EL CICLO DE LA VIDA

Todos nos preguntamos la razón de porque los seres que más amamos se van. ¿Por qué las cosas suceden así? ¿Cuál es la razón de su partida? La estoy bañando, toco cada parte de su cuerpecito con jabón, cuando de repente puedo sentir que está creciendo otro…Otro tumor. Me dije a mi misma, debo ser fuerte y salir adelante, pero mientras sigas aquí conmigo te haré más feliz que antes. Eres un ejemplo de vida, gracias a ti aprendí que el amor es lo más fuerte que hay para hacerte aferrar a la vida y que, aunque estés pasando por la dificultad más grande, solo el amar a alguien te hace ser valiente y capaz de superar los altercados. ¡Cuán fuerte eres!, ella sigue luchando por seguir aquí conmigo, pero sé que pronto esos tumores ganaran la batalla y tendrá que partir… Deberá irse… ¿Por qué?… ¿Por qué tiene que ser así?… ¿Por qué no puedes durar más tiempo a mi lado?… ¡Aun te necesito! ¡Aun mi corazón pide a gritos que no te vayas! Esto realmente sé que nos afecta a ambas, quizás más a mí porque ya no te veré ni podre sentir tu cuerpo y esos abrazos tan calurosos, o tal vez mas a ti porque sabes que con tu partida, no volveré a ser la misma, porque cada día sufriré recordando que ya no estas. No debes preocuparte por mi dolor, comprendo que es el ciclo de la vida. En esos días la apoye más que nunca y le entregue el amor más puro y natural. Ella Podía sentir en mi mirada y en mi cuidado el amor que le profesaba y lo más importante, no se sentía sola. Se acercaba la recta final, cada vez era más difícil la batalla, pero ella seguía dando lo mejor de sí y luchando por seguir a mi lado. Para mí era complicado no llorar cuando la veía en ese estado, más aun así, siempre le entregue mis sonrisas y ella era feliz. Tu fortaleza se debilitaba, Tu mirada se opacaba y decidí no verte sufrir más pues era lo mejor para ti, aunque lo más doloroso para mí, pero mi amor por ti era más fuerte que cualquier dolor que sintiera mi corazón. Llego el momento de verte partir y supe que ese día debías marcharte e ir a otra dimensión, probablemente una mucho mejor que aquí, en la que solamente estarías rodeada de mucha felicidad. La acostaron en una camilla. El hombre vestido de blanco, silencioso y quizás entristecido al notar mi dolor; se acercó y pude ver que lamentaba aquella situación. Antes de comenzar me pregunto si estaba segura de aquella decisión… Estuve a punto de arrepentirme, pero al verla sufriendo esos dolores provocados por los tumores, acepte que continuaran con el proceso. Aquel hombre, poco a poco fue suministrando la dosis que iba apagando sus latidos y acortando su respiración. Sus ojitos me miraron y pude ver que aún tenían el brillo que iluminaba mi vida, sin embargo pude sentir que temía dejarme. Esa vez no pude contener mi llanto. Entre lágrimas le dije que debía irse tranquila, que yo estaría bien, pues ella se quedaba

en mi corazón para siempre, y con sus recuerdos seguiría alegrando mi vida. Sé que partió tranquila porque pudo entender que gracias al amor que ella me entrego iba a poder continuar. Jamás olvidare los momentos que compartimos. Tú, mi amiga incondicional, mi mejor amiga, mi confidente… siempre te extrañare y extrañare aún más saber que a donde yo iba, siempre estabas detrás, por lo que al voltear, debía fijarme bien para no pisarte. Y allí en esa fría sala contigo me quede; hasta que pudiera ver que tus ojitos se cerraran para siempre. Mientras se quedaba dormida para ya no despertar jamás, le recordé todo lo que habíamos vivido juntas y le contaba que desde mi niñez ella siempre me había acompañado, en mis alegrías más grandes y mis tristezas más dolorosas había estado para mí. Gracias a ella nunca estuve sola. También le conté cada historia, cada recuerdo vivido, hasta casi pude sonreír recordando cuan feliz había sido a su lado. Ahora han pasado los años, ya no soy esa niña y comprendo su partida. Pienso que Dios desea tenerla en su reino, pues ya cumplió su misión aquí en la tierra. En el último abrazo que le di esa noche, pude decirle que nada ni nadie jamás la reemplazaría y que ella viviría eternamente en mi corazón. Ella sigue aquí presente y sé que está conmigo siempre. Quería hacerle entender que a todos nos llega ese momento, y ese era su momento. Yo comprendía perfectamente la situación, a pesar de mi sufrimiento y mis ganas de tenerla a mi lado para siempre. Como hacerle entender que ese es el famoso ciclo de la vida. Poco a poco la vi cerrando sus ojitos, pero su corazón aun latía y entre lágrimas le seguí hablando… Mi querida amiguita cuán grande es mi amor por ti… recuerdo que solía llamarte «mi linda viejita». También recuerdo que vivíamos frente a mi colegio, así que muchas veces tuve que salir de mi salón de clases porque todos me gritaban: «Mira quien camina por el borde de tu balcón», «Está esperándote», «Todo lo que hace es porque quiere verte»…Todo eso lo hacías tú, que querías llamar mi atención y yo debía salir corriendo para bajarte de allí por temor a que algo te pasara. Todos te conocían, todos sabían cuánto me amabas y yo solo podía decirte que me esperaras que pronto regresaría, más aun así todas las mañanas hacías lo mismo… caminar por el balcón, esperando mi regreso. Éramos muy pequeñas las dos y hoy después de catorce años tristemente te veo partir. Ella me dio su patita, lamio mi mano y su mirada se apagó para siempre. Le di un beso en su cabecita y nunca más la volví a ver, pero su imagen seguirá grabada en mi mente. Pude sentir que su cuerpo me decía que no lo vería más, pero su alma siempre estaría junto a mí, y que en el silencio, siempre que quisiera hablarle la encontraría. Mi gorda, mi vieja, mi linda amiguita, mi pequeña… tan frágil y tan fuerte a la vez, me demostraste cuán grande puede ser el amor, pues durante tantos años fuiste mi fiel compañera. Ya no te volveré a ver más, ya tu cola jamás se volverá a mover, ya no escuchare más tu ladrido, ni volveré a sentir tu cuerpo junto al mío, pero siempre en mi corazón tu vivirás…

Vivirás para que tu recuerdo alegre mis días y en las noches aparezcas en mis sueños… Vivirás en mis pensamientos, en mi corazón… Serás esa nube que me acompaña al caminar… Ese lucero que alumbra mi camino de noche… Sé que donde vaya, tu estarás conmigo…Ahora eres un angelito más… Y Cuando te pienso, simplemente te siento, siento que serás parte de mí para siempre, pues tus recuerdos harán parte de mí ser, por lo que reste de vida.

2015, Jeanette A. Sanchez L.

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