Prosa reflexiva
Autor: Dairo Tirado
Quiero que sepas que no soy exagerado, ni malcriado, ni manipulador. Tampoco soy bipolar. Tal vez simplemente soy un hombre sensible.
La vida, a través de mis ojos, es maravillosa, aunque a veces también puede ser agobiante.
Para mí, un atardecer es una obra maestra. El arte y la naturaleza me conmueven. Aunque no comparta mucho contigo y sean pocas las veces que hablamos, tus alegrías también se sienten como las mías. A veces puedo sentir en mi cuerpo tu dolor, en mi mente tu angustia y en mi corazón tu tristeza.
Cuando quiero, lo hago al máximo, como si no hubiera mañana. Si quiero estar contigo, estoy entregado por completo a cada instante. Y si algo me duele, se siente como si tuviera una daga clavada en el corazón.
No elijo ser así. A veces no es fácil andar por la vida con el corazón en la mano.
Sé que tal vez crees que soy de carácter voluble, inconsecuente o ligero. Tal vez pienses que he querido hacer con el corazón una comedia. Pero aun cuando tengas de mí ese concepto y seas capaz de expresarlo como lo hiciste, es cierto que no estás diciendo nada grave. Lo que sabes de mí es parte de lo que soy.
Sin embargo, lo que me ha encantado de ti quizá no lo dirás, porque no lo sabes tanto como yo, y porque no estás dentro de mí.
Siendo franco, no son fáciles las tormentas que mi imaginación ha levantado por alguna mujer: el empeño con que he querido amar, el valor que he dado a los sentimientos que he inspirado, aun cuando fueran inciertos.
Si alguna vez sintiera que es mi deber mostrarte cada palabra o cada afecto de mi vida anterior, también lo haría con la misma nobleza y lealtad con la que lo hice cuando una mujer sincera me dijo alguna vez: “Me haces feliz.”
Por eso no temo que sepas de mí más de lo que yo mismo te he mostrado.
Tampoco quiero que creas que intento que formes de mí una imagen ideal, porque no lo soy. Tal vez incluso sea indulgente al creer que puedo conocerte sin que tú llegues a conocerme del todo.
Si me voy temprano no es por ti, ni porque no te quiera o no me intereses. Solo intento no afectarte ni cansarte. Sé que eres una mujer que necesita su espacio para pensar. Entiendo que hay días en los que tienes mucho trabajo o muchas experiencias y llegas a casa agotada. Es entonces cuando decido no estar encima de ti, esperando solo una señal que me diga que quieres compartir tiempo conmigo.
Si te das la oportunidad de conocerme, tal vez descubras que puedo ser un buen amigo. Alguien que no solo escucha con los oídos, sino también con el corazón.
Me considero un buen líder de pequeños equipos. Puedo crear armonía y mediar en situaciones difíciles. Detecto detalles que para otros pasan desapercibidos. Soy considerado y concienzudo, y mi atención a los detalles es buena.
Tal vez pueda ser la compañía perfecta para una tarde de playa, un viaje a la naturaleza o un día dedicado al arte.
Esto es quien soy. No me define por completo, pero me caracteriza.
Quiero estar en este mundo, en tu mundo, y aportar algo, así como lo hace cada persona con sus propias diferencias y particularidades.
La lucha por adaptarme y encontrar el equilibrio es mía. Sé que no es necesario que inviertas tiempo en entenderme por completo ni en aceptarme; soy como soy.
De ti solo pido comprensión y ganas de compartir. Estoy dispuesto a enseñarte mi mundo, si tú estás dispuesta a abrirme las puertas del tuyo.
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