La tragedia del melancólico

La tragedia del melancólico

Germayed

01/09/2023

El ayer resulta agradable al recuerdo, momentos hermosos perdidos en el tiempo, sin embargo, frescos en la memoria del espíritu melancólico. 

El melancólico yace sobre sabanas roídas por el tiempo, abrazado a ella como el recién nacido a su madre, rechaza cualquier intento de progreso pues en el pasado encuentra fortunas y alegrías, en el futuro acaecen tristezas y des- venturanzas. ¿Por qué vivir en el pasado es tan tristemente hermoso? 

El hombre melancólico recuerda los amores de los que ya no están, las cenizas de lo que fue se esparcen por su mente dejándolo triste sobre las ruinas de la antigua felicidad,  no obstante, al abrir los ojos, las fantasías de las remembranzas hieren su corazón romántico hasta desfallecer de la pena porque el presente es doloroso, cruel y trágico. ¡Miserable espíritu melancólico! buscas en los recuerdos las mieles de la existencia, porque la vida, a medida que transcurren los años, es pérdida tras pérdida, destrucción como síntoma del cambio. 

El axioma del flujo trastoca la certidumbre,  la plenitud desaparece porque se retira la alegría, se van las personas amadas. El amor parece esquivar al melancólico porque se da cuenta de que su fugaz presencia se ha marchitado e indeleble queda en el recuerdo, en el pasado. 

Triste vida del melancólico, el recuerdo apuñala su alma, la destroza hasta hacer añicos los deseos de vivir el presente, pues la lozanía, la salud, y la alegría se guarecen en las memorias de antaño. Abrazar entidades abstractas es doloroso, desaparecen, se van, son efímeras. Los instantes alegres son rápidos, como celajes pasan sin dejar pistas de como volver a recuperarlos, de retroceder para vivir de nuevo una vida sin tiempo, sin límite, donde no acaece conciencia sobre la muerte. ¡Oh alma inocente! Regocíjate en las estrellas del firmamento, no te apresures por el futuro, guarda dentro de ti los gratos recuerdos con las personas amadas en esas caminatas al campo, cuando respirabas hondo contemplando el rojo atardecer de julio y sentías el viento rozar las mejillas. 

Tu, que no te preocupas por el mañana, duerme tranquilo, sueña profundo porque despierto, los recuerdos del pasado retornarán para hacerte saber que solo somos instantes en movimiento, que cada día dejamos de ser para retornar al vacío, a la nada. 

Todo esfuerzo no vale la pena, resulta vano el trabajo, las acciones, al final serán olvidadas y nadie recordará las tristezas del melancólico. El universo se consumirá a sí mismo, las glorias y las penas estarán al mismo nivel, a la altura de las miserias de la existencia: el rico y el pobre, sus cenizas serán esparcidas por los vientos del olvido. 

 Vivir no es más que la continuación de las tragedias que trae consigo conservar la materia de su inminente destrucción. La vida es una guerra, y los hombres, los soldados que no saldrán vivos de la contienda. ¿Cuál es su sentido? Resulta absurda la existencia, seremos recuerdos difuminándose en el tiempo hasta no quedar rastro de lo que fuimos. 

La gloria eterna no existe, hombres mortales quedaran execrados de la memoria, nadie entenderá sus tristezas ni mucho menos sus penas, alegrías. El hombre está solo, abandonado, destinado a desaparecer debe acoplarse a la destrucción de lo bello y afrontar la existencia en soledad. 

La mismidad es cruel, la vida no contempla misericordia al que sufre, no le importa ocupación, edad, religión, posición social. Los buitres consumirán los despojos de nuestra carne. Y esos despojos somos nosotros. Los miserables soldados que saldrán muertos de la vida.

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