De pronto apareces resplandeciente, como un abrazo con pecho apretado.
Como una sinfonía de mar picado, y en el velero que sortea la incertidumbre, te adentras en mi mar profundo.
En esa diminuta porción de alivio o en esa insular constelación de mis pensamientos más nobles, te alojas con presura.
En tus gestos leo poesía, quiero hablar de ti… intentar sitiar tu existencia y arremeter con lozanía y bríos de corcel joven.
¿ Que nos deparará la vida ahora que me asaltas con esta alucinante emboscada, que me cristalizas desprovisto de armaduras y como infante me desplomo?
Los manteles selectos, nada menos, en la mesa servida, y con un montón de letras profetizo que las copas llenas serán el presagio de esta historia.
Un brindis que acicala la verdad y tu hermosa desconocida me regalas un corazón lleno de ilusiones, sin rutinas, sin silencios, solo arrebato carnal.
Ahora que surges en la sequía y las bocas secas, me embriago en tu torrente, fragmento mi palacio, te secuestro clandestino y te hablo al oído
No dejaré que camines en las sombras, los inviernos serán cálidos, y las razones pintaran de verde tus mañanas
Que ironía… yo caducado desechando un concierto de atardeceres de epitafio y tú vestida de fiesta esperando en la parada… acepto, tu remanso es el mío…
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