Breves relatos de mierda de un maniático con caspa en la ceja ejecutados en una notebook gamer

Breves relatos de mierda de un maniático con caspa en la ceja ejecutados en una notebook gamer

Dabone

08/05/2021

N° 2

El muchachito, con los cordones desatados y una media más alta que la otra, parecía estar buscando algo en el borde de la acera. Estaba semi agachado, con una mano apoyada sobre su rodilla izquierda: la restante la movía de lado a lado sobre las baldosas de la vereda. No se daba cuenta que la calle, y con esta los autos que la transitaban, pasaban muy cerquita de él.

Sin embargo, el pibe parecía imperturbable. Algunos transeúntes que deambulaban junto a él, lo miraban con curiosidad. En las ciudades grandes, la gente observa mucho. Otros dirían, es muy chusma. Incluso, dos mujeres con un carro de supermercado atestado de comestibles, le preguntaron si necesitaba algo. El muchacho negó con la cabeza, para luego volver a dar su negativa (esta vez frunciendo el ceño) ante el ofrecimiento de “algo para comer”.

-Estoy bien- dijo en voz baja, volviendo los ojos al piso.

Pasó un hombre flaco, con traje negro, advirtiéndole al pequeño de la proximidad de los vehículos. El pibe pareció no escucharlo, se paró un momento, se acomodó el barbijo y peinando hacia atrás sus cabellos rojizos, miró brevemente hacia el sol, que empezaba a despuntar tras los edificios.

El mozalbete se colocó en cuclillas, y estuvo una media hora más. No le importaba nada, ni nadie más. Ni siquiera los bocinazos de los autos que de vez en cuando casi le rozaban.

En un momento dado, pegó un salto, con un puño apretado arriba. ¡Había hallado lo que buscaba! El barbijo había volado y la sonrisa se le veía a la distancia. Lo cogió del piso, mientras guardaba en su bolsillo su tesoro.

Siguió pegando saltitos mientras avanzaba hacia la esquina. Sin duda alguna, estaba feliz. Sus ojos se achinaron. Ya no había bocinazos. Una viejita se acerca al narrador con su bastón amenazante, gritando: «Tú, sí… tú… ¡Deja de fisgonear a mi nieto, pervertido de mierda…!» 

N. de R. El anillito de la abu, con el que el pibe jugaba a ser Sonic, estuvo finalmente a salvo.

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N° 3

Aún sigo sin comprenderte. Me dijiste que te vas pero aún estás aquí. No te basta con andar peleando desde temprano. Dale, metéle. Tengo cosas que hacer, peor no puedo seguir así, con vos dando vueltas de aquí para allá.

La tostadora está sucia, como siempre. Mirar el celular sí, pero dar vuelta la maquinita para que las migas de pan se salgan, ah no, eso nunca. No bajes la cabeza, ni hagas ese gesto, más vale hablá conmigo. Más fuerte. Que no te escucho, carajo. ¿Ajá? Puede ser que se me quede alguna miga en la mermelada, pero al menos yo no chupo la cucharita y la vuelvo a poner dentro del frasco. Del café que hago todos los días no decís ni mu, eh. No tenemos cafetera robot, hay que ponerle onda. Está bien, dale, nos vemos luego. Que te vaya bien en el trabajo, no te dejes pasar por arriba de nuevo por ese patético de Carlos, viejo resentido que no la pone ni en navidad, por eso se la agarra con vos. Vení, un beso aunque sea. Chau, sisi, dale, ok, chau.

Buen día se dice, ah, bien bien. Soñaste anoche, estabas a los gritos. Te toqué un poco la cara y nada. Te dije que tenés que ir al médico alguna vez, ese stress que te generan tus compañeritos de laburo no es sano, para nada. ¿Que no tenés hambre? Bueno, aunque sea tomate el feca. Gracias, jaja, hice como que no lo vi, pero el olorcito de café lo sentí anoche antes que vayas a la cama. De verdad gracias. Bueno, sí, yo también llego tarde hoy, pero le dejo comida a los doguis. Dale, nos vemos. No tan rápido, ¿Qué te falta? Muaaak, ahora sí, chaucito…

¡Ay que susto me diste! ¿Vos acá tan temprano? Me pareció que andabas en el baño y eso, pero que hayas dormido tan poco no me parece bueno. No me das pelota. Te vengo diciendo que estás bastante pasado con eso del proyecto, como son empleados a ustedes los explotan y el Carlos ese se termina quedando con todo el crédito, lo odio, mirá, lo cagaría a trompadas si lo tuviera enfrente. ¡Nooo!… ¿cómo se pudo agarrar covid si es más cuidadosa? Vive con tres cosos de alcohol en gel encima. ¡Qué macana! Vos por las dudas cuidáte también allá, no vaya a ser que además de stress te traigas el bicho de la empresa. ¿De verdad no querés? Mirá que está rico, es de ese más caro, tipo colombiano. Áspero, pero delicioso. Bueno, ok. Llevate algo para comer aunque sea, dale. ¡No! Sh sh, volvéte. Llevá de acá, porque allá no salís ni te compras nada. Con eso me quedo conforme, bien. Chaucha, nos vemos. Adióssss… bueee tanto arrumaco hoy, cómo estamos ahh, ja. Chau vida.

