La Chica Desconocida Del Parque

La Chica Desconocida Del Parque

Como todos los días él salía al balcón de su apartamento a escribir poesías en un cuaderno, a veces también leía los libros de su autor favorito.

Una noche lluviosa de verano, estaba en frente de la ventana observando el hermoso verde del parque cuando de repente volteó la mirada hacia un banco y vio una preciosa mujer de unos treinta y pico de años que estaba bajo la lluvia con un libro de bolsillo en sus manos y temblaba del frío.
Entonces tomó el paraguas se puso el piloto unas botas y salió hasta donde estaba aquella mujer. Al acercarse le dijo:
-Buenas noches señorita, se siente bien aquí debajo de la lluvia ?
Ella entre murmuros respondió:
-Buenas noches joven, me siento bien debajo de la lluvia es una forma de tranquilizar y espabilar mi cabeza.
Él se sorprendió y con cara de asombro se dirigió a ella muy amablemente.
-Te dejo mi paraguas para que no se te mojen las hojas del libro. Ahh por cierto cómo es tu nombre ???
Preguntó curiosamente el joven a lo que ella respondió:
-No es necesario que lo sepas.
-Si tu lo dices!!!, me quedaré con que eres la chica del parque; luego se sentó a su lado y mantuvieron una charla hasta largas horas de la madrugada ya casi con el sol que se aparecía en el cielo y así lo hicieron varios días.

Otra vez, cuando la noche llegaba a la hermosa ciudad de Córdoba acompañada de una llovizna fina que apenas lograba cubrir la superficie del asfalto, él l se asomó por el balcón para ver si estaba ella , pero no la vio llegar, aunque paso largas horas frente a su ventana. Al día siguiente preparó su mate y tostadas con manteca y salió a la vereda a buscar el diario. Junto a él se encontraba un sobre de color rosa y un libro de bolsillo con un cordón atado. El sobre decía «Para: El amable desconocido
De: La chica del parque»
Inmediatamente corrió hacia adentro y se sentó en el sillón del living para abrir el sobre. Y comenzó a leer …

«Hola, amable desconocido. Siento no haber ido en estos días de lluvia al parque, pero me gustaría que supieras que lo intenté. El doctor que me ha estado tratando estos meses, me ha dicho que haga reposo. Ojalá pudiese verte una vez más para sentarnos en el césped y estar en ese cómodo y reconfortante silencio del parque. Tú me has alegrado mucho todo este tiempo, sólo espero que tú también hayas estado alegre conmigo.
No quiero que te pongas triste, ni tampoco quiero que me extrañes. Y mucho menos no quiero que olvides los momentos divertidos, ni lo que te hacía sonreír. Debes sonreír siempre. Incluso cuando llueva y no tengas a quien ofrecerle tu paraguas.
Nunca te agradecí que te acercaras a mi aquella noche lluviosa de la capital.
Soy consciente de que la gente me miraba raro en esa noche sentada en ese banquito bajo la lluvia. Por momentos pensé en que algunos pensarían que estaba loca, pero tú te acercaste amablemente. Y gracias a eso, he pasado los dias más agradables de mi vida.
Te conté de mi enfermedad hace tiempo, pero eso no te impidió ser el mismo conmigo. Aunque te notaba triste algunas veces, siempre conseguía verte sonriente.
Ahora me arrepiento de no haberte abrazado la última vez que nos vimos, pero no quería que te dieras cuenta de que sería la última. No quería que te pusieras triste. Espero que me perdones.
Te he atado en el sobre el libro de bolsillo, es el que estaba leyendo la noche que nos conocimos ese la noche que me ofreciste tu paraguas. Está algo arrugado por la lluvia, pero aún se puede leer. Recuerda ponértelo en la cara durante unos minutos después de cada página, intenta descifrar que quería decir el escritor».
Estaba al final de la hoja sellada con una frase y un beso que decía:
«Adiós, amable desconocido.”

Mis ojos intentaban sostener un mar de lágrimas y tardé un rato en recuperarme. Estaba muy triste porque no volvería a verla nunca más.
Esta era la prueba de que la chica del parque se había ido y me hubiese gustado saber que no era para siempre, pero lo fue. Me seque las lágrimas y corrí hasta la casa de su madre a darle el pésame.
Llegué ciego, y llorando le dije:
-Nunca supe el nombre de su hija, pero ella decía que no era necesario saberlo, me gustaria conocerlo -le dije- mirándola a los ojos.
Y la señora respondió:
-Ella me dijo que dirías algo parecido comentó con una sonrisa en su rostro. Me pidió que no te lo dijera, y que la recuerdes siempre como «La Chica Extraña Del Parque».

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