La espuma del agua mojando los pies en un constante ir y venir,

y un espejo de Sol bajando sobre el infinito del mar.

La arena mojada por la creciente,

Dejaba un rastro en los pies, 

y el ruido de las gaviotas de fondo

Musicalizaban ese atardecer.

¡Qué hora mágica las cinco de la tarde!

Pensaba queriendo pausar ese momento por siempre.

Esperaba entre la gente,

Pero era imposible que viniera.

Eso nunca iba a pasar,

Solo de noche, 

Donde las únicas testigos de nuestros encuentros eran las luces de la costa,

Las luces de los edificios, 

Donde cada persona seguía con su vida 

Sin darse cuenta que en la playa se encontraban dos personas 

Que buscaban buscarse,

Que buscaban encontrarse,

Que buscaban frenar el tiempo 

Y ser -y hacer- lo que durante el día les era imposible.

Porque una vez que el Sol saliera nuevamente, 

Todo lo que fueron durante un rato,

No volvería a pasar…

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS