Todo da vueltas en la gran bola que flota en el océano.
Mis brazos reman en ella,
como haciendo el simulacro de bailar un tango electrificado,
en el que mis pies destrozan huracanes en llamas.
Tú doblas las esquinas de los planetas cuadrangulares.
Mi dolor se eleva por este mundo en llamas.
Nos abrazamos como dos amantes que combaten el incendio,
mientras las olas rompían las estancadas perlas.
Cientos de aviones se estrellan sobre invisibles polos magnéticos.
El mundo sigue girando sobre la elipse de los trígonos,
más sin embargo ellos no tienen la llave eterna,
del encerrado corazón de la gran metrópolis azul de Argitha.
Nuestros labios se deben impactar en el enigma,
antes de la coalición de los astros en nuestros cuerpos,
para parecer cientos de aviones,
que se estrellan sobre invisibles polos magnéticos.
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