Te suelto porque me duele más tenerte que dejarte. 

Porque, ¿Qué tan lejos de mí te siento que hasta en mis pensamientos me duele tanto tenerte? 

Porque, esto de sentirme en soledad aún en tu compañía, simplemente no es lo mío. 

¿Sabes? El amor también son puertas, que si eres lo suficientemente afortunado de encontrar la correcta; permanece abierta. Pero tú no, tú decidiste cerrarla con seguro, con llave, y lo peor de todo es que decidiste quedarte adentro. Toqué una, dos, tres, cuatro, cinco, seis veces… a la décima decidí yo ponerle candado y cadenas, para así sentirme segura. 

Quién lo diría, ¿no? Empezamos siendo dos personas de carne y hueso, bailando al son que nos tocaba la vida,  nuestras sombras eran lo que nos inspiraba a mover nuestros cuerpos en un ritmo que solamente nosotros escuchábamos, y lo mejor, solamente nosotros lo sentíamos. Éramos uno.

Hablo en pasado, porque si, fuimos uno.

Ahora somos solo dos personas en los huesos, la orquesta que nos ponía a bailar terminó su concierto, apagó las luces y bajó el telón.

Y en ese escenario se quedó nuestra presencia. Con esa luz nos apagamos nosotros.

Ya no bailamos, y en vez de uno, éramos dos. Así, por separado.

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