Escuchad lo que digo, poned atención a mis palabras, a quien más que a ti podría interesarle

esta leyenda, ¿o es una historia? No lo recuerdo… ¿Estuve ahí? O fue solo el advenimiento

de una ilusión… No sé si Real.

Caminaba yo, cierto día por las penumbras de un bosque sombrío, y pensando en mi suerte,

caminaba sin dirección, con mi mente aislada de la realidad; pensando en lo que dejaba

atrás, pero… ¿qué dejaba atrás? ¡Nada! Ya no tenía nada, todo se había ido, la rueda se

había girado, estuve arriba; ahora solo abajo, muy abajo.

Y caminaba sin dirección, sin un propósito, mis pisadas iban dejando las huellas de un

camino sin retorno, no tenía miedo, de que he de temer si no tenía nada y nada me sería

devuelto.

En la penumbra del camino, la poca luz se esconde a mi paso, sombras de grandes árboles me cobijaban y el susurro del viento me hiela la sangre sin temor alguno. Mi fortuna, lo que un día tuve, lo que con tanto sacrificio logre, todo lo que acumule me fue quitado, me fue arrebatado, un despertar sin esperanza, una caminata sin consuelo; esa agonia mientras me estrello, la rueda se ha roto y me ha expulsado. Daría todo lo que ahora no tengo por quitarle a la fortuna su bien más preciado.

¿Qué es lo que fortuna más ama? Como me gustaría verte fortuna con tu faz cegada, con la
balanza en tu mano derecha y la rueda de tu mano izquierda quebrantada. Te has ensañado
conmigo y en mi contra tus designios has puesto, me has destrozado sin piedad.

Siguiendo ese frío y desolado sendero, con la luna como lumbrera en mi camino, diviso a lo
lejos, una puerta de blanco resplandor, sin estructura que la soporte; y con el bosque de la
oscura noche atrás, acercándome a ella sin temor alguno, con asombro la rodeo,
visualizando que no hay nada detrás, una casa, una estructura; una salida a mi infortunio.
«Te has atravesado en mi camino irrumpiendo mi paso, alargando mi camino sin poder
descifrar tu designio».

Acercándome a ella visualizo una escritura en su manivela que dice: «Haec ostium dat
modum ad intelligendum quod animo opens semel in non est inverso» (Esta puerta da
paso al entendimiento que abre tu mente, una vez adentro no hay marcha atrás) giro la
manivela y se abre la puerta, abriéndome paso, ¡a un mundo distinto! A un mundo sin
regocijo alguno; al peor de mis males, O al menos eso pensaba Yo.
Te preguntarás que vieron mis ojos tristes y desolados, que turbaron mi mente y dieron
paso a una apacible serenidad al notar otras personas en aquel lugar, donde a pesar de estar
afuera no hay nubes, no hay estrellas, no se veía un principio ni un fin; ni arriba ni abajo, si
caminaba hacia la derecha o a la izquierda, llegaba al mismo sitio. Estas personas, no
notaron mi presencia por más que mis pisadas retumbaban en aquel punto, cuando de
repente una voz aguda me habla y me dice… bienvenido a la rueda de la In-fortuna.
¿La rueda de la in-fortuna? me pregunto y le pregunto a la voz que me habla, ¿dónde estoy?
¿Qué es este lugar? A lo que la voz me responde, este es el sitio donde saciaras tu sed y
donde se responderán tus preguntas, este es el lugar donde habita la Fortuna y la In-fortuna donde se aplican y se llevan a cabo sus designios, este es el lugar donde unos suben y otros
bajan según sus acciones.
De repente frente a mí se despliegan dos ruedas de inmenso tamaño, con doce pilares cada
una que soportan su peso, en cada pilar había una imagen acompañada de una inscripción,
en el mismo idioma que encontré en la manivela a la entrada a este recinto, que idioma es
este, me pregunto en voz baja; respondiéndome aquella voz… es latín antiguo y es el
camino que has venido a recorrer, te has hecho muchas preguntas sin respuestas y dado
culpa de tu infortunio a la fortuna, aquí recorrerás el camino sin retorno, el camino de la
verdad, el camino de tu vida. Te llevaré al primer pilar de la fortuna. Al de la Fe.
La Fe, es el principio de tu obra teatral y el primer pilar de la rueda de la fortuna, la cual,
abona el camino al siguiente pilar; ¿pero qué es la Fe?, y como perder esta, te lleva a la
siguiente rueda, a la de la In-fortuna que sería el declive de tu obra.
Te digo, amigo mío, que la Fe, es la convicción de que algo ¡Es! y la firme determinación
de lograr todo lo que te propongas; con la sublime sensación de dicha de haber alcanzado
las dos anteriores. Al perder la Fe, la rueda de la fortuna gira y la de la infortuna también,
en una pierdes y en la otra ganas. Los pilares restantes son: la esperanza, la salud, el
conocimiento, la sabiduría, la inteligencia, el éxito, el reconocimiento, la riqueza, la
amistad, la disciplina y la resiliencia. Estos doce pilares conforman la fortuna,
bienaventurado es aquel que los posee y los conserva y no corrompe su alma con la
soberbia.
Aquella voz que me ha hablado desde la entrada a este recinto me dice: ven y únete a la
rueda de los infortunados, ven purga las penas que te agobian, ven y sacia tu sed, ven dale a
tu conciencia alivio, ven a ver si logras descifrar sus designios. Ven y únete a la rueda de
los infortunados, conoce como la fortuna y la in-fortuna, hilan los hilos de la luz, o la
oscuridad, de todos aquellos que en sus ruedas caen.
Me uno a esa gran rueda de gentes, de tés caída y ojos apagados, sin luz en sus rostros,
acompañados de una gran pena profunda como el mar, me uno a esa gran rueda; no sin
antes darme cuenta de que ellos notaban en mí, lo que yo notaba en ellos, y una melodía
triste y apacible lleno el recinto con la voz que inicio diciendo:
“Sus nombres por siempre en las ruedas estarán.”

¿Fin?
En el trono de la fortuna, ustedes una vez afortunados se sentaron, con sus doce pilares
acuesta vivieron, y rodeados con flores en su majestad estuvieron, y en su trono muchos
prosperaron, felices y bendecidos anduvieron, hasta que por su soberbia de ella
descendieron; a sus doce pilares contrarios cayeron, sus vidas decrecientes, detestables y
oprimidas se volvieron, sin conocimiento anduvieron, pues en su juego perverso cayeron.
“Y sus nombres por siempre en las ruedas estarán.” 

¿Fin?

La fortuna y la infortuna, sonrientes oprimiendo y aliviando con pobreza o con poder, en la
luz o en la penumbra, dichosos o atormentados, su juego nunca para, pues a sus doce
pilares súmenle la espada que quebranta y la balanza con su faz cegada sin distinción
amparada.
En su juego siempre esclavizados grandes señores, reyes están y estuvieron, en las cuerdas
de sus designios caerán y cayeron, derrumbando al más fuerte, bajando al señor y subiendo
al plebeyo, juego perverso; lloren todos con ojos rebosantes porque los regalos que con
alegría les ofreció, con rebeldía se los arrebato. Lloren todos… lloren todos los designios de
la fortuna, lloren todos su infortuna, pues su rueda una y otra vez girara unos subirán y de la
misma forma bajaran.
Sus nombres por siempre en las ruedas estarán. “o fortuna mea”
¿Fin?
“La lectura es el primer y mas importante paso al libre pensamiento»

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