Cuatro jarrones, cuatro prisioneros y la posibilidad de cumplir las ambiciones más profundas que poco cambiaran a lo largo de los años hasta el jarrón final.
Arrastrado por las olas Vuelve el pez al nado Y él insistentemente Sigue improvisando No encuentra su lugar en ningún lado Está atado a moverse sin descanso La marea le recuerda su pecado El pez ya está destinado Pues en el mar está su nado Y aunque sueña abandonarlo Siempre será un pez salado