Wonthelimar transmigraba a Chauvet pero el viento del Pontias lo llevó de Nyons a Avignon encontrándose con filigranas del canónigo Raymond Bragasse; ex sacerdote dominico de descendencia Cátara. El siempre se empapaba de los esteros del Ródano que venían del macizo de San Gotardo; siendo dueño y señor de sueños y prorrumpidas maldiciones de deleznables administradores de la casa de Dios, y Antipapas en Avignon. Wonthelimar oía las voces desde unos pretiles que iban balbuceando en regresión parapsicológica de Vernarth, el cuatro de agosto del 1617 cuando se encontraba Klauss Ritkke limpiando el vitral mayor escuchó acalorados diálogos entre un Fraile y Gentil señor, que fuera en otra época asistente del clero. Podía acercarse Klauss escuchando con más nitidez su conversación, hasta que el Fraile Andrés, barbullando exigía a Raymond Bragasse indulgencia, lo uno o lo Otro? Raymond Bragasse Dice: “Mi señor Wonthelimar; ¡que gracia nos ha reunido aquí entre medio del Pontias entre esperanzas y reformas!” Responde Wonthelimar: “tu huida es sortilegio de la gracia de Andrés Panguiette que ha de reencontrarnos ¿Cuántas veces con esperanza luché para reformarte Raymond…? ¡Oh Virga ac diadema sed diabolus…! ¡Oh Virgen el diablo sonrió…!
Raymond replica: “Es cuestión mayor para vivir, si en algo he fallado llevadme a las emanaciones sulfurosas del Averno. Pero mi fe yace aquí enmohecida en el fondo del mar, que es mito sagrado de mi verdad., y de mi amada Marielle!, son quince mil demonios los que poseen mi cuerpo, quince mil demonios por atacar el sagrado misterio del Santo Rosario?, Marielle era mi luz, mi edénica Eva, tierra admirable. Ahora es mi conjuro, obcecación, mi constante agudo sangrar sin saber por dónde ha de transcurrir…? Aún recuerdo aquella noche, ésa lúgubre noche renunciando a mis votos definitivos de fe y consagración de mi alma, rompí mis ataduras y quehaceres eclesiásticos, todo por Marielle noble descendiente de los Quentinnais. Nunca creería tal pesar en mi destino, yo sí la amaba pero su desgracia fue conocerme, cuando aquella noche me acerqué a orillas de su casa entré por la ventana de la cocina, todos dormían menos el albiceleste reflejo de últimos estertores de la ronda mortífera de la Mansión Quentinnais, yo pensaba rescatarla y salvar algo de aquellas mejillas besadas por mí, pero su cardiopatía secaba su corazón y pulmones. Aún es posible traer a la memoria las últimas Rosas que llevé a sus manos, danzaban con ella junto al himno y endecha vieja de las prestidigitaciones hechas por el monje, junto a las cartománticas jugadas dirimiendo el minuto de llevarla a las tinieblas con sus hermosos pies descalzos. ¡Qué dolor, no pude rescatarla ya la parca me la desposeía! Sus padres odiaban el sólo hecho de tener su corazón gobernado por un impío sacerdote por eso recurrí a dioses paganos tenebrosos, para curar a Marielle y su corazón trasplantarlo por el mío. Desde ése día sigo ardiendo en infierno poli-satánico para sacar el poco aliento de bondad embargando los transparentes líquidos que asólan su existencia y su metálica serena Diadema…”
