Entraste en un túnel en el que no se veía el final, un túnel oscuro, largo, angosto; un túnel solitario en el que no podíamos acompañarte.

Y nosotros nos quedamos fuera, observando tu carita de rosa desde la distancia, luchando para que no te rozara ni el aire, temiendo para que nadie entrara en tu túnel a hacerte daño y te dejaran tranquila en tu soledad.

Y aunque queríamos entenderte, nos era imposible, porque parecía que no hablábamos el mismo idioma.

¡Y parece que este maldito túnel no se va acabar nunca!

Y no sé, si se te está haciendo más largo a ti, o a nosotros; sólo sé que los tres lo llevamos a nuestra manera, que los tres luchamos con esta realidad y a veces, nos enfadamos y sufrimos, cada uno a nuestra forma; pero por lo menos, papá y mamá, desde fuera del túnel, nos tenemos el uno al otro y hablamos, nos desahogamos, nos arropamos y apoyamos mutuamente; pero tú, estás ahí dentro sola, y no podemos hacer nada por ti; porque cuando queremos acercarnos, tu túnel es tan estrecho, que nuestros cuerpos de adultos no caben en él; que nuestras mentes de adultos, no saben encontrar la forma de ayudarte; pero no renunciamos a ti, seguiremos aquí fuera protegiendo la salida, para que nadie entre a molestarte; esperando, para cuando estés lista y llegue el momento, de que salgas de ahí y dejes de una vez atrás ese maldito túnel …

…de la adolescencia.

Para nuestra hija.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS