Isabel no solo era una pintora, era una marca. Sus lienzos vibrantes, siempre saturados de colores primarios y gestos audaces, colgaban en los salones más exclusivos del mundo. Había alcanzado gran fama y fortuna construida sobre el cimiento de su estilo inconfundible: un expresionismo optimista, fácil de digerir y, sobre todo, fácil de vender. Pero...
Seguir leyendo
5
0