El fraile Andrés Panguiette al saber que su gran amigo poseído por el Demonio caería en alguna infección de mal endémico de amor, se persignó al ver que se convertía en un horrible ser, las hojas en revoltijo por el jardín se transformaron en las hojas de Biblia arrancadas de sus encuadernadas, de empastaduras de santos arrugados leprosos que iban resbalando por sus columnas, el cielo proclamaba hemorragias, el viento supuraba hediondos gases que en el firmamento brotaban en racimos coágulos sobre la Casa Papal de Avignon. Fray Andrés arrojó el rosario sobre el cuello del poseso, les preguntó a los Demonios a quién temían más!, a ésta pregunta contestaban los demonios dando alaridos cayendo verticales por la nave central, descendían y volaban ascensos. Wonthelimar induce: “Desde ése instante, tú y Marielle cruzarían sus miradas cerca amándose! En los siguientes minutos de Pentecostés, los dos fueron a sentarse a un dúctil escaño a orillas del bienaventurado viento que les acariciaba en sus perfiles tramando unir el uno al otro, Raymond efusivamente la besaba, la atraía hacia él creyendo presentir una eventual y sacrílega separación. Así ocurrió al sorprenderlos François Quentinnais:
François Quentinnais: ¡Con éste ejemplo has provocado mi ira Marielle…! cientos de hombres como yo reaccionarían así, al ver a mi hija en brazos de quien hasta hace poco abrazaba a Dios! Marielle: ¡Padre, te imploro misericordia, Raymond de precepto envió una carta renunciando a sus votos! Cuando era encomendada el alma de Marielle, Raymond segundos antes escapó desgarrado, no toleraba la inexistencia de Marielle; tal vegetante pasto queda podrido del estero o esmeralda tragada por el fuego, en estado puramente inorgánico, Raymond se alejó de la mansión, caminó por plomizas montañas en su crucero andar, atravesó las nogueras cuyas vainas escarlatas aullaba el intenso frío de la explanada, los almendros trucaban con su crujido un almuédano barítono que un día por ahí quiso pasar… nunca a oriente pudo llegar. Las barbas de Raymond se enrojecieron, sus uñas como cornos de carnero se astillaban, su también rojizo pelo en sus puntas tenía negros tulipanes, sus vestimentas se encanecían igual que sus cejas, su aliento olía a cloacas nodrizas de la peste negra en el seco caudal de su voz que anunciaba monosílabos. Así purgó su pena de pueblo en pueblo, de casa en casa, todos reñían con él y luego se exasperaban echándolo a patadas, Hasta que en junio de 1617 caravanas de personas arrancaban de un pueblo sureño de Avignon, ellos escapaban de llamas de airados soldados de las Cruzadas, los fugaces pueblerinos portaban en sus estandartes la insignia inscripción…INRI. En el otro bando portaban la cruz y vistoso blasón que en el ángulo inferior decía Siccidemy, entonces ahí Raymond abrió sus amoratados ojos sin poder contener su memoria que se vislumbraba recuperada entre cañonazos, gritos, sollozos y alaridos centenares en pasos que se escuchaban a su alrededor que le llevaron a arrancar y salvar su vida. En un instante de quietud se halló rodeado de personas, hasta uno de ellos que lo llevó a sus brazos para hidratar su boca. Nosotros somos Albigenses y tú… ¿Quién eres? Raymond contestó: “Yo huí en busca de un milagro que pudiese salvar un amadísimo ser. Yo me acostumbraba llamar Raymond, ahora no sé qué nombre llevar. Huí, pero debí enfrentar la situación aún al haber actuado a espaldas de la Iglesia”. Un Albigense dice:“El clero también ha creído que nuestra secta ha actuado a espaldas de la Iglesia. Sin embargo, sus poderes y gobernación han registrado un absolutismo dentro de la Cristiandad”. Otro Albigense dice; “Nosotros buscamos la instauración del antiguo Cristianismo, negamos existencia del purgatorio, importancia de los rituales, y de las organizaciones clericales, y posesión de bienes por el clero. Por esto, hemos sido echados de nuestras tierras, nuestros hogares, nuestros hijos han pagado tributos por la Sagrada Inquisición en manos de aquellos que un día con bendita agua les bautizaron”.
Corría el 18 de junio de 1617, los fugitivos Albigenses fueron sitiados en Montelimar, las argentinas cruces rutilaban como canes ansiosos para morder al enemigo, los Albigenses apertrechados se reunían junto a Luzbel que flotaban en una nube Calipso, Raymond y los demás se amontonaban en esencias combustibles para dar inicio del pacto, después de este suceso de François Quentinnais contestando negativamente, tomando fuertemente a su hija de la mano tirándola con brusquedad a su carroza. Los caballos resbalaban en sus pezuñas ante inclinados pastizales alfombrados por sus diminutas florecillas azuladas, el mayoral apretaba sus delgados labios, además subiendo sus hombros para no escuchar los despóticos gritos de Monsieur François. En cuanto al reverendo Raymond, se le veía llorar en silencio acompañado de postrados halos de luminosidad del terminante y triste día, penas y pesares se desencajaban de huesos que experimentaron una violenta artrosis, poblando su cuerpo de sedentarismo e irritación. Yo mismo dice Wonthelimar: soy quien llevo el amor de Marielle en mí, yo soy tu Raymond! Recuerda aquella noche que: “Cuando el monje se retiró a orar tu asaltaste en la recámara y proferiste Marielle, Marielle: “despierta, en vano temo irme sin tu divina voz. Marielle ¿Qué tienes?, no creo que la impura voluntad de tu padre cegó tus ojos para no verme, o arrancó tu dulce voz para no nombrarme”
Los Albigenses resignados al hechizo se habían reducido en gran parte de sus adherentes sólo diez o doce quedaron, que más tarde huyeron de Montelimar escapando al oeste cruzando el encantado Ródano, las tropas de los Siccidemy mutilaban a los últimos Albigenses endiablados; nada ayudaría por sus vidas todos desangrarían menos el grupo de huida con Raymond. Por varios días los secuaces vagaron por la meseta de Cevennes, se aprovisionaron en Montpellier llegando el 20 de julio de 1617 a Carcasona, poco pudieron permanecer aquí, ya que la congregación de Santo Domingo arremetía sin distingos la población diezmada por los Cruzados. ¡Qué lamentable éxodo de Raymond con su negro rebaño huyendo de donde sus pies posaron esperanza! Veintidós días de amarga huída, por todos lados lcon cruces hasta que Raymond decide separarse e ir de nuevo a Avignon. Toma un velero en las costas de Narbona en medio de un tempestivo gris día, en su amarizado viaje sueña nacer de nuevo teniendo como alcurnia Belén, el 23 de julio del mismo año recala en las aguas de Marsella. Al desembarcarse en el puerto emprendió ligero viaje a Avignon en cercanías de Arlés, donde miles de conciudadanos arrancaban de las ligeras huestes del Rey Godofredo de Bouillón, los nobles cooperaban delatando turbas que se amontonaban en la ciudad, Los Husitas y Valdenses; herejes Iconoclastas que iban batiéndose en crudos combates, los Cruzados tomaron la ofensiva y trataban de evitar que se quemasen sus sagradas imágenes, y tal vez que hubiesen sido despedazadas por toda Galia. Raymond distante ayudaba a los más graves, sentía temor de ser confundido por uno de ellos, mejor fue esconderse en la Catedral de Arlés. Al ingresar sintió un mareador órgano timorato relucía en manos de su ejecutante, era una pequeña que al mirarlo le nombró Dionisio, semidiós, sálvanos! Raymond cayó en vahído, al caer en este sueño, le habló de las bárbaras acciones con enmascarados conciudadanos que yacían neutrales en sus gestos, de repente le revelaron unos ángeles que estaban saqueando los panteones de Avignon para quemar los rosarios de santos deudos en sus sepulcros de algunos albigenses que exhumaban los cuerpos de familiares relacionados con la Clerecía. Raymond sudaba manos y frente, luchaba por arribar al mausoleo de los Quentinnais esforzando su precognición, cruzó el patio del internexo que seguía rondando la balaustrada de cipreses piramidales, de improviso le encaró un león lidiando con una serpiente; con la imagen simbólica de los Quentinnais, vio profanar la losa cuyo horizonte dormía en su Amada Marielle. Se erizó su piel, eran Iconoclastas vengando a los suyos que con fuertes respiros apretaba sus manos queriendo despertarle, así acaeció, se levantó empujando multitudes que lo frenaban pero sus fuerzas crecían. Montó un roano corcel, en tres bridas y lazos que le dió volaba hacia Avignon, su cabalgadura parecía ser un globo aerostático que volaba con gran dinamismo. Raymond en su propia estación dolorosa le gemirían su mano, ojos y piernas crepitando como las piernas del Pegaso que lo llevaba aceleradamente.
