por Adán Sacha Cuando vieron el cadáver flotando por el Paraná nadie cortó la música. La cumbia digital seguía pateando los parlantes reventados del boliche Babilonia 2000 mientras las pantallas colgadas del techo repetían publicidades de prótesis dentales, apuestas ilegales y un noticiero cubano transmitido desde La Habana con veinte segundos de delay. Una mina...
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