. Yo, nerviosa pero emocionada, preparé ambas con mimo, intentando que respiraran todo lo que soy como escritora. Y les encantaron.
Al principio, lo confieso, opté por la otra historia. Por razones prácticas, estratégicas, lógicas. Pero hubo algo en Valldemossa que no me dejaba en paz. Como cuando pasas por una calle que huele a pan recién hecho y no puedes evitar volver atrás. Esa fue mi sensación con esta novela: que tenía que volver, que tenía que escribirla.
Valldemossa me eligió a mí, y no al revés
Cuando decidí enfocarme del todo en Proyecto Valldemossa, todo empezó a fluir. Como si el pueblo, sus calles empedradas, sus fachadas cubiertas de hiedra, sus leyendas antiguas y su magia cotidiana me estuvieran esperando con los brazos abiertos. Me centré, me enfoqué y dejé que la historia me llevara de la mano.
La escribí rápido. No porque quisiera quitarme el trabajo de encima, sino porque estaba enamorada. Enamorada de sus personajes, de su ritmo pausado, de esa mezcla de romance, misterio y destino que hace que cada página se sienta como una promesa.
Pero como buena escritora brújula que soy, cuando llegó el momento de revisar… los giros finales me pillaron sin paraguas. Me di cuenta de algo que no siempre queremos aceptar: que escribir el final de una historia es como cerrar una etapa de tu vida. Da miedo. Da vértigo. Porque el final, en el fondo, también te transforma.
De la reescritura al aprendizaje: una travesía compartida
Por suerte, en esta parte del camino no estuve sola.
Eva, mi correctora y compañera de letras, me acompañó en este proceso como quien te ayuda a ordenar una casa en la que has vivido muchas emociones. Con delicadeza, con mirada aguda, con cariño. Juntas desmontamos lo que no funcionaba y reconstruimos lo esencial. Y aprendí tanto.
Aprendí que los giros finales no tienen que ser fuegos artificiales. A veces basta con un susurro bien colocado. Aprendí que corregir no es tachar lo que no sirve, sino iluminar lo que estaba escondido. Y sobre todo, aprendí que dejar ir una historia —cuando ya está lista para volar— también es una forma de amor.
Hoy puedo decirlo con una mezcla de emoción y vértigo:
Valldemossa ya está preparada para su siguiente paso.
El momento de manifestar: que llegue a donde tenga que llegar
La historia ya está revisada. El manuscrito está listo para mandarse a la editorial. Ahora toca esperar, confiar, respirar hondo y dejar que el universo haga su parte. Y aunque hay un cosquilleo en el pecho (esa mezcla de ilusión y nervios), también hay una calma nueva. La de saber que lo he dado todo, que he cuidado esta historia con el mismo amor con el que riego mis plantas cada mañana.
Ahora es tiempo de manifestar.
De repetir en voz baja que todo saldrá bien.
De imaginar a Valldemossa en librerías, en manos lectoras, en mesas de noche, en tardes lentas con té caliente.
De dejar que la magia siga su curso.
¿Y tú, estás preparada para conocer Valldemossa?
Te prometo que si alguna vez soñaste con un rincón donde la magia se esconde entre los balcones, donde los amores tienen sabor a destino y donde los secretos del pasado reclaman su lugar, Valldemossa será un viaje que no olvidarás.
Muy pronto podré contarte más. Pero por ahora, si quieres acompañarme en este momento de tránsito, de sueños que se alistan para volar…
Quédate cerquita.
Porque cuando llegue el momento, tú serás de las primeras en recibir la llave de esta historia.
🌿 Mantra de la semana:
«Confío en que lo que ha sido escrito con el corazón encontrará el camino hacia quien lo necesite.»
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