Hacía unas semanas que no sabía nada de él. Le gustaba esconderse pero al mismo tiempo tener localizados a sus amigos, aunque con eso de buscarlos solo cuando le interesaba a veces no era posible. La cafetería era una cualquiera cerca de su casa, la había elegido porque era fácil aparcar. Con la excusa del partido le pareció perfecto tomarse unas cervezas, y charlar un poco. Se le amontonaban las decisiones que tomar y le parecía que tener una segunda opinión le era bueno, a pesar de que con la mentalidad de ciudad de provincias que sus amigos de provincias tenían, sabía lo que le iban a decir, que todo no era sino un disparate. Había llegado a un punto en donde las cosas comenzaban a perder valor y lo ganaba, la idea de que la vida era corta, quizás demasiado para perderla en divagaciones. Reflexionó –“ Arriesgarme aunque pierda, porque sino siempre me quedará la incertidumbre de si mi vida ha sido un asco, o no ha sido de otra manera porque yo no he movido un dedo”.
La cafetería estaba cerca de su casa, frente a un parque, la habían abierto hacía poco y por eso aun disfrutaba de la sutil intimidad de unos parroquianos que aun no se habían acostumbrado a la mutua presencia y a una familiaridad incómoda. La habían decorado con motivos taurinos, y le extrañó que hubiesen decidido darle aquella temática en una ciudad en donde no había plaza de toros. Se lamentó de que en realidad no hubiera casi de nada y vagamente recordó que si existía un club de tauromaquia, aunque no sabía ni donde se hallaba ni que actividades podía ofrecer. Todo era nuevo, los muebles eran de madera oscura y clásicos, y las paredes estaban repletas de fotografías taurinas en blanco y negro junto a algún que otro cartel de corridas famosas, y objetos relacionados con ese mundo, como el par de banderillas amenazantes, que en la pared junto a la puerta de la cocina, formando una cruz intimidaban a los que entraban.
David no solía retrasarse y si lo hacía avisaba por el móvil, y por eso como pasaban diez minutos desde que había comenzado el partido, se imaginó que debía estar al caer. David trabajaba mucho, o por lo menos mucho más que él en su trabajo de comercial en donde no tenía un horario muy definido, además de que el esquema tradicional que mantenía sobre su vida, con sus costumbres y el ritmo rutinario con respecto a su familia, lo mantenían atenazado. No sabía si era que no se podía desprender de él, o era que le había tomado gusto. Él era justo lo contrario, separado con un hijo y ahora desde hacía un par de años viviendo con una chica diez años mas joven.
Alguien gritó despues de una jugada en el televisor, y en voz alta se refirió a lo que había sucedido esperando que alguien en la sala corroborase sus palabras. Las falsas afinidades que se formaban en los bares con los seguidores de un mismo equipo de fútbol, aunque no se conociesen, y aunque nunca mas fuesen a intercambiar impresiones a pesar de que coincidiesen mas veces. Fue justo el momento en el que David entraba.
.- ¿Ha sido gol? – Llegaba jadeando – Al final he cogido un poco de tráfico a la salida de la autovía.
David iba bien vestido con chaqueta y corbata, los días laborables siempre vestía así y los fines de semana solía llevar algo mas informal. Como Max y como el resto de los amigos que buscaban quitarse algo de polvo por medio de ropa juvenil que quizas no se correspondía con su edad real. Max no podía evitar cuando veía a gente mas joven que él y aparentaban mas años, caer en una sutil complacencia.
“La actitud ante la vida también cuenta mucho” – se decía para autoconvencerse de que sus últimas decisiones eran las correctas, o de que él era diferente, y por eso tomar decisiones arriesgadas en cuanto a su vida era lo que le correspondía. No pretendía perder la cabeza con alguna opción errónea, pero sabía que si no lo hacía en aquel momento en donde todo confluía ya no volvería a disponer de la oportunidad. Debido a la enfermedad, disponía de tiempo, y la novela casi terminada y era el momento de airearla a ver que salía.
OPINIONES Y COMENTARIOS