El inicio del adiós

El inicio del adiós

Ema UB

12/05/2024

El calor del sol se intercala con la brisa otorgada por el vendaval, de forma que el cuerpo se siente ajetreado por no lograr satisfacer ni el calor ni el frío, sin embargo entre estar o no estar, prefiere estar en un rincón tratando de descifrar que tiene el clima para dar. Ante este sedentarismo de resignación, los ojos se plagan en distracción; el vuelo del viejo gavilán. Ave rapaz de vuelo elegante, complejo y de bajo escalar, pues es sabido que las presas en el bosque se ocultan tan solo al notar el impaz de esa sombra sobre el matorral.

El gavilán volando con tranquilidad sobre las espesuras del matorral, de vez en vez descansa el vuelo posándose sobre el árbol de sauco. Toma con la pata algún fruto del sauco, intenta tragar, pero el asco es más grande que el hambre, porque cuando la lengua le adquiere gusto a la carne, el estómago solo puede descomponer aquello que el entendimiento descifra por comida. Siendo el gavilán un carnívoro natal, no hay calamidad en el mundo que le haga ceder ante la frescura de bayas y plantas por comida. El gavilán es una ave necia así como yo, así como tú que nos refugiamos en el silencio, en la distancia y en la incertidumbre de: «quizá ya todo acabó». Cruel cobardía la tuya y la mía, no luchar por soluciones, matar las acciones y vivir desdichados en el problema.

Soluciones, crear problemas para probar nuestra inteligencia o la inteligencia de los otros, pero más que nada, para probar la nuestra propia, porque a pesar de todo todavía somos unos monos tontos que se golpean el pecho en pos de la razón, imponerse sobre el otro y por ese instinto de mono es que nos matan y matamos y morirse es poco, lo peor es sobrevivir a los desmanes de las guerras emocionales. Guerras emocionales, esas matan más gente que aquellas ocasionadas por la brutalidad de poseer algo que no se posee; razón, poder y territorio. Matamos y nos matan, morirse es fácil, entre un cerrar y abrir de ojos. Uno ya ha viajado, se ha tomado el pasaporte y se vuela a dimensiones que siendo monos no comprendemos, pero es fácil, lo peor de todo es esto.

¿Qué es esto? ¿Qué es esta incertidumbre recorriendo por la venas, dejando a la sangre atropellada por las arterias y punzando el corazón como lanza que nadie lanzó? ¿Qué es esto? Acaso se trata de un gavilán merodeando en los matorrales de los recuerdos, tratando de comer de aquellas remembranzas, de eso que le da sentido al tiempo a mi tiempo, a tu tiempo, a la vida, a la muerte que se avecina, a nosotros que casi ya no existe. Ave rapaz tratando de posesionarse como depredador de la mente y el corazón, hogares en los que se hospedó tu amor.

Sí, este es el gavilán de la duda, ave rapaz que se traga aquellos recuerdos bautizados como buenos, esos en lo que me veo y te veo compartiendo los días, riendo e imaginando que había más allá de la esquina. Una ave que no entró por la imaginación de la vida, nació de las reaidades experimentadas y de las palabras escuchadas. Nació y no quiere dejar de tragarse los recuerdos, no quiere convertirse a fuerza de fe en una ave hervíbora y día con día crece su hambre, sus alas golpean la cavidad cerebral y a veces quiere llegar hasta el corazón para picotear, arañar y desgarrar, porque de entre la mente y el corazón, la carne y sangre es más fresca ahí.

El gavilán de la duda, el calor del sol y la brisa de mayo acompañan mis pensamientos de domingo, porque aunque la gente retoce por las esquinas, el sol arda en el cielo y el bullicio aturda mis oídos, yo estoy lejos, muy lejos y si pudiera estaría más lejos. Caminando en el desierto, deshidratando la emoción, con las venas abiertas y con la boca llena de arena, lejos, muy lejos de todo lo que me araña la vida. Lejos, buscando la solución a este problema inexistente, al siempre problema entre tu egoísmo y el mío, al siempre dolor entre tu amor y el mío. El tuyo siendo por siempre incomprendido y el mío siendo siempre un forastero herido.

Un forastero herido, cansado de andar sin nido, buscando encajar entre tus latidos. Buscando suturarse, abrigarse, recomponerse y vivir, pero no puede. Se acaba el tiempo, se acaban los buenos recuerdos, se ahonda la herida, empieza la agonía y tú esperarías tan solo soltar para que el forastero vuelva a caminar, sin embargo este forastero ya no vivirá, llegó a ti con el último aliento y tú lo devolverás siendo un cadáver y cuando ocurra, te agradeceré porque habrás matado lo último que me quedaba de humanidad.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS