El mármol del alma.

​Plotino decía: «Si aún no ves la belleza en ti, haz como el escultor de una estatua que ha de ser bella. Esculpe el mármol, púlelo, quita todo lo superfluo hasta poder reconocer el verdadero bien». Dirige la mirada hacia tu interior y, a través de la reflexión y el pensamiento, haz que el alma sea bella. Porque cuando el alma es reflexiva, se embellece; pero cuando no lo es, se convierte en esclava del cuerpo.

​A lo mejor no eres tan horrible como te evalúas o te sientes, ni los demás te ven así. Quién sabe; quizás entre tanta gente haya quien te acepte y descubra tu lado positivo, alguien que te saque del pozo de autocastigo en el que estás. Aunque hables poco, existen silencios interesantes, miradas maravillosas, sonrisas contagiosas e inflexiones de voz que a ti te quedan mejor que a otros.

​Es verdad que no debes tomar la aprobación ajena como criterio para definir cuánto vales, pero también es cierto que, a veces, eres tú quien proyecta una imagen distorsionada debido a la inseguridad.

​No podemos pasar toda la vida escondiéndonos; tarde o temprano tendremos que enfrentar el mundo por lo que es, y no por lo que nos gustaría que fuera. Aceptar es el primer paso para sanar. Todos necesitamos comprender que nada es exactamente como quisiéramos, sin embargo, eso no implica que tenga que ser malo.

​Ve lo que los demás no ven. Ve lo que todos han decidido ignorar por temor, conformidad o pereza. Mira un mundo nuevo todos los días; solo entonces irás por el camino indicado.

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