
«La escritura es premonición de nuestro destino”
Escribir es internalizar, aunque sea uno mismo quien lo escribe. Esa aparente contradicción acaba cuando se entiende el poder terapéutico de la escritura, el externalizar cuestiones que se mantienen silenciadas o poco elaboradas y una vez plasmadas adquieren la estructura que permite aclararlas. Se organizan conductas en base al pensamiento que se blanquea.
La terapia tiene su base en poder verbalizar, en decir las cosas para poder, una vez advertidas, comprenderlas.
En la escritura, una vez que se plasman se acomodan, leídas y re leídas o leídas por terceros adquieren otra fuerza, otra perspectiva o dimensión.
Si bien no tiene la colaboración terapéutica del analista que escucha, dirige la verbalización y lapsus, la escritura suma su fuerza predictiva.
Muchas veces lo que escribimos no lo vemos en forma integral, no comprendemos lo que estamos escribiendo entre renglones, en los espacios en blanco y releídos o pasado el tiempo adquieren claridad y se asemejan a las experiencias vividas o circunstancias futuras.
OPINIONES Y COMENTARIOS