La tostadora limpia, hoy va a llover. Ya te voy a agarrar a la vuelta. Irte tan temprano a trabajar y dejarme esta notita. Ni que estuviéramos en la secundaria. Espero haya dormido algo anoche, la verdad me desmayé de cansancio y no me di cuenta de más nada. ¡Pero oh medalla milagrosa!, ¿acaso ese aroma es…? Al final, sos como mi vieja. Le metés rigor, y se comportan como un relojito. Lástima que no estás para charlar un rato, porque esto de desayunar sin nadie al lado, no me va mucho. Entonces, sigamos el jueguito, a ver, esta lapicera, sí, funca: “Gracias por ser tan dulce, nos vemos luego”. Por las moscas, te mano un wsp, capaz no la ves al volver. Bueno, ahora sí, con la pancita llena, a ordenar… que tengo un día larguísimo por delante.

¡Apareciste! Mirá que te llamé varias veces, pero nada vos eh. Seguro dormiste mal de nuevo, me olvidé de poner la colcha grande y te busqué para abrazarte unas cuántas veces, pero no te pude agarrar. ¿Cómo estás? ¿Así que te gustó el papelito? Ja, me inspiré en vos y en el tuyo. ¿Te fue bien ayer? Qué horas de ir a la empresa, laa. Bueno, al menos avanzaste bastante. Espero que se dejen de joderte un poco, y que el próximo proyecto sea un poco menos jodido, digo no, para variar. Carlos, lo recuerdo y se me prende fuego el pecho. Que reverendo hijo de puta. No sé por qué no le da un patatús de una vez, pelado y senil. Vos me habías comentado de ese ACV que tuvo hace añares, ja, que le de otro. Bueno bueno, me callo. Perdón, es que si te hacen mal me pongo mal.

¿No vas a tomar nada? ¿Una tostada? ¡Eh! ¿Cómo que no podés, no podés qué cosa? Voy yo, dejá. A quien se le ocurre tocar timbre tan temprano. Ahí vuelvo. ¿Sabés amor? Hay dos policías en la puerta. Yo… yo no entiendo nada. No, no puede ser. Esto no está pasando. ¡No! Ellos, vida, ellos dicen… dicen que tengo que ir… acá cerca, al Posadas… Dios mío, sentáte un toque, escúchame…

Me dicen que debo ir a verte al hospital… donde anoche… ¡Anoche!… vos… falleciste.

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N° 8 y ½

Tanto anhelé la libertad. Cada día de mi vida, desde que llegué a este mundo. Soñé desde un primer momento con ver el cielo, con respirar el aire fresco, ver un par de palomas posarse sobre un árbol… Más siempre recibí todo lo contrario.

Encierro, oscuridad. La misma puta habitación durante doce largos años. ¿Síndrome de Estocolmo? Por Dios, ojalá. En mi interior solo tengo odio. Sí, mucho. Hacia ellos, los que me tuvieron todo este tiempo inmóvil. Son unos malditos.

No quiero victimizarme, pero fue muy duro. El alimentarme con migajas de sándwiches mal hechos, o pedacitos de snacks baratos. Así me trataban, como rehén. De ellos, de sus fechorías.

Sí que la pasaban bien denigrándome. Eran fans del porno, y yo tenía que estar presente para verlo. No podían dejar de hacerlo sin mí. Si, me hacían participar, era lo más asqueroso. Y el hecho de dejar sus fluidos encima, era lo que más adoraban. Depravación. La aman. Tanto como fumar marihuana. 4:20 eterno. Olor de mierda.

Se pueden imaginar: ni hablar de tomar un baño. Ni de ropa me dejan cambiar. Por semanas enteras tengo los mismos harapos, llenos de hedor y mugre, sobre todo de ellos. Solo una vez, y lo recuerdo porque para mí fue un día de gloria, hace un par de años, estaban tan drogados que me vaciaron un fernet entero encima. Me empaparon de lado a lado. Hacía frío y había humedad, el sol era de esos que se ven en invierno. No sabían que hacer conmigo, claro, de lo tan en una que estaban. Y pasó el milagro: me sacaron afuera. Al patio, donde mi ventana no apuntaba. Vi unas plantas con pocas hojas, cuatro gorriones meneándose sobre un cable y las nubes grises que se apuraban por tapar los últimos rayos dorados. Sin humo de hierba. Creo que fue lo más cercano a ser feliz que estuve en mi vida… hasta hoy.

Hoy ES. Libertad. Mi sueño. El camión se va. Ellos también. ¿Yo? Yo no. Yo me quedo, viéndolos alejarse. Claro, apretado bajo el chifonier destartalado, lleno de cacharros. Debí suponerlo, últimamente escuchaba sus cuchicheos. Que necesitaban uno “nuevo”, que mis patas no sé qué y que mejor “todo junto”. Pero… ¡se siente bien después de todo! 

Estoy mirando el cielo, qué celeste se ve…el sol, pero qué manera de haber aves. Un jacarandá, y aquel es un ceibo. Qué lindo. Oh, ¿se va a posar sobre mí? Ven ven, palomita. Tengo batallas encima, pero soy de buena madera. Ahhhh… ¡Cómo se disfruta esto! Aunque sé que por poco tiempo. El tipo con la remera de Lebron, la anciana con el perrito… se acercan, los veo mirarme y murmurar sobre si tendré pulgas o lar-algo (¿larvas?) y no sé qué otras pelotudeces más. ¿Y de qué mancha hablan? No es una siquiera, solo esa quemadura chiquita de aquel porro mugroso. ¿Tan mal me veo?

Alguien me va a agarrar pronto, lo sé, aunque para lo mismo de antes… Reemplazaré los sueños y pesadillas de aquellos que me abandonaron por otras igual de horribles. Pero, eso aún no pasó. 

Los que pasan, me observan y no se deciden. Que sigan así. Aire puro que me limpia, cielo azul alrededor, pajaritos por donde mire… canten, síganlo haciendo. Hoy, ahora, soy feliz. Hoy ES.

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