A mi padre
«Hace muchos años una joven de buena familia se enamoró de un apuesto joven, trabajador y humilde, un buen hombre. Pensando en el enlace los padres de la joven compraron unas tierras que regalaron al que iba a ser su futuro marido.
Pero el buen hombre se enamoró de la bella hija de una familia muy humilde, y se casaron, y tuvieron cuatro hijos uno de los cuales murió a temprana edad.

Con el paso de los años los hijos y la mujer de este buen hombre empezaron a recibir llamadas y visitas de extraños que preguntaban por el propietario de unas tierras en Torrelodones, desconocedores de las tierras entregadas como dote siempre daban la negativa por respuesta.
Hasta que un año decidieron contárselo y el buen hombre les relató la historia de esas tierras de las que era propietario.
A partir de ahí no hubo más visitas, ni más llamadas, el olvido más absoluto.
Entonces el buen hombre decidió buscar esas tierras, sin descanso.
Quería dejar una herencia a sus hijos a los que amaba tanto. Nunca las encontró.
Cuando cayó enfermo, nunca se quejó por su enfermedad, no lloró, no delante de sus hijos.
Solamente se lamentó de una cosa, no haber podido dejar a sus hijos una buena herencia.
Pero no, no fueron las tierras lo que dejó, fue mucho más.
Su herencia fue su valentía, su fuerza, su lucha hasta el final, sin un reproche, sin una queja, sin una lágrima.»
Algunos supimos administrar tu herencia papá.
Diez años se cumplen hoy, no iba a pasar sin decirle al mundo, a mi pequeño mundo, que fuiste un buen padre y un buen hombre.
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