La mayoría de las personas ha sido educada bajo la siguiente premisa: «Siempre nos falta algo para estar completos; solo cuando lo consigamos, podremos gozar de lo que tenemos».
Nos enseñan que la felicidad debe esperar a que completemos lo pendiente. Y, como siempre surge una nueva carencia, el ciclo se reinicia y nunca logramos disfrutar plenamente de la vida.
Está bien que luches por superarte, que salgas de tu zona de confort y conquistes nuevas esferas. Sin embargo, en ese proceso de búsqueda, no olvides valorar lo que ya te acompaña y agradecer por ello; a menudo, por añorar lo que nos falta, desestimamos lo que ya hemos logrado.
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