¿Sabes cuándo comienza todo, pero no cuándo termina?
Es tan efímero, como el suspiro de una estrella fugaz, que ilumina un instante y se desvanece en la nada, dejando un eco de luz en el alma.
Desearía ganarle al tiempo, o detenerlo,como quien intenta atrapar el viento entre las manos, sabiendo que se escapa como sueños en la noche.
La vida es agridulce, como el sabor de un café cargado, donde el amargo y el dulce se funden en un solo sorbo, y en cada sorbo, una lección.
Me quedo con su lado dulce, pero de esos momentos amargos, aprendí mucho, como se aprende a bailar con la tormenta.
Duele vivir, como duele la luz del amanecer cuando hiere los ojos cansados, pero en ese dolor, hay una promesa de renacer.
Y da felicidad todo cuanto se puede recolectar, con sus matices, como los colores del otoño que se desprenden lentamente, pintando el suelo de nostalgia.
Con sus ondulaciones, como las olas que acarician la arena, y sus perturbaciones, como el trueno que rompe el silencio, anunciando la llegada de la vida.
Ganas y pierdes, ríes y lloras, aprendes o desaprendes…amas y te desenamoras.
Yo prefiero amar, aunque a veces duela, como duele la tierra cuando la siembran, sabiendo que florecerá, saboreando la espera de la cosecha.
Te amo, como amo a la vida, con sus grietas y sus luces, con sus sombras y sus cielos abiertos, porque en cada imperfección, hay una belleza que nos une, un hilo invisible que nos sostiene en este viaje efímero.
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