Quisiera pedirte

Quisiera pedirte

Ema UB

20/06/2024

Quisiera pedirte tantas cosas, pero no tengo tiempo. Ese es el pretexto perfecto: pedir es fácil, pero ¿qué estoy dispuesto yo a dar a cambio? Porque es evidente que debe funcionar la ley de reciprocidad, esa palabra que es el alma de la empatía, la esencia del Homo sapiens sapiens emocional.

Quisiera pedirte tantas cosas, pero las necesidades siguen siendo las mismas: en esencia nada y en consistencia todo. Especialmente quisiera pedirte sincera comprensión, pero sé que no podrías; estás inmerso en el arte de imitar benevolencia por pura aceptación social.

Las otras, esas necesidades inventadas producto de la ilusión… en esas radica el sufrimiento, ese que es padre de la tristeza. Cada vez que recuerdo el sufrimiento, siento que sus venenosas semillas quieren implantarse en mi razón, invocar a las lágrimas y convertirme de sapiens a despojo. Despojo ya fui por mucho tiempo, y de vez en cuando en eso me convierto; pero ahora, después de tener tu grata compañía, no quisiera caer en ese fango, no quisiera ensuciarme la conciencia con toda esa negatividad. Insisto: me basta con tu compañía, porque sufrí, y sufrir en soledad enseña, pero agota.

Sufrí cuando estuve enfermo. Sufrí cuando estuve solo. Sufrí cuando tuve necesidad. Sufrí por el amor que entregué y nunca recuperé multiplicado. Sufrí cuando esperé del otro más de lo que podía o quería dar. Sufrí cuando fui acusado de actos que ni siquiera hubiera pensado. Sufrí cuando mis esfuerzos no fueron recompensados. Sufrí cuando esperé sin consentimiento del tiempo y me olvidé de vivir. Sufrí cuando crecí. Sufrí cuando la ilusión se estrelló con la razón.

Sufrí, y sufrí mucho… pero ni Dios ni el Diablo: esto soy yo, esta es mi gran batalla imaginaria. Y digo imaginaria porque la expectativa es la que más sufrimiento causa: esperar a que la acción incansable produzca en viva realidad lo que uno imagina.

Cuando por fin me vi iluminado y decidí ser malvado, me encontré con una especie de muro moral que no me dejaba dar el gran salto, así que me dediqué a observar. A desearte de mala manera, a odiar tan solo tu compañía si lo que yo quería era morder la carnosidad de tus labios, preguntar respecto a tus deseos e intentar cumplir tan solo uno de ellos. Intentar ser la muesca de tu sonrisa y apoderarme de tus sentimientos.

Durante ese tiempo de observación pude notar que mi maldad es circunstancial: solo nace cuando se trata de ti. Cuando se trata de poder poseer tu cuerpo, en ese momento quiero pedirte tantas cosas, pero no tengo tiempo.

Pero mi maldad no durará para siempre, dado que lo malo de hoy podría ser un acto de bondad mañana. Vi a gente mintiendo en nombre de la bondad cuando en realidad era en nombre de su propio bienestar, y es sabido que el bienestar propio es egoísta; allí nunca habita la bondad, tan solo la satisfacción del uno, del yo. Y yo quiero satisfacerme contigo. Eso es lo que quisiera pedirte, pero no puedo… y por eso, tan solo te contemplo desde lejos.

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