Apenas
si la conocías
en
rostros, mucho menos,
en
labios o en besos súbitos.
Imposible
en brazos,
o
en conversaciones
de
altivos adolescentes,
en
perdidas madrugadas.
Tan
negra, y tan desusada,
tan
vieja, y tan perenne:
maldad
humana, la única
que
conociste, tan cauta.
©
OPINIONES Y COMENTARIOS