La familia de Romola estaba preocupada y no sin motivo. Desde hacía unos días, su hija, se comportaba de manera extraña. Se encerraba en su cuarto durante días. Solo aceptaba comida y agua. No estaba enferma. Aparentemente, parecía esquiva. Sus hermanos, también la notaron mas rara que de costumbre. Pero, no se inmutaron, por ello. Días atrás, Romola, se la vio deambular de madrugada por el jardín. Parecía como si buscara algo. Sin embargo, cuando vio que su padre, la veía por la ventana. Salió corriendo y se encerró en su habitación. La chica que ayuda en los quehaceres domésticos empezaba a tener miedo. Romola, se le aparecía por las noches en la cocina. Y no decía una palabra, se quedaba parada mirándola fijamente. Luego de un rato, una sonrisa burlona se dibujaba en sus labios y volvía a desaparecer. Sus padres, pensaron, que los psicólogos se habían equivocado al darle el alta tan rápido. Romola, sabía que era cuestión de tiempo, para que sus padres la enviaran al psiquiátrico de vuelta. Y esta vez, no podría convencerlos de que estaba cuerda. La desesperación de Romola aumentaba. Creía que le envenenaban la comida o le ponían somníferos en el agua. Cada vez que salía de su habitación se sentía vigilada. Veía en los ojos de su familia el desprecio que sentían por ella. Pero, era mejor disimular hasta poder ejecutar su plan. Esa noche decidió comportarse. Bajo a cenar. La conversación fue amena. Parecía otra persona. Había cambiado de la noche a la mañana. Sin embargo, la chica de los quehaceres sentía escalofríos cuando Romola la miraba. Los días trascurrieron apaciblemente; como en cualquier hogar familiar. Romola, se la veía cada día mejor mas rozagante y llena de vida. Socializaba en las fiestas, así como en el mercado. De hecho, se comentaba en el barrio que varios pretendientes querían pedir su mano. La sonrisa de Romola era bastante espeluznante todavía, pero la gente había aprendido a no asustarse. Era lo único, que Romola no había podido disimular. Cuando, Romola, se quedaba sola en la casa, solía mantener largas charlas con sus amigos imaginarios. Estos amigos, la habían sostenido, en los tiempos que estuvo encerrada en el psiquiátrico y gracias a sus consejos, pudo persuadir a sus médicos. Inmediatamente, que sentía, llegar gente a su casa, sus amigos desaparecían. Romola, desde que nació hasta su adolescencia se caracterizaba por ser una chica revoltosa. Siempre daba problemas. Tenía un carácter intempestivo. Cuando llego a la adolescencia se volvió violenta e iracunda. Varias veces se hirió tratando de suicidarse, pero sin tener éxito. Fue ahí que; sus padres decidieron internarla en un psiquiátrico. Pero lo que sus padres, nunca dijeron ni Romola es que desde pequeña su padre abusaba de ella y la madre lo sabía. ¡Aquella noche de invierno fue la decisiva! Era el momento; le dijeron los amigos imaginarios a Romola. La situación no debía dilatarse más. Afuera, llovía, hacia frio y el viento, golpeaba con fuerza, las ramas de los árboles. La oscuridad, de la noche tapaba con un halo de misterio lo que estaba a punto de ocurrir. Romola, espero a que todos estuvieran profundamente dormidos. Bajo de su cama, abrió la puerta de su dormitorio y descendió muy despacio las escaleras sin hacer el más mínimo ruido. Fue hasta la cocina y tomo un hacha y una cuchilla bien afilada. Cuando se da vuelta; ve a la chica de los quehaceres. ¡Debiste quedarte en tu cama! Le dijo Romola. Levanto el hacha y se la clavo en la cabeza partiéndosela de un solo golpe. La mujer sin tiempo a decir nada cayo desplomada mientras la sangre emanaba de su cabeza. Entonces, Romola se apresuró a intercambiar las ropas con la chica. Luego, Romola, volvió a subir las escaleras de manera muy sigilosa, notando que todos seguían profundamente durmiendo. Nadie había escuchado nada. Entro violentamente en la habitación de sus padres. Los cuales exaltados se despertaron. Sin dejarlos hablar Romola corto la cabeza de su padre y luego corto con la cuchilla el cuello de su madre. Y se quedó un rato parada a los pies de la cama viendo como sus progenitores se desangraban. Luego, recordó que no podía dejar testigos. Se dirigió a la habitación de sus hermanos los que seguían dormidos a pesar de todo. Romola, pensó era fuerte el somnífero. Volvió a bajar las escaleras y busco un bidón de querosene lo espacio por toda la casa. Y cuando se encontraba fuera le prendió fuego. Sus hermanos se despertaron de repente, pero las llamas habían envuelto por completo la casa y les fue imposible escapar. Romola tenia en su cara esa sonrisa espeluznante. Cuando sintió que la policía y los bomberos se acercaban se escondió dentro del pozo de agua. Allí escucho lo que el jefe de policía le decía al de bombero: – encontramos los cinco cuerpos de la familia calcinados y mutilados. Evidentemente fue la criada. La única que falta. El caso fue cerrado y la criada jamás fue encontrada.

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