Para Alissa.
quien me obsequió
el prodigioso regalo
de la vida, ella.

Sangre Real
El frio atenazaba sus manos y el cuerpo temblaba como una hoja, pero la angustia se debía al miedo. Por la tarde mientras degustaba un bocadillo apareció el rostro agitado de un mensajero, sudoroso le hacía entrega de un mensaje. Al abrirla reconoció al instante la puntiaguda letra de la princesa. En su interior decía: En el árbol del azulejo me encontrarás… El mensaje en código demandaba cautela por parte de Allard. El árbol del azulejo es un lugar alejado de la catedral de Canterbury. En el pasado, como una señal de la divinidad un hermoso azulejo se posó en las ramas de un frondoso árbol, justo en el momento en el que la princesa Bertha profesaba su amor por él. Aquellas visiones del pasado se arremolinaron en su corazón. Llegada la oscuridad, Allard sigue las esquirlas de la memoria y al pie del árbol de los recuerdos aguardaba la princesa. Bertha acaricia la barbilla de su amado. En su faz mantiene una sonrisa simulada. —¿Ocurre algo? Pregunta el preocupado monje. —Algo maravilloso ha ocurrido, la semilla de la vida crece en mi vientre… La confidencia lo dejó estupefacto. Los errores y pecados del pasado finalmente lo están persiguiendo. Un despliegue de finales alternos se cierne en el hombre de la isla de Thanet, y ninguno es prometedor. La princesa Bertha, hija del rey Cariberto I está comprometida con el rey de Kent, Ethelberto. Si la verdad llega a oídos del rey, la vida de ambos peligraría. El desenlace seria trágico y cruel, los tres seres desaparecerían de la faz de la tierra. El temor de la mujer es evidente ¿Qué deberían hacer? —Amor mío, me ofreciste la pureza de tu alma y me regalaste tu corazón. Soy dichoso por haberme cruzado con tu mirada. No importó mi condición como plebeyo. Tu intuición dicta abandonar todo y seguirme, pero aquella decisión tiene un alto costo. Ellos perseguirán nuestras vidas hasta el fin del mundo. Me arrebata el sueño la realidad que debemos afrontar. Debes alejarte de mí y acepta al rey como tu esposo. La mentira jamás te abandonará, pero él vivirá. Me emociona la idea de que mi sangre es ahora parte del linaje de Jesús—. El viento agita la cabellera de la mujer y varias hojas del árbol caen al suelo. Allard abraza el momento por última vez. Besa la frente de la princesa y mira sus ojos, es la mirada del salvador.
Allard un humilde hombre de la isla de Thanet escuchó que un monasterio fundado por Agustín
buscaba hombres devotos al señor. Los interesados serian acogidos y formados en las artes liberales. El primer escalón que debía superar es el de las tres vías (Trívium): gramática, dialéctica y la retórica. Y el segundo escalafón sería el de los cuatro caminos (Quadrivium) aritmética, geometría, astronomía y música. Empujado por una fuerza desconocida, Allard
rápidamente se abre paso en el competitivo mundo de la ilustración y se posiciona como un joven prodigio y una promesa para el futuro. En poco tiempo domina las disciplinas iniciales, luego supera las de segundo nivel y se detiene en el profundo estudio de la astronomía, su más grande afición. En este periodo conoce a la princesa Bertha. Ella gozaba de una extraordinaria belleza y todo aquel que la llegaba a verla se aventuraba a decir que su encanto provenía del cielo, no se equivocaron.
Inusualmente se la veía frecuentar la abadía, Allard constantemente se la encontraba en los pasillos ignorando que los encuentros no eran fruto de la casualidad. La enigmática figura de la mujer lo cautivó. En las polvorientas estanterías de la biblioteca encontró varios textos antiguos sobre la dinastía Merovingia, una estirpe de la que procede la princesa. Extasiado por la historia de la familia, devoraba cualquier vestigio de información que mencionaba a los reyes Merovingios. Una mañana un anciano se le acercó. —Muchacho, si estudias aquella familia, estarías examinando el linaje de cristo. Sin decir más, el anciano se retiró de la biblioteca sumiéndolo en la duda. ¿A qué se refería con examinar el linaje de Cristo? ¿Jesús tuvo descendencia? Preguntas peligrosas, formularlas en voz alta significaría una fulminante expulsión y censura, estaba pisando terreno escabroso. La siguió viendo hasta que fue encomendado ilustrarla en algunos temas de interés para ella, y cada mañana frecuentaba su compañía. Reían y buscaban cualquier excusa para mirarse mutuamente. Es una conducta impropia de un hombre del señor, ceder a la debilidad de la carne, pero Allard cedió al amor. Un amor puro y cristalino emergía de su corazón. Todo ocurrió en un día maravilloso, en la mesa de su habitación resaltaba un mensaje. Escucha a la bella intuición, ella te guiará hasta mí. ¿Qué dictaba la bella? El sentido común reclamaba prudencia, sin embargo, quería desafiar lo establecido. Nunca se había sentido tan vivo como ahora, seguiría a la bella. La duda continuaba hasta que ella abrió su corazón. Tomó sus manos y las colocó en su rostro. El cariño contenido en el beso es reconfortable para los dos. La respiración de ambos se acompasa con los cercanos trinos de un azulejo, la aparición es una señal de dios.
Poco tiempo después llegó la noticia de que el rey Ethelberto se había comprometido con la princesa. La información lo sumió en una inmensurable tristeza, todo había sido un sueño. Los miembros del clérigo lo veían caminar sin rumbo por los pasillos; por días se recluía en su habitación, no hablaba con nadie. Una noche Allard miraba las estrellas en el jardín. El misterioso anciano de la revelación toma asiento junto a él. —La sangre es más espesa que el agua. La sangre real debe unirse con la sangre de reyes. Creíste que un hombre de humilde origen como el tuyo tenía oportunidad de unirse a ella. Muchacho las personas como nosotros tienen un límite. María Magdalena huyó de Jerusalén portando la sangre de cristo en su fuente de vida, su útero. Tuvo a Sara
en la clandestinidad y el linaje del señor entró en contacto con los reyes Merovingios, Bertha es uno de los descendientes de Jesucristo.
Todo cobró sentido a partir de la gran verdad, el destino de Allard estaba determinado por su sangre. Transcurrieron muchos años desde el encuentro del árbol del azulejo. Ahora Allard ríe de sus prolijas arrugas y de sus manos callosas. La vejez le dio un aspecto frágil conservando la transparencia de su mirada.
Un día asistió a la coronación de Eadbaldo, su hijo.
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