14 de Febrero 2021

14 de Febrero 2021

Roseli

15/02/2021

Me encuentro sentada con el teclado de la computadora en mano, la mesa en donde estoy esta al fondo de lo que es una tienda de artesanías, alzó la mirada y lo que hay son dos vitrinas llenas de accesorios hechos a mano en espera de meses atrás en ser comprados. Más allá están dos ventanales que dejan entrar la luz a la tienda y de corazones de papel se decoran.

Mi madre y hermana se prepararon para este día semanas atrás, cortando corazones para decorar cada rincón de la tienda, seleccionando y acomodando cada mercancía alusiva a festejar este día donde los amantes y amigos buscan un detalle para impresionar a alguien amado o querido. Tomaron fotografías y videos, mi hermana se pasaba horas escogiendo la música perfecta para que tocara al ritmo de su creatividad.

Prepararon una mesa para sacar a la calle y mostrar a los clientes lo que podrían ofrecer, alzaban la miraba pero las personas pocas pasaban sus miradas tristes y perdidas, como si estuvieran vacíos, preocupados o mortificados por sus propios pensamientos.

El sábado 13 abrimos en la mañana no vendimos mucho pero nos pusimos manos a la obra en acomodar y arreglar algunas cosas, yo termine muy cansada debido a mi condición de salud, un poco triste y exhausta por el trajín del acomodo de la tienda, tras una mañana sin clientes regresé a casa y decidí acostarme.

Ellas, mi madre y hermana, en cambio regresaron a la tarde, vendieron suficiente y disfrutaron estar ahí; contentas regresaron a casa a contarme de la venta y lo equivocada que estaba al no querer abrir. Me alegre y reímos un rato de la experiencia que tuvieron con cada cliente y que cosa se llevaron, imaginando a la par para qué lo usarían y a quien se lo llevarían, es como una pequeña historia tras cada cliente.

Amaneció hoy el 14 de febrero del 2021, las redes sociales se llenaban de amores, buenos deseos, fotos y videos de amigos, amantes y personas siguiendo novedades del día. Mi hermana y yo nos alistamos para ir a abrir de nuevo la tienda esperando recibir a algún despistado que se olvido de comprar algo a tiempo.

Tras nuestro camino vimos los restaurantes llenos a pesar de las medidas de covid que se tenían, viendo parejas y amigos celebrando, en las calles pasar a personas con ramos de flores, uno que en especial me encantó fue un ramo de girasoles con un amarillo reluciente.

Me quedé mirando como pasaba la muchacha con el racimo imaginándome a mi recibiéndolo, y conforme se alejaba iba reincorporándome a mi realidad una en la que no ha recibido flores de amor o amistad nunca en este día. Triste pensé y me reincorporé a lo que me ocupaba, a abrir la tienda.

Abrimos la tienda pero solo veíamos pasar al mismo tipo de personas ayer, miradas perdidas con medio rostro tapado por el tapabocas y con un paso a prisa de llegar o huir de donde venían. Las ventas no se presentaban y la energía de júbilo para vender cada vez se apagaba más, y yo aquí mientras escribía me daba cuenta que quizá quien llamaba esa sensación de tristeza era yo de nuevo, pues quién en su sano juicio voltea a ver las personas andar y siente que tienen tristeza en su mirar si no que es la que lo piensa quien la tiene así.

Aunque por varios años me ha dado igual o un sentimiento de superficialidad estos días, termino por creer que es mi forma de protegerme de mis propias expectativas de mi vida. A pesar de que se dice que este día es solo un día más y no debe ser el único día en el que debemos pensar en el amor o la amistad, al final terminamos haciéndolo todo nos va recordando a eso, las fotos de los demás, las pelititas de corazón, las imágenes y tu soledad.

Hoy al despertar y desde ayer me sorprendí suspirando. A pesar de que soy una librana que es sentimental y soñadora poca suerte he tenido en el amor, de ese de pareja, además de subidas y bajadas con amistades, no me tomen a mal, soy buena desenvolviéndome pero al final termino aislándome.

Eso me ha dejado algo triste en diversos momentos de la vida, como ahora que me encuentro en uno de los momentos caóticos del año. Y para darles un poco de perspectiva de esto, les cuento que tras cinco días en Holanda siguiendo un supuesto sueño, que yo le llamaría más ambición de conocimiento, reconocimiento y dinero para reconfortar mi alma joven-adulta, hoy estoy de regreso tras un dolor fuertísimo que resultó ser un tumor en el ovario izquierdo que debido a su tamaño deber ser operable.

Antes de irme a Holanda tenía que juntar dinero para irme así que en mi pueblo hice rifas, me hicieron una nota “la autlense que sueña en holandés”, y bueno muchos se enteraron de la travesía, al final pude comprar el vuelo, anuncié mi partida al fin a Holanda y los mensajes de admiración eran a montones, uno que otro con envidia sincera y muchos de aparente felicidad por mi de que me voy a un país hermoso que muchos sueñas con ir y que soy muy, de nuevo, afortunada de ir.

Y claro que me sentí como pavorreal hinchada y con esa sensación de superioridad, FALSA obviamente, que después tuve que recibir un balde de agua super fría y con nieve de paso, para recordarme que todo eso es solo una ilusión que creamos como sociedad. Como cuando mandan a los soldados a la guerra, si muchos aplausos y orgullo patriótico de los que estamos en este lado, pero quienes se van a exponer y recibir los balazos son ellos, y cuando regresan los olvidamos porque solo estaban cumpliendo nuestros sueños sin nosotros arriesgarnos.

Claro que mi caso no es algo parecido a lo de un soldado, pero me ayuda a comprender un poco esa dinámica. Después de cinco días allá tuve un dolor fuerte y tuve que regresarme, apenas comenzaban las clases y yo tome la difícil decisión de regresarme con una fuerte sensación de derrota, días después me enteré que era un tumor y decidí comunicarlo como para que me entendieran de que había una causa válida del porqué regresarme. Bueno, si hubo mensajes ese día, pues era la noticia y era intrigante saber la razón de haber dejado semejante oportunidad.

Pero y ya. Paso uno, dos días hasta hoy, y mande mensajes a mis amigos y llamé para contarles con pena en el corazón y con una esperanza de consuelo de su parte, les dije que si nos veíamos, la verdad me sentía un poco sola y con ganas de platicar con alguien más que mi familia.

Pues ustedes saben que la familia siempre está ahí pero hay cosas que uno se guarda para no preocuparles, y siempre hace falta un compañero confidente, en mi caso, obviamente era la apestada, no podían verme porque acababa de llegar de otro país y bueno, covid.

A sí que mis mensajes a los amigos que estaban cerca para verlos o al menos ellos de saber como estaba eran casi nulos. Mis amigos de lejos, siempre estuvieron al tanto y apoyándome (si me están leyendo gracias! sé que si estuvieran aquí me estarían visitando y me llevarían sopita de pollo aunque tuvieran que usar un traje de astronauta) con un mensaje de como estás.

La verdad es que tengo una gran debilidad por los días festivos que involucren dejar a desnudo tus relaciones con el mundo exterior, a pesar de todo esa fama y de personas que me escriben para elogiarme no se compara con el calor de un abrazo o un gesto de su tiempo en tiempos difíciles.

Por eso quise escribir, hoy catorce de febrero me encuentro en mi cuarto reflexionando sobre mi vida amorosa, mi vida adulta, mis amistades, mis decisiones y mis planes futuros. La confianza en las relaciones han sido una de las que más he perdido tras los años, es difícil encontrar una amistad que en buenas y malas se preocupen por ti y te escuchen. Que para ellos no haya suficiente drama, si no que están contigo con, sin y a pesar del drama de tu vida.

Aunque no sean el centro de atención en ese momento por tu condición están contigo, te aprecian por lo que eres y están a gusto de compartir el tiempo contigo. A sí, que si tienen la fortuna de compartir esto con alguien cuídenlo y nútranlo, que la soledad en tiempos de crisis es triste.

En mi caso, siempre “algo me tiene que pasar” y a muchos los canso porque sé que cada uno de nosotros tiene su drama en la vida, pero que triste no? Que cuando quieras empezar a contar algo, venga una frase de “ a ver y ahora qué”, vete de ahí.

Muchos no escogemos lo que nos pasa intencionalmente, todos estamos en un proceso de aprendizaje y evolución constante, no tenemos porqué sentirnos carga de nadie o que en todo caso molestamos con nuestras historias. Y hablando de historias, siempre tengo que contar porque literal siento que mis decisiones me han llevado a situaciones totalmente fuera de lo común y que por mi personalidad de tomarme todo como algo significativo me sientan como historias poéticas, dramáticas y de aventura que contar.

Por eso hoy 14 de Febrero 2021, decidí comenzar a escribir lo que pienso y continuar con la idea de ir plasmando esas historias vividas en texto para contarlas, lograr expresarme sin remordimiento o vergüenza de que soy mucho drama, de que vivo mucho o de que “ya estuvo bueno que todo me pase”.

Y así quien quiera leerme o escucharme se sienta libre de hacerlo, y sin conocerme quizá le guste la historia, se sienta identificado o pueda ayudarme a encontrar quien este de acuerdo en alejarse de esas personas que no quieren escuchar una historia más de nosotros. Joder que somos escritores de historias es nuestra naturaleza. 

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