La habitación aún conserva el aliento tibio de las promesas, pero ya no queda nadie que respire dentro de ellas. Él yace al borde de mi cama como un cuadro sin firma, como un cadáver que alguna vez supo besar. No hay violencia en su postura, sólo esa maldita y espantosa paz que tienen los...
Seguir leyendo
168
3