Elipsis Segunda Secuencia Mausoleo Quentinnais
Por fin llega en la segunda secuencia parapsicológica, constatando que Avignon en cenizas estaba, toma las riendas y se dirige de inmediato al mausoleo de los Quentinnais, a su llegada aprecia a varios albigenses cometiendo delitos, desmonta y corre gritando hacia los profanadores; se enfrentaba con ellos a estacazos que con algunos endemoniados tuvo que rebanarles el cuello, llegando a tiempo a defender los restos de Marielle. Largas horas estuvo con ella solo pensando qué hacer, Raymond sabía que no podía revivirla entonces no le quedaba más desagravio que invocar a Helel o Luzbel, que esta vez afloraba la verdadera, la maligna que les asediaba en personalidad sugerente de los espíritus del mal. Raymond: Amadísimo Luzbel, millones de Cananeos miraron hacia vuestra altitud representándote, yo hoy haré lo mismo desde aquí, más allá del sólido techo del mausoleo. Traed a la vida a Marielle, venid a torrarle sus mejillas ya que sin ella he tenido que vivir todo éste protervo padecer. Desde Pentecostés que no la tenía físicamente cerca, ahora la necesito, pues yo la he linchado! Belcebú haciéndole creer que era Luzbel le ordenó extraer su corazón! Belcebú:“En Montelimar vi llegar crestas de volcanes en tal fracaso de mis enviados. Pero no se repetirá, para que sea así, te encomiendo que extraigas el corazón de vuestra amada arrancando sus ojos que vieron vuestra mirada. Después abrid tu pecho con ésta daga, yo sacaré vuestra sangre y corazón para humectar el corazón de tu Marielle. Y finalmente te pido que traigas su labio hacia a mí para encantar sus labios de lirios.” Raymond:“¡dictamen acatado, así de ése modo lo haré!
Al verse dominado por el hechizo Raymond acataba cada paso que le dictaba el supuesto Luzbel, instantes difíciles vivió Luzbel, ya que él un día bueno fue, pero tantos miles de años de vivir en oscuridad y entrevero del castigo violentamente cambió su parecer. Justo Raymond llevaba el cuerpo en brazos para qué culminase con el ritual, Luzbel le arrebató a su amada que con carcajadas se desvaneció. Belcebú dice: ¡Imbécil mortal!, no ves que soy Belcebú; jefe de los malos espíritus, el guía de los Albigenses, Husitas y Valdenses, ¡Nunca me invoques en Mausoleos, aquí la traición triunfa, ahora una Quentinnais será mi imagen en la tierra, otorgándole por muchos siglos la duda de hacer el bien. Belcebú se llevó a su amada, quedando en sus manos el Rosario abrigado con unos suaves tules junto al escapulario, Raymond se encogió de dolor, y en acto de locura se rasguñaba su rostro. ¡Pobre Raymond, se decía! que en sí mismo no encontraba razón para vivir, salía de madrugada del mausoleo mirando por todos los rincones por si veía a Marielle perdida en su vista desde hace poco. Extenuado permanecía tras confesión que se dilató en demasía, pues los hechos que transcurrían en el Panteón, en cierto modo fingían ser los hechos que narraba inagotablemente Raymond, en cierto modo temía por su vida de aquel entonces desconocido por boca de algún sitio recóndito que le documentaba la amarga incapacidad de obrar bien, que caería en la maldición de Raymond. En éste instante, Raymond yacía recostado a orillas del Panteón, a partir de ése día no supo de ellos sólo existía en las noches no socializando con nadie, su monomanía sembró odio por todo lo sacro e infernal, trató con el Santo Rosario hallar un mágico hallazgo hasta que un buen día llegó a sus oídos una nueva; se refería a unos Cruzados que habían intervenido en Jerusalén, al ser invadida por Saladino, de un tal Federico Barbarroja fue ahogado en Sicilia por “ Wonthelimar “ con la Diadema de una mujer que se Apoderó de la isla de Iconio, esta era otra nueva que animó su espíritu, esto le extrañó enormemente, al desgastado y ruin Raymond sospechando que podría estar confabulado el raptor de su amada, al continuar escuchándola la noticia decía que sus sagradas creencias le permitieron seguir al amparo para así continuar por mucho tiempo, incluso en la otra ciudad atacada que sería Niza, firmaba al límite por siglos que nos atenderá en generaciones venideras, sofocando a los Iconoclastas.
Las amapolas se movían de norte a sur por Provenzales regiones, los oceánicos Dioses orientales Makaras en tumultuosas naves piramidales bajaban con legiones y escoltas, para ir en ayuda de la despedida de Raymond en Niza. A las doce de la noche, se cumpliría el edicto profético del señor, aquí se recibieron las últimas palabras de aquel quimérico episodio él temía que hasta entonces un primer descendiente de Raymond se convirtiese en estatua en igniciones del re-naciente mundo terrenal. La Diadema será transporte y refugio, en cuanto a Wonthelimar decía dubitante; “creo que no es más que el desviado Beelzebub, con ópticos ojos retráctiles en Montelimar disfrasando la inicial en doble V, pero quizá me equivoqué! Wonthelimar había transmigrado ya en Raymond, al quedarse a orillas de un arroyo con náuseas que regurgitó con su estado espirituoso subyacente de corteza lírica, su boca desenvainaba diversos y heterogéneos crono-litos; polvo parasitado en pedazos de piedra temporal, que iban fluyendo en discípulos fragmentos correntinos en matrimonios por el agua sinuosa, Raymond golpeaba sus muslos anticipando vomitar por ahí el evidente e incisivo enajenamiento que se adueñaba de su voluntad con inherentes grillos que le capcionaban en su aislamiento haciendo brillosa su conciencia, y residir en la gracia del Santo Grial. La conquista del sistema terrenal le amputó la Amígdala Andrómeda; Constelación e ilusión cónyuge de Perseo, que en misteriosos vehículos del solvente Grial le mantuvieron atado a Raymond desde fosas terrestres desde donde salieron tronidos ensordecedores en la masa de montaña que se suspendía por sobre los árboles con pseudos rayos púrpuras-violetas que bombardeaban los sarcófagos por toda Niza. Wonthelimar:“¡Desde ese día hiervo en infierno poli-satánico!, el Ibex me recogió de los alrededores del Panteón y mansión de los Quentinnais, donde nunca más he podido ser un humano solo un Ibix en la caverna de Chauvet. Gracias a los hatos de cabríos que me adoptaron que he podido soportar su dolor al refugiarme en la oscuridad de todos los tiempos que nunca transcurre en un pasado, presente y futuro. Ahora he venido en esta re bilocación, para reordenar la parapsicología de Vernarth que también lo eres tú, que nunca ha podido superar dolores del amor, aun mas allá de la empalidecida muerte” Desde ese instante se ve entre ellos la sombra de Heracles animándoles a ser parte de los dioses, y festines de los lindos Tobillos de Heba. Así las palabras re-decoraban a ambos entremedio de la espesa neblina en Avignon. Después Wonthelimar se fue dejando a Raymond que siguiera las tinieblas de Marielle hasta el fin del Mundo. El ampo día y requema noche pensaban así uno del otro en constante profitar para bien de quien haya de ubicarles en el Kalijoron, el pozo de la divina luz de Eleusis! Para quien descansa en ingenua paz al encuentro de su astucia, y decoro de los gentiles diálogos en comedias de las excepciones después de cruzar el Nilo con fiscalizadores que vayan cobrando las faltas de haber en los dioses, o sino con sus horrorosos chillidos que les harían presa de una imaginaria Gorgona.
Wonthelimar iba ahora tras los “Anillos Íbicos o Ibixos”, que fueron dejados en la caverna Chauvet por unas tribus Ibéricas del neolítico temprano, que en sus salidas profanaron la caverna con sus orgías en la órbita del Orto Heliaco. Desde aquí en postrera meta llegan a la oscuridad donde quirópteros vampiros se aterraban al verles con sus ojos en la Ambrosia Mercurial, que les envolvía con sus encías en cada cual al acercarse en son de l arrestos de hambre nocturna, junto a desposorios de muerte que traía la oscuridad del Strigoi, en andanzas perdidas de sus albedríos siguiendo la búsqueda de tinglados del panescalm, que sudorosamente portaba los quirópteros humanos para las regiones de Transilvania, ya sometida en distingos y exacciones de Cambios Climáticos. Desde aquí la broncínea lanza Dorus de Vernarth iría luego hacia la mano diestra de Wonthelimar para escudarle, poner pies celerípede en el inefable corcel Kanti con el renombre cierto de Eácida de Aquiles, soliviantando los lúpulos y bajos fondos del mineral acuífero de la base del antro. En el rápido gesto figurativo de Aquiles, Wonthelimar pasa su diestra mano por su nariz notando que escurrían luces del Auriga, y Automedonte que venía por mandato de Drestnia a proveerles de su auxilio, y así poder rescatar del Áullos los Anillos Ibicos para transportarlos hacia la ensenada del Montículo del Prophytis Ilías. La eternidad del fragor Vlad Strigoi es solidaria, les entrega luz del fondo del caudal final desde las sentinas del panescalm condensando aire de Oro Gaseoso de regiones panhelénicas, en las regiones del Valdaine a sesenta y siete kilómetros también de esa zona montañesa muy cerca de Avignon. Las infectas zonas de la virtud física se dividían en vitales micro regiones que se comprimían antes de que Wonthelimar se fundiera en micro espacio dentro de la caverna para abandonar los ardorosos hornos que venían al costado de su bondad interpersonal con transferencia metafísica calígena, y gentiles malvados atrayéndole hacia el Parasha o Parashot de la Torah, para no ser atraído como humano en implicancias o manejos psico-emocionales que husmearían en crecientes voces de los vacios de la caverna, en falentes ansiedades de la pomposa, vetusta efigie alquitranada del Hades. Wonthelimar rengueaba superlativamente con algo de nervioso dejo, mas con ansiedad de aprehenderse en los Anillos Ibicos, después de que la Antífonas Benedictus se vieran salir de su pectoral irisado en magenta y mordoré para quienes son el íbix siempre escondiéndose debajo de su epidermis caprina auspiciando prácticas de felicidad, unos y otros tras avatares en el aula cíclica mistérica. Por las llanuras solo se advierte calina, y cambio experimental al dejar todo en manos de quien muere sin agua de lluvia o rosca de pan, en la más absoluta soledad entremedio de rocas que nunca ni jamás se reconvertirán, salvo en meso-llanuras que brinden sus terroríficos elogios en aquellas cestas de flores que hieden a errantes de Wonthelima, No siéndolo!
Wonthelimar junto a Kanti emigra desde la caverna de Chauvet con sus reminiscencias, descollando de vacíos e invocaciones de Raymond en inconclusas por llenar espacios del corazón de ambos, Toman dirección con rumbo sudeste hacia Patmos con los Anillos Ibicos en sus brazaletes, envueltos en el Himation de Vernarth para su sacro ceremonial. Wonthelimar estaba a la expectativa de su llegada a Patmos, era mesiánica, llevaba consigo Los Siete Anillos Ibicos, también las cuatro flechas del Zénit del Áullos Kósmos Megarón. Aquí hará textual el ordenamiento junto a Zefian, para acabes de seccionar con alarifes geomensores de Vernarth para las sinecuras escatológicas en figura del Profeta Elías, centrándose en el cristianismo primitivo que iba subyaciendo de terminologías y de basamento en la figura de Moisés y Elías; quienes se vaporizaron con su luz tabórica.
Desde aqueste tópico sería cierta terminología de Eliaismo que fecundaría del monte que lleva su nombre en Patmos, como todas las exegesis rabínicas de Qumran para la finalidad de Wonthelimar, Zefian, Leiak, Borker, San Juan Apóstol y Vernarth, centrándose en la cristología e unción de las mesiánicas partituras de ángeles para los escatológicos vaivenes e investidura de Vernarth, comandante de Alejandro Magno. Wonthelimar llegaba a la rada de Skalá, aquí antes de descender desde las púrpuras nubes iba montado en Kanti el corcel divisaba a miles de feligreses que abordaban Patmos, notando que gran parte de ellos llevaban un sobrante o Pleónasmus en reiteraciones al hablar en dirección de los avatares de Heliea; tribunal supremo componiéndose de más de seis mil ciudadanos que en tantas bataholas y rumores, se acercaban a las sesiones con los heliastas. La finalidad era vislumbrar asuntos públicos que ministraban en apoteosis del devenir del sacrosanto Vas Auric, Cinabrio, los Anillos Ibixos o Ibicos, y Tetra Saetas que serían la antesala de los nuevos códices de la antífona Benedictus en Prophytis Ilías. Los mecanismos de los Heliastas tenían más cercanía con Elías aquí en Patmos, sería su propio homólogo ser helenizado desde las alturas del Carmelo al de Patmos, habrá que temer a las lluvias de Saetas que provendrán del cambio climático, y bilocación de Wonthelimar al arraigarse en los mandatos del Ibix y elegías de Raymond Bragasse que desde Nyons traería en mortaja de linares y petates para el Himation de Vernarth, para el consiguiente edificar del pabellón Áullos Kósmos con laS Saetas de 64 cm que se llenaban de percloroetileno incoloro e ininflamable, que arreciaba sobre candiles que hacían intermitencia hacia la madera ligera, en la punta del marfil de caninos de los seguidores de Baal que cayeron masacrados por Iahvé, sobre un carcaj griego que contenía las cuatro saetas para delimitar los frontones espejos, y de arquetipos esmirriados del sacrificio de aquellas milenarias cuentas, y civilizaciones para re engendrar expropiando sus cándidas devociones. El Prophytis Ilías Redivivus en su escatología, más lejos del Séptimo Cielo en el cambio de concepto, emoción y realización, para tomar medidas de cómo se atisbaría la profecía literaria de Vernarth.
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