La Tia Nani (de la vida real)

La Tia Nani (de la vida real)

M M

28/10/2022

LA TIA NANI

Al hablar con la tía Nani, nadie podría imaginarse que detrás de aquella tenue vocecilla de niña avergonzada podría haber tanta fiereza. Una cuasi delincuente, que cuando no estaba presa la andaban buscando.

-¡Carajo Nani! -Grita mi madre- ¡Te he dicho que no te me acerques así tan sorpresiva! !No hay ese día en que no te aparezcas como ánima en pena!

Mi madre, sumergida en sus quehaceres domésticos se acababa de voltear, encontrándose con la inesperada presencia de mi tía frente a ella.

-¿Qué hiciste esta vez?

-¿Por qué tú siempre me preguntas qué he hecho?

-¿Y por qué tu siempre respondes preguntando que por qué te pregunto?-

Quien visitara la casa de la tía pensaría que tenía una tienda de ropa masculina.

La verdad es que los hombres que habían vivido en su casa pasaron por una de dos situaciones difíciles, o ambas a la vez:

Primero: En alguna ocasión inesperada tuvieron que salir con mucha prisa y el tiempo no les alcanzó para recoger la ropa.

Segundo: Sí tuvieron tiempo para salir con calma, pero no el valor de volver otro día a recuperarla.

-Te pregunté qué hiciste.

-Nah hermana. Uno no puede venir a visitarte sin que pienses que ando huyendo.

-Yo sé por qué lo digo.

Siguió mi madre ocupada en sus tareas. Su mente lucía atormentada, mientras Nani, sentada, sus ojos galanos y la frente ancha de mi abuelo, como si fueran hermanos gemelos, miraba.

Menuda, delgada hasta el encorvamiento; no debía de pesar más de 85 libras. Sudada, desgreñada, la ropa arrugada, como si hubiese dormido en el cesto de la ropa sucia, y unas alpargatas en pies polvorientos, era su ajuar en ese momento.

Se pone de pie, va al refrigerador y se sirve un vaso de agua. Mamá le prepara un emparedado que engulle casi con desesperación, pero con discreción.

-Bueno -dice mi madre- si no me dices que está pasando, voy a llamar a la policía; y como quien no tiene hechas, no tiene sospechas, estoy segura de que no tienes nada que temer…

…Y mejor será que cantes porque sabes que lo hago.

-¡Ay ombe! es que esta vez se me fue la mano.

-Ajá, ya estamos caminando. ¿Cómo es eso de que se te fue la mano?

-Bueno, que alcanzó muy duro y más lejos de lo que yo preveía.

-Y con qué alcanzo más lejos y muy duro

-Con el martillo.

-¿Dónde?

-En la frente.

-¿Lo mataste?

-Yo no sé. Yo le di, el cayó; le crucé por encima y salí corriendo. Sólo sé que le di duro.

-¿Sangró mucho?

-Yo no miré pa’tra.

-¡Ay Dios mío! ¿Y cuándo es que tú te vas a arreglar mujer?

-Cuando ellos dejen de joderme.

-Vaya coincidencia; que siempre son todos ellos los que joden y no tú.

-Mana, deja los regaños y cámbialos por dinero que es lo que necesito.

Mamá se fue a la habitación y al regreso le entregó algo que trajo en las manos.

-Ahí tienes. Cuídate y que Dios te acompañe.

Gracias hermanita.

De nada.

-Bye.

-Bye.

Dos horas más tarde tocan a la puerta:

-«&%@#»…

-«Buen día señor.»

-«&%@#»…

-«¿Quien, Nani? “Yo no sé”… “Lo mismo me pregunto”…

-«&%@#»…

-«¡No me diga!» «¡Santo Dios¡»

-«&%@#»…

-“No… hace tiempo que no viene por aquí”.

-«&%@#»…

«Si señor, lo tendré pendiente y cualquier cosa yo les aviso.»

-Respondió mi madre a los agentes del orden, al ser cuestionada por el paradero de su media hermana; mi media tía; terror de los hombres.

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