Mariposa tatuada
Urdida la encierran dentro de la piel de un bíceps.
Sólo puede dar vueltas a ras del hombro, cuando las velas contraen
los brazos del hombre de mar.
Dejan su casa varada, a la hora convenida, a ras del agua.
ella por cierto volando sobre el hombro desolado
y él revolviendo en silencio, sus pensamientos mundanos.
No elijas una dirección exacta Mariposa de tinta rápida,
merodeadora de bares de seis a seis,
escuchando de muy cerca, el más sutil de los salmos
que aún repite el marino,
acostado ya en la acera nuevamente, cubierto de risas sueltas,
solas, arqueadas, imprecisas,
todas juntas, eructadas y a la vez.
Mariposa de cristal
Tu fulgor se esparce como las espinas sobre el tallo,
hieren hasta el final, la flor escapa, sangrante titubeo.
¿Mejor es brillar que volar?
Volar no puedes, te atrae con fuerza
la guerra entre la gravedad y la muerte.
Hazte de nuevo un gusano blanco
y busca tu crisálida vieja,
ellas saben de regresos,
de tu presente y tu luz,
de tu pasado de fuegos y vidrios blandos.
No te olvides casi nunca,
que el futuro es el perverso polvo viejo
de encandilados y opacos cristales,
de pedazos afilados,
de vidrios rotos.
Mariposa bruja
Soledad de la espía negra,
¿eres tú o es tu sombra?
Batallas de escobas y ventanas abiertas.
¿Para qué ese volar sin propósitos?
¿Por qué no vivir dentro de una bolsa de seda?
Dicen que el mundo es gentil, no hagas caso.
Huye mariposa oscura,
vuela lejos y que no te aplasten las supersticiones.
Pobre hada negra,
has equivocado tu gruta.
Busca entre todas las noches que puedas,
y no sobrevueles tinieblas.
Vetusta mariposa, el hilo de seda que envolvió tu vida se desteje.
Comienzas a morir de nuevo.
Mientras tanto, no lo dudes, ¡vuela, vuela!
PD: Con admiración y cariño, dedico estas mariposas a la escritora y amiga Verónica Martín Pinillo.
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