Ladrido
Aquel sonido arañó con furia la placidez del día. Caminaba yo, absorto, sumergido en la cotidianidad de las cosas, cuando me crucé con una mujer empujando un carrito de recién nacido. El bebé que estaba dentro, despierto, posó en mí una mirada fija de caballo desquiciado. Duró unos segundos. Y entonces ladró. La madre no...