Crecí en un hogar donde mis lágrimas eran respondidas con castigos y no con comprensión. En la escuela, mis dificultades para concentrarme, controlar los impulsos y permanecer quieto fueron interpretadas como mala conducta, cuando en realidad eran manifestaciones de un TDAH que nadie conocía. Las constantes quejas, los cambios de colegio, las burlas y la...
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