
A veces parece que la poesía ya fue. Como si se hubiera quedado en las voces de los que ya murieron o en los poemas que nos hicieron leer en la escuela. No es que no valgan (porque sí valen y muchísimo), pero también hay otra poesía. Una que está pasando ahora, que está viva, que está escribiéndose mientras tú lees esto.
Leer a poetas vivos es también una forma de entender lo que estamos sintiendo ahora. Ellos hablan como nosotros, con el idioma de hoy, con las heridas de hoy, con las dudas que nos atraviesan también. La poesía viva se escribe desde lo cotidiano, desde el mensaje que no nos contestan, desde la ansiedad, desde el amor que no alcanza o no llega. No es que la antigua no lo hiciera, pero ahora se hace desde otras palabras porque así como el mundo, la sociedad, la vida y las personas evolucionan; la poesía también.
Los poetas vivos escriben con lo que tienen: a veces con poco tiempo, con poco dinero, con mucho dolor o con muchas ganas de seguir vivos. Escribir poesía en este tiempo no es fácil, publicar mucho menos. Por eso, leerles es una forma de hacer comunidad. De acompañar, de decir: lo que estás escribiendo me importa, me llega, me habla…
Hay algo hermoso en leer un poema y saber que la persona que lo escribió sigue respirando. Que quizás está escribiendo otro ahora mismo. Que quizás podrías escribirle y decirle “gracias” o simplemente seguir leyendo. Hay algo también muy valiente en los poetas que siguen escribiendo hoy, en medio del cambio, de los algoritmos, de la prisa.
Además, muchas poetas vivas están diciendo cosas que antes no se decían mucho. Hablan de lo que se callaba: del cuerpo, de la rabia, de la salud mental, del aborto, del deseo, del miedo, del trabajo, de la casa, de la madre, del padre, de lo que cuesta ser mujer o ser niña o ser nadie. Leerles es abrir los ojos a todo lo que está pasando. Es escuchar otras voces y aprender a mirar de nuevo.
También es una forma de darnos permiso. Si otras están escribiendo, yo también puedo; si otras están sintiendo esto, entonces no estoy sola.
No se trata de elegir entre una cosa u otra. La poesía de antes sigue siendo importante, hermosa y necesaria, pero ya no debería ocupar todo el espacio. También hay que leer lo que se escribe hoy, también hay que escuchar a quienes aún tienen voz.
Leer a poetas vivos es una forma de estar vivos también. De no quedarnos solo con lo que fue, de hacer que la poesía no se quede atrás, sino que siga caminando con nosotros